Del Cangrejal al corazón industrial de Bahía Blanca
Más de 130 años atrás, un periodista bahiense imaginó que aquellos terrenos inundables junto al puerto serían un emporio del comercio y las industrias. La historia terminó convirtiendo aquella visión en una realidad que hoy tiene a la petroquímica como uno de sus principales protagonistas.
"¿Para que sirve el cangrejal de Bahía Blanca? ¿Qué mérito puede tener para nosotros?", se preguntaba en 1895 el periodista bahiense Mariano Reynal, en un hoy singular artículo publicado en el diario local El Porteño, cuya dirección ejercía.
"A cada momento hablamos de Bahía Blanca y su porvenir, de su futura grandeza, de su desarrollo, progreso y adelanto. Y sin embargo, se deja a un lado lo que en verdad está llamado a ser uno de los barrios más ricos, más activos y populosos de lo que no tardará en ser la gran capital del sur de la república".
Sí, efectivamente, Reynal se refería al denominado "Cangrejal", desalentadora superficie ubicada en la zona portuaria.
Había que ser visionario y optimista en 1895 para imaginar de esa manera un espacio como aquel, en tiempos en que cerraba su historia el siglo XIX, con un puerto que cumplía diez anos de existencia, creado al impulso y administración de los ingleses del Ferrocarril del Sud, los mismos que habían tendido el riel desde Constitución hasta estas tierras, en una inversión sustentada por los ricos campos de la provincia y que, casi como un hecho secundario para la empresa, cumplió una acción civilizadora indispensable para toda esta región.
Con ese complejo ferrocarril-puerto, Reynal intuía que esos terrenos invadidos a menudo por las mareas sería "el brillante foco en donde se condense lo más poderoso de la prosperidad bahiense".
El Cangrejal asumía entonces un carácter de terreno de poca valía, sinónimo de desolación y olvido.
"Cuando un vecino de la Capital Federal o de La Plata se le pregunta que es Bahía, contesta muy ufano y pagado de su saber: !un pequeño pueblo con pretensiones de ciudad, cuyo puerto es un colosal nido de cangrejos!", aseguraba crónica.
Pero no era cuestión de dejarlos engañar y a fuerza de fe, el hombre no tenía dudas que aquel lugar sería, "dentro de varios anos", el sitio donde "inevitablemente" se desarrollaría "la magna obra de nuestro engrandecimiento local".
Porque así como no todo lo que reluce es oro, bien podríamos imaginar que para este hombre, no todo lo que aparecía sombrío era un desierto. Porque por sobre aspectos geográficos del lugar, su importancia era manifiesta para quien tuviera ojos entendedores.
"La situación y las circunstancias lo distinguen, lo colocan en condición inmejorable para que se le transforme en terreno firme y sólido, arrebatado al mar una gran zona que hoy domina e inunda. Ese cangrejal que hoy afea al puerto, será mañana un paraje llamado a embellecerlo, a darle animación y mejorarlo", escribió nuestro amigo.
Así, valga rescatar esta visión de hace más de 130 años. Cuando llegar al muelle del puerto Comercial permitía observar "ese vasto vivero de cangrejos" que alguien ya imaginaba "transformado en malecones, dársenas y asiento de depósitos mercantiles", llamado a sorprender a sus visitantes, "quienes no podrán por menos reconocer el poder del genio e industria argentina".
El artículo es extenso y gratificante. Porque hombres como ese, capaces de sacar provecho de una visión que requería de otras miradas, fueron quienes casi sin saberlo estaban escribiendo una historia, fortaleciendo una idea.
Un espíritu que, frente a ese espacio, castigado por el viento y el sol, escribió, supo escribir:
"Los almacenes en donde se depositen toda clase de mercaderías y artículos revelarán el grado de riqueza y poderío de Bahía, que disputará a otras ciudades rivales el dominio del comercio marítimo-comercial del continente americano. Los bahienses se acordarán entonces con gratitud de su cangrejal, cuando este sea un emporio del comercio y de las industrias".
A quienes les toca ver convertido en realidad aquel designio, seguramente