MARCAS VISIBLES Y DE LAS OTRAS

"Me mataron en vida", el desafío de "sobrevivir" a una violación grupal

8/5/2021 | 06:30 |

La víctima de uno de los peores ataques sexuales que se registró en Bahía rompió el silencio luego de que la justicia condenara al tercer acusado de haberla ultrajado de manera salvaje. Quiere ayudar a otras personas para la prevención de nuevos delitos.

Los condenados violaron, golpearon, ahorcaron y mordieron a la víctima. (Fotos: Rodrigo García y Archivo-LN.)

Gerardo Monforte / gmonforte@lanueva.com

   Transformar el dolor en un factor positivo para ayudar a otras personas es la meta más importante de una mujer que fue blanco de uno de los peores ataques sexuales que se tenga registro en Bahía Blanca, cometido hace casi 3 años en cercanías del barrio Rucci, y por el cual en los últimos días fue condenado el último autor, menor de edad al momento del hecho.

   La víctima, a la que se identifica con el nombre de fantasía "María", rompió el silencio para contar las secuelas que hoy en día padece y cómo es vivir con un cuadro de estrés postraumático constante, aunque con la premisa de canalizar su experiencia en beneficio de los demás.

   El brutal ataque sexual que sufrió por parte de 3 delincuentes afectó su psiquis y por eso recibe tratamientos psicológico y psiquiátrico, aunque asegura tener la fortaleza suficiente para concientizar sobre los peligros a los que “a veces nos exponemos sin darnos cuenta”.

   Cuando se atraviesa semejante trance, la persona -explicó- “necesita hablar con alguien, pero muchas veces no hay nadie”.

   La protagonista de esta aberrante historia registrada el 7 de agosto de 2018 siente “la necesidad” de asistir a otros, por ejemplo con charlas en las escuelas a fin de que su testimonio pueda servir para informar y alertar a niños y adolescentes y prevenir delitos sexuales.

    “Debemos ocuparnos de las cuestiones verdaderamente importantes y, en este tipo de casos, la comunidad tiene que unirse porque le puede pasar a cualquiera. Esta lucha es para que a nadie le vuelva a ocurrir algo tan terrible como lo que me pasó a mí”, resaltó "María".

   “Soy sensible, pero nunca bajé los brazos, me enfrenté a todo, escuché a los que querían hablar y me prejuzgaron. Me cuesta mucho seguir adelante, aunque tengo mucha fuerza y vida, por eso necesito ayudar a la gente de alguna manera. Una charla puede cambiarles la cabeza a muchos; o hagamos una marcha u otra movida”, agregó.

    “Me considero una sobreviviente porque mi experiencia fue totalmente salvaje. En el hospital (Penna, donde la mujer recibió atención a raíz de las lesiones producto de las penetraciones y golpes que le aplicaron los violadores) todos estaban consternados”, completó.

   Los abusadores -a quienes la víctima, hoy de casi 40 años, no conocía- la interceptaron en un descampado y la penetraron por distintas vías en repetidas oportunidades, mientras la sujetaban de los brazos, la golpeaban, la ahorcaban y la mordían en todo su cuerpo.

   Las trompadas le provocaron traumatismo de cráneo y pérdida de conocimiento. Estuvo cerca de perder un ojo.

   Después, dándola por muerta, la abandonaron adentro de una zanja en un terreno ubicado entre las calles Chubut y Monte Hermoso, a corta distancia del barrio Plan Federal.

   “Fue una especie de canibalismo severo. Es muy doloroso lo que sufrí, pero sin embargo debo soportar que la gente me cuestione por qué salí a esa hora con el perro y por qué me acerqué a ellos. Me culpan porque consideran que provoqué la situación”, aseguró.

   Los autores del terrible hecho recibieron elevadas penas de prisión entre septiembre de 2020 y el mes pasado.

   “Cada uno decide lo que quiere hacer o no con su cuerpo, por eso es injusto que te arrebaten tu libertad y tu vida de esta manera. Me mataron en vida”, remarcó.

   “Hicieron cualquier cosa y me hubiera gustado recibir una palabra de perdón porque, para seguir viviendo, tengo que perdonarlos internamente. Los odio, pero no puedo vivir con ese sentimiento constante”, continuó "María".

"Más presa que ellos"

   Además del cuadro de estrés postraumático a causa de la agresión, la víctima sufre ataques de pánico, temblores y miedo que la paraliza.

    “Pasé por todos los estados mentales y estuve en shock total. Es mucho lo que siento; ahora estoy resensible”, describió.

   “Por miedo llegué a andar en mi casa con un encendedor (a modo de defensa), porque los tenía muy cerca. A mi vivienda le puse una reja tipo cárcel; estoy más presa que ellos. Así vivo”, sostuvo.

   "María" trató de sobrellevar de la manera más efectiva posible el feroz incidente, así que continuó con su trabajo, casi como una forma de distracción.

