Otra campaña solidaria: ahora, para ayudar al Hogar Don Orione y al Pequeño Cottolengo
Impulsada por el vecino bahiense Oscar Giambelluca, la iniciativa recolecta alimentos, pañales para adultos y productos de higiene personal para dos instituciones que atraviesan una compleja situación económica.
Un paquete de fideos, pañales para adultos o un producto de higiene personal pueden parecer aportes modestos. Sin embargo, para instituciones que deben atender todos los días a decenas de personas con discapacidades severas y profundas, esos elementos forman parte de una necesidad cotidiana que no admite interrupciones.
Con esa realidad como punto de partida, Oscar Giambelluca lanzó una nueva campaña solidaria destinada al Hogar Don Orione y al Pequeño Cottolengo, dos instituciones bahienses que en los últimos meses expusieron las dificultades económicas y financieras que atraviesan para sostener su tarea.
La iniciativa busca reunir fideos y pastas, pañales para adultos en talle extra grande y productos de higiene personal. También se reciben aportes económicos mediante el alias FONDOSOLIDARIOBAHIA, mientras que quienes deseen colaborar o coordinar la entrega de donaciones pueden comunicarse por WhatsApp al 2915060035.
Giambelluca, jubilado del Banco Provincia desde 2011 luego de 32 años de servicio, viene de concretar la cuarta edición de una campaña de recolección de leche larga vida destinada a los jardines de infantes Nº 926, 933 y 953.
Ahora, el esfuerzo solidario tiene como destinatarias a dos instituciones cuya tarea exige atención permanente y recursos constantes: el Hogar Don Orione, donde viven 28 personas con discapacidad, y el Pequeño Cottolengo, que alberga a 52 mujeres con distintas discapacidades y necesidades de asistencia durante las 24 horas.
Detrás de esta convocatoria existe una realidad que ambas instituciones vienen exponiendo desde hace meses: la creciente dificultad para sostener una atención que no puede interrumpirse ni siquiera por un día.
Dos hogares, una necesidad urgente
El Hogar Don Orione alberga actualmente a 28 personas con discapacidades severas y profundas, con edades que van de los 17 a los 75 años. La mayoría utiliza pañales y son pocos quienes reciben visitas familiares de manera habitual.
En abril pasado, la Hermana Karina había explicado la difícil situación que atravesaba la institución ante la falta de aportes y de insumos esenciales.
“La situación con el tema de aportes… bueno, como es conocido, desde diciembre no hemos recibido aporte por ninguno de los chicos del Ministerio de Salud, lo que sería Andis antiguamente”, había señalado.
La situación también se agravó por la falta de provisión de elementos indispensables para la atención cotidiana.
“Aparte del aporte monetario con el que pagamos sueldos, desde septiembre no recibimos la medicación de cada uno de los chicos, los pañales y el alimento para las sondas y botones gástricos”, explicaba entonces.
Hasta enero pudieron sostener parte de las necesidades con los insumos que tenían almacenados. Sin embargo, ese stock comenzó a agotarse y la institución debió recurrir a distintas alternativas para garantizar la atención de sus residentes.
El hogar cuenta con 26 empleados y un equipo integrado por 14 profesionales, entre médicos, psicóloga y trabajadora social, para atender a una población que requiere asistencia permanente.
Las necesidades más urgentes incluían precisamente pañales y bombachas descartables en talles grandes y extra grandes, además de alimentos no perecederos y otros elementos que permiten sostener la vida cotidiana de la institución.
Un refugio para 52 mujeres
La realidad del Pequeño Cottolengo tampoco es sencilla.
La institución alberga a 52 mujeres, con edades que van desde los 6 hasta los 70 años, que presentan discapacidades intelectuales y neurológicas profundas y, en muchos casos, complejos desafíos motrices que requieren atención durante las 24 horas.
“Aquí no hablamos de números, hablamos de vidas. Cada una de ellas tiene un nombre, una historia, un rostro que nos recuerda por qué estamos acá”, había señalado en abril la Hermana María Eugenia Villalba, presidenta de la Asociación Civil del Pequeño Cottolengo de Bahía Blanca.
El hogar funciona como Hogar Permanente y Centro de Día y cuenta con un equipo de alrededor de 70 personas, entre profesionales de la salud, enfermeras, cuidadoras y personal de maestranza y administración.
Sin embargo, la continuidad de esa estructura se vio seriamente afectada por la demora y paralización de distintas fuentes de financiamiento.
“Desde noviembre se cortó el suministro de medicación imprescindible para las patologías de base, los pañales —usamos alrededor de 600 por día— y los insumos para la alimentación enteral de siete residentes. Es desesperante”, había advertido Villalba.
La alimentación, al igual que otros aspectos de la vida cotidiana, comenzó a sostenerse en buena medida mediante donaciones de entidades, instituciones y particulares.
“Vivimos de la solidaridad, pero no podemos depender únicamente de eso”, resumía.
Para muchas de las mujeres que viven allí, el Cottolengo es mucho más que una institución asistencial. Es su hogar.
“Para ellas, el Cottolengo no es un centro de paso; es su casa. Si esta institución desaparece, ellas se quedan literalmente en la calle, sin un techo ni un sistema que garantice su supervivencia. No hay un plan B. No hay otro lugar que las reciba”, advertía la religiosa.
Una ayuda que vuelve a ponerse en marcha
Es en ese contexto que la nueva campaña impulsada por Giambelluca adquiere una dimensión especial.
Después de cuatro ediciones destinadas a reunir leche larga vida para jardines de infantes de la ciudad, el vecino bahiense decidió dirigir nuevamente el esfuerzo colectivo hacia instituciones que necesitan apoyo para sostener una tarea cotidiana, silenciosa y esencial.
La convocatoria es concreta: fideos y pastas, pañales para adultos en talle extra grande y productos de higiene personal.
Son elementos habituales en cualquier hogar, pero que adquieren otra dimensión cuando deben garantizarse todos los días para decenas de residentes que requieren atención permanente.
Detrás de cada paquete de alimentos, de cada pañal o de cada producto de higiene hay una necesidad inmediata.
Y también, como vienen demostrando desde hace años las campañas impulsadas por Giambelluca, una posibilidad para que la solidaridad vuelva a convertirse en una respuesta colectiva.
Cómo colaborar
--Fideos y pastas
--Pañales para adultos talle extra grande
--Productos de higiene personal
--Alias para aportes económicos: FONDOSOLIDARIOBAHIA
--WhatsApp: 2915060035 (Oscar)