Puerto de Bahía Blanca: el nuevo gran nodo energético de la Argentina
El crecimiento de Vaca Muerta, los proyectos de exportación de hidrocarburos y la ampliación de la infraestructura petroquímica abren la posibilidad de convertir al complejo en uno de los grandes hubs energéticos del país.
Durante buena parte de su historia, Bahía Blanca miró al puerto como la gran puerta de salida de la producción agropecuaria de una extensa región.
Granos, aceites, subproductos y otros productos del complejo agroindustrial encontraron en los muelles de Ingeniero White la conexión con los mercados internacionales.
Pero el puerto bahiense está atravesando una transformación.
Sin abandonar su histórico perfil agroexportador, la energía comienza a ocupar un lugar cada vez más importante en su estrategia de crecimiento.
La expansión de Vaca Muerta, el desarrollo del polo petroquímico y los proyectos para transportar, procesar y exportar hidrocarburos están colocando al complejo portuario frente a una oportunidad que puede modificar nuevamente su papel dentro de la economía argentina.
“Queremos consolidarnos como el puerto líder y hub logístico, industrial y energético de la Argentina”, definió Santiago Mandolesi Burgos, presidente del Consorcio de Gestión del Puerto de Bahía Blanca, al presentar el Plan Quinquenal Portuario 2025-2029.
Un puerto que mira hacia Vaca Muerta
Mientras el flujo de granos mantiene su fortaleza, otra corriente comienza a adquirir un peso estratégico.
Es la energía.
El crecimiento de la producción de Vaca Muerta está modificando el mapa de infraestructura de la Argentina y Bahía Blanca aparece como uno de los puntos naturales para sacar al exterior parte de esa producción.
La explicación combina geografía e infraestructura.
Bahía Blanca cuenta con un puerto de aguas profundas, capacidad para recibir grandes buques, instalaciones industriales, ductos, almacenamiento, experiencia logística y un polo petroquímico desarrollado durante más de cuatro décadas.
Por eso, el desafío ya no consiste solamente en exportar petróleo crudo.
La nueva oportunidad está en transportar, procesar y exportar líquidos del gas natural y otros productos con mayor valor agregado.
“Somos el puerto de ingreso de los insumos y esta inversión refleja que somos la salida de la producción de Vaca Muerta”, sostuvo Mandolesi Burgos al referirse al proyecto de TGS anunciado en marzo.
Una inversión que puede cambiar la escala
La apuesta energética tiene un número que permite dimensionarla: US$ 3.000 millones.
Ese es el monto estimado del proyecto anunciado por Transportadora de Gas del Sur (TGS), que contempla infraestructura para el transporte, procesamiento y exportación de hidrocarburos, además de un ducto destinado a conectar Vaca Muerta con el polo petroquímico bahiense.
La iniciativa prevé un plazo de ejecución de unos 45 meses y se presenta como una de las inversiones energéticas de mayor magnitud anunciadas recientemente para la región.
Para Mandolesi Burgos, la elección de Bahía Blanca no es casual.
“La decisión de TGS de realizar esta inversión tan esperada marca un hito fundamental porque es la inversión más importante de los últimos 25 años en Bahía Blanca”, afirmó.
Y agregó una definición que sintetiza el nuevo papel que pretende ocupar el puerto: la decisión “ratifica y consolida al Puerto como un núcleo energético fundamental en la cadena de valor del oil & gas”.
La ventaja de tener industria detrás del muelle
La gran diferencia de Bahía Blanca respecto de otros puertos argentinos es que detrás de los muelles existe una estructura industrial de gran escala.
El Polo Petroquímico concentra una parte sustancial de la capacidad productiva nacional y está integrado con las redes de gas, la industria química, la producción de fertilizantes y otros procesos industriales.
Eso permite pensar el puerto no solamente como un punto de carga y descarga, sino como el último eslabón de una cadena mucho más extensa.
Gas que llega desde Neuquén.
Procesamiento industrial en Bahía Blanca.
Transformación petroquímica.
Almacenamiento.
Transporte.
Y finalmente exportación.
El objetivo es que cada vez más valor quede incorporado antes de que la producción llegue al barco.
La logística como factor decisivo
En este escenario, la infraestructura adquiere una importancia central.
No alcanza con disponer de un puerto profundo.
Hay que garantizar que los productos puedan llegar hasta las terminales de manera eficiente.
En el caso de los granos, el ferrocarril tiene un peso significativo. Durante 2024, Ferroexpreso Pampeano movilizó aproximadamente un tercio de las cargas que salieron por los muelles bahienses y conecta más de 70 puntos de origen productivo con las terminales portuarias.