    “En ese momento tenía el ojo negro (en referencia a un hematoma producido por la golpiza), entonces a los clientes les decía que me había caído de la bicicleta y les pedía disculpa”, contó.

   Cada tanto recuerda la escena que debió reconstruir mentalmente de a poco, uniendo “lazos” porque -indicó- “a esta gente no la conocía”.

   “Por momentos perdía la conciencia porque me ahorcaban mucho. Con cada penetración anal, me desmayaba; otro de ellos me tenía de los brazos y me mordía”.

Su propia investigación

   Pese al trauma vivido, la mujer comenzó a investigar por su cuenta para intentar individualizar a los responsables de lo sucedido.

   “Primero la policía me mostró fotos de los acusados no actualizadas y eso me confundió, así que fue una lucha meterme en casas para hablar con gente, recabar datos y conseguir fotos actuales de ellos y sus direcciones. A todo esto me enfrenté”, enfatizó.

   “Con esas fotografías declaré como 3 veces y la información que obtenía, la enviaba a fiscalía”.

   "María" destacó el desempeño de la fiscal de delitos sexuales, Marina Lara, y de su abogado, Pablo Soteri, quien le tuvo “mucha paciencia” y fue “contenedor”.

   “Gracias a Dios me asignaron a Pablo, de quien siempre tuve apoyo incondicional, y Marina es una reina por el trato que tuvo conmigo, su calidez y comprensión”, remarcó.

   “Logramos condenas altas; la fiscal y los jueces me felicitaron por mi valentía y entereza”, añadió.

   En septiembre pasado, el Tribunal en lo Criminal Nº 2 condenó a Jonathan Francisco Cardamone y Nicolás Javier Torres a cumplir 26 y 28 años de prisión, respectivamente.


   Fueron considerados coautores penalmente responsables de abuso sexual con acceso carnal agravado por la participación de dos o más personas, y robo calificado por cometerse en poblado y en banda.

   Hace pocos días, la justicia de Responsabilidad Penal Juvenil le impuso 15 años de cárcel a un joven que hoy tiene 18 pero al momento del delito era menor. Venía gozando de arresto domiciliario.

   “Está sujeto al régimen de Menores aunque ya haya cumplido la mayoría de edad. Va a estar alojado en un instituto de menores con prisión preventiva hasta que el fallo quede firme. Luego se analizará su situación y podría ser trasladado a un penal”, precisó Soteri.

   La víctima reconoció no sentir felicidad por la última condena dictada, porque “el daño ya está hecho”.

   “A pesar de que lo hayan condenado a 15 años de cárcel, puedo seguir destrozada durante todo ese tiempo y nada me va a devolver la libertad que tenía”.

   “De cualquier manera no puedo creer que todo esto haya terminado. Les agradezco a quienes me acompañaron en este duro camino y lo más importante es que se hizo justicia”, reflexionó.

   “Juro que no le deseo algo así ni a mi peor enemigo; ni siquiera a los hijos de ellos (por los condenados)”, manifestó.

Esa noche salió a pasear al perro

   "María" recordó que la noche del hecho salió para pasear al perro.

   “Llamé a un amigo para que fuera a encontrarse conmigo porque me pareció tarde; eran aproximadamente las 12 de la noche. Él me respondió que ya venía, entonces le dije 'vamos a comprar cigarrillos y, si querés, tomamos una cerveza', porque yo tenía plata”, narró.

   “Ellos (por sus atacantes) vieron que hice el llamado. Como mi amigo tardaba en llegar, me acerqué a estos 3 pibes que parecían normales. Estaban sentados tomando cerveza sobre Monte Hermoso y Chubut y les pregunté dónde la habían comprado”, sostuvo.

   La mujer se confió y les ofreció dinero a los extraños para que compraran más bebida.

   “Cuando me estaba yendo a mi casa, me dijeron 'tomala acá ahora con nosotros, compartí, qué vas a esperar', mientras miraban hacia por donde tenía que venir mi amigo. Lo que hicieron estaba planeado”.

   “En ese momento me agarraron de atrás y ocurrió lo que relaté. Me encontró la policía porque el perro ladraba al lado de la zanja en la que me habían dejado tirada; me salvé de milagro”, finalizó.

Entre la contención y la inseguridad

Asistencia. La entrevistada resaltó la contención que recibió de los profesionales del Centro de Asistencia a Víctimas y Acceso a Justicia (CAVAJ) local, como también de su familia.

Silencio. “Acá sucedieron hechos de inseguridad y mucha gente se calló la boca”, afirmó.

Agustina. “El barrio se volvió muy inseguro; ya pasó lo mío y lo de Agustina (Bustos, la joven de 19 años que fue asesinada 4 meses antes, a pocos metros de donde ocurrió la violación)”, subrayó.

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