“Farmear aura”: qué hay detrás de la nueva tendencia que invade escuelas, calles y plazas
La expresión nació de la jerga gamer y las redes sociales, pero se convirtió en un juego presencial en el que los adolescentes compiten por demostrar carisma y seguridad. Una psicóloga explica por qué la necesidad de ser vistos y reconocidos no es nueva y qué lugar ocupa el juego en esta etapa.
Mientras los adultos todavía no terminamos de comprender en su totalidad de qué se trata y a qué se refieren los adolescentes cuando hablan de farmear aura, los encuentros se multiplican por cientos, por miles. Lo que comenzó como un reto virtual trasciende las pantallas y gana las escuelas, las calles y las plazas con una velocidad inusitada en todo el país.
Para adentrarnos en esta ¿práctica, tendencia o moda? que suma cada vez más adeptos, alcanza con mirar algunas de sus versiones más curiosas. En Córdoba, por ejemplo, 120 hombres, todos pelados, se animaron a hacer su propia interpretación del fenómeno y se reunieron para farmear calva.
“Farmear” viene de farm, una palabra utilizada en los videojuegos para describir la repetición de acciones con el objetivo de acumular recursos, experiencia o puntos. El “aura”, en cambio, funciona como una medida imaginaria del carisma, la seguridad, el estilo o la capacidad de generar una determinada impresión en los demás.
Así, el fenómeno que comenzó —o, más precisamente, se hizo visible— en TikTok se transformó en las llamadas “batallas de aura”. Allí, los jóvenes se enfrentan en espacios públicos para demostrar, mediante poses, gestos, caminatas y referencias a memes y personajes de internet, quién tiene más presencia o carisma. El público observa, reacciona, aprueba o desaprueba, y así termina de darle sentido al juego.
Ahora bien, ¿qué hay de nuevo en todo esto? ¿No existió siempre, entre los adolescentes y no tanto, una cierta necesidad de impresionar, destacarse, tener onda, personalidad o presencia?
¿Puede “ganar aura” alguien que entra a un lugar con seguridad, mantiene la calma cuando todos esperan que se ponga nervioso o consigue llamar la atención sin esforzarse demasiado? ¿Y puede perderla si tropieza, queda en evidencia o hace algo que los demás consideran poco cool?
Nada nuevo bajo el sol
Lo cierto hasta aquí es que “la necesidad de ser mirados y reconocidos por el otro forma parte de la constitución de un sujeto. Desde que nacemos necesitamos ser mirados, reconocidos y alojados por el otro. La niñez y la adolescencia son pilares de la vida donde aprendemos a amar con nuestros vínculos primarios”, señala la licenciada en psicología Gabriela De Marco.
“Lo que cambia es cómo cada época las pone en juego y qué nuevos escenarios aparecen para buscar esa mirada del otro. Farmear aura no inventa la necesidad de ser visto. Le pone un nombre y una forma nueva a una búsqueda que existe desde siempre: construir una imagen de sí mismo y encontrar reconocimiento”, agrega.
Y aunque “desde la infancia necesitamos que nos nombren, nos reconozcan y nos otorguen un lugar, no todos necesitamos esa respuesta del mismo modo ni le damos el mismo valor”, reconoce.
Para muchos “la búsqueda de reconocimiento, de pertenencia y de un lugar frente a los otros está detrás de esa necesidad de mostrar protagonismo y construir una identidad propia. Pero no siempre se trata de querer ser popular”, afirma.
“Cada adolescente va encontrando, de acuerdo con su singularidad y su propia historia, distintas maneras de crear lazos y de vincularse con los otros. No hay una única forma ni podemos pensar a todos los jóvenes de la misma manera”, subraya.
Farmear aura no siempre fue igual
No obstante, en los tiempos que corren, es difícil no pensar estas prácticas al amparo de las redes sociales, escenario donde likes y vistas son el equivalente a reconocimiento y popularidad.
“Son nuevos recursos de la época. Antes, quizás, esa escena quedaba dentro de un grupo más pequeño de pares; hoy puede exhibirse ante una audiencia mucho más amplia y tener una respuesta inmediata: likes, vistas y comentarios”, a veces positivos, otras negativos.
Por eso, quizá lo importante, independientemente de cuántos sean y de quién gane, sea quitarles una carga excesivamente competitiva y disfrutarlas como lo que son: un juego.
Porque en farmear aura aparece también “algo propio de la niñez y de la adolescencia: el juego como una forma de encuentro. Jugar no es solamente un pasatiempo; es también una manera de elaborar experiencias y tramitar emociones”. Y, a diferencia de lo que muchos creemos, “en la adolescencia, el juego no desaparece, sino que cambia de forma”.
Y así, miles de adolescentes confluyen por estos días en esto de farmear aura. Una forma de “probar una posición frente al otro y ver qué pasa, ensayar situaciones, descubrir quién puedo ser frente a los demás. Y en ese juego también se aprende sobre uno mismo y sobre los otros”, explica.
Y entonces, algo que comenzó en redes sociales y que aún desde nuestra mirada adulta no logramos comprender del todo puede transformarse en una excelente manera de sacarlos por un rato de las pantallas para que se encuentren, se vinculen, se miren, porque “jugando también se aprende a estar con otros. Con sus formas y a su forma”. (con información de TN)