Para la energía, la situación es similar.
Los ductos, las plantas de procesamiento, los depósitos y las instalaciones portuarias deben funcionar como una única cadena.
Por eso, la planificación de los accesos viales, ferroviarios y energéticos forma parte de la estrategia portuaria.
El Plan Quinquenal
Con ese escenario como telón de fondo, el Consorcio de Gestión presentó en mayo su Plan Quinquenal Portuario 2025-2029.
La iniciativa busca ordenar las inversiones y preparar al complejo para un crecimiento de las cargas.
El programa contempla obras por unos US$ 44 millones, además de inversiones expresadas en pesos, entre ellas el revamping de la Posta de Inflamables N.º 1, estimado en $34.500 millones, y la adquisición de brazos marinos por US$ 10,3 millones. También incluye intervenciones en infraestructura vial, sitios operativos y redes de servicios.
Uno de los objetivos es mejorar la capacidad operativa y acompañar la llegada de nuevos proyectos industriales y energéticos.
“El Plan Quinquenal que presentamos es una herramienta clave para ordenar el crecimiento del Puerto y proyectarlo al futuro con previsibilidad, eficiencia y sustentabilidad”, sostuvo Mandolesi Burgos.
La planificación, agregó, busca consolidar al puerto como “un actor estratégico para el desarrollo productivo, energético y logístico de la Argentina”.
El desafío de duplicar el movimiento
Las expectativas son ambiciosas.
Mandolesi Burgos planteó que el puerto podría duplicar su movimiento de cargas en los próximos diez años, impulsado por nuevas inversiones energéticas, ampliaciones logísticas y el avance de proyectos relacionados con Vaca Muerta.
La proyección no implica necesariamente que todos los segmentos crecerán al mismo ritmo.
El agro continuará siendo fundamental, pero el componente energético podría modificar sustancialmente la composición de las cargas.
La incorporación de nuevos hidrocarburos y líquidos del gas natural permitiría además diversificar los ingresos portuarios y reducir la dependencia de los ciclos de una única actividad.
Más que un puerto de granos
El presente del Puerto de Bahía Blanca muestra, entonces, una transformación que se viene gestando desde hace años.
Primero fue fundamentalmente un puerto cerealero.
Después se convirtió en una pieza central del complejo petroquímico.
Más tarde incorporó con fuerza la logística energética.
Ahora busca integrar esas tres dimensiones: Agro, industria y energía.
Ese es el nuevo perfil que el Consorcio pretende consolidar.
La ubicación estratégica, la profundidad natural del estuario, la infraestructura existente y la proximidad con el principal yacimiento de gas no convencional del país colocan a Bahía Blanca en una posición privilegiada.
Pero la oportunidad también plantea desafíos.
Será necesario ampliar infraestructura, mejorar accesos, sostener el dragado y la seguridad operativa, incorporar tecnología, garantizar condiciones ambientales adecuadas y fortalecer la relación entre el puerto y la comunidad.
El puerto como motor de una nueva etapa
La historia económica de Bahía Blanca estuvo siempre ligada al puerto.
Primero fue la gran puerta de salida de los productos de la región.
Después se convirtió en el soporte logístico del Polo Petroquímico.
Ahora aparece frente a una nueva oportunidad: ser la principal plataforma de exportación de una parte de la energía que Argentina puede producir durante las próximas décadas.
En ese proceso, el puerto no funciona como un actor aislado.
Depende del agro que produce, de los ferrocarriles y camiones que transportan, de las industrias que procesan, de las empresas que brindan servicios, de los trabajadores especializados y de las inversiones que amplían la infraestructura.
Por eso, su importancia para Bahía Blanca va mucho más allá de las toneladas que pasan por sus muelles.
Cada barco que ingresa o sale activa una cadena de transporte, servicios, industria y comercio.
Y si los proyectos vinculados con Vaca Muerta finalmente alcanzan la escala proyectada, esa cadena podría multiplicarse.
Bahía Blanca ya tiene un puerto de más de 35 millones de toneladas anuales. La gran pregunta para los próximos años es qué cantidad de valor agregado, inversiones, empleo y desarrollo regional podrá generar cada una de esas toneladas.
La respuesta dependerá, en buena medida, de si la ciudad logra aprovechar esta nueva oportunidad para dejar de ser solamente un punto de salida de productos argentinos y convertirse definitivamente en uno de los grandes nodos industriales, energéticos y logísticos del país.