También lo respiramos

“Comemos mucho plástico sin darnos cuenta”, dice una especialista

6/9/2020 | 07:40 |

La licenciada Guadalupe Álvarez estudió los sedimentos de ese material en el estuario local y la isla del Embudo y pone en línea un podcast para difundir la problemática.

Por Gustavo Pereyra / gpereyra@lanueva.com

 

El impacto del plástico en el medioambiente y la salud es preocupante. Y más si se habla del entorno marino, según asegura la licenciada en Gestión Ambiental y especialista en Ingeniería Ambiental Guadalupe Álvarez (puntaltense, 33 años), quien desde hace 4 años estudia cómo nos perjudican los microplásticos. Ahora, creó una serie de podcasts que se pueden escuchar por Spotify y otras plataformas, para que la gente tome conciencia.

“Comemos mucho plástico. Se sabe que por semana ingerimos unos 5 gramos, lo que pesa una tarjeta de crédito —asegura Álvarez—. La vía principal es el agua de grifo y embotellada, pero también los peces y mariscos que consumimos. Además, estamos respirándolo.”

Contó que todavía se desconocen los efectos del plástico que entra a nuestro cuerpo, pero sí se pueden intuir las consecuencias que traen los aditivos químicos que se utilizan para fabricarlos, como colorantes, protectores de radiación ultravioleta, fungicidas y retardantes de fuego, hechos a base de metales pesados.

Pero, ¿cómo entra a nuestro organismo? Por las toneladas que usamos y desechamos sin responsabilidad. Calcula que cada argentino descarta 30 kilos de plástico por año. Y esos desechos van directo al mar.

El plástico tarda más de un siglo en descomponerse. La acción de la luz solar, los cambios térmicos y la incidencia del oxígeno hacen que por ejemplo una  bolsa camiseta se degrade en unos 150 años, pero es mucho plástico sobre la tierra, teniendo en cuenta que hace 110 años que la humanidad empezó a fabricarlo.

“Y peor en el mar, donde es muy difícil que se degrade y se fragmenta en estos pequeños pedacitos que llegan a medir micrones, que persisten en el tiempo, son ingeridos por la fauna marina y se depositan en el tejido muscular”, cuenta. 

Un monitoreo del IADO de 2019 arrojó que el 100 % de los peces del estuario de la bahía Blanca tenían microplásticos en el tracto digestivo. Yo estudié los sedimentos costeros en la boca del estuario, la cabecera, el centro y la isla del Embudo, donde era 10 veces más que en una ciudad similar en Países Bajos”, cuenta.

La idea no es estigmatizar al plástico, sino revalorizarlo y usarlo de manera racional. Es un material maravilloso. No me imagino el mundo sin una jeringa”, dice Álvarez.

¿De quién es la culpa? Nuestra. Dice Álvarez que cuando hablamos de contaminación pensamos en grandes corporaciones, empresas o centrales nucleares, pero no en la bolsita o el envase de queso untable. Para revertir la situación hay que cambiar muchos hábitos de consumo en casa.

“El cambio pasa por nosotros como consumidores. Estamos rodeados de plástico y debemos ser más responsables en la gestión de sus residuos. Porque en el mundo, sólo se recicla el 9 % del plástico y el resto termina en basurales y en el mar. Tenemos el poder como consumidores, para que se reduzca la producción de plástico, sobre todo los descartables, de un solo uso, hasta que tengamos la clave de cómo gestionar sus desechos como corresponde. Cada vez que decimos no a un producto plástico es realmente importante”, señala.

Advierte que no es fácil, porque hay muchas otras formas en las que el plástico se va al mar sin que lo sepamos: “En el lavado, por ejemplo. La ropa es casi toda sintética y desprende microfibras plásticas que se van a través del desagote, cada vez que metemos al lavarropas algo de manta polar, lycra o acrílico. Y las plantas de tratamiento del agua no están diseñadas para separar ese material”.

Por eso busca crear conciencia a través de su podcast “Microplásticos Argentina”, que además de Spotify, está disponible en YouTube, Facebook y Spreaker.

Los guiones son redactados y relatadas por ella, con la ayuda de Claribel Patoco en la edición de audio y musicalización.

“Hablo de los estudios, curiosidades del plástico, sus aditivos químicos, cómo se fabrica, cómo nos afecta y qué podemos hacer para reducir su impacto en el ambiente. También se puede usar en las aulas como contenido didáctico”, cuenta Álvarez.

“Mi idea es hacer una audioteca. Trato de que el contenido tenga un lenguaje amigable, poco técnico y no tan complejo, para que esté al alcance de cualquier persona. Y el formato de audio es ideal para escuchar mientras realizás alguna otra tarea. Además, las plataformas digitales hacen que sea fácil de compartir”, concluye.

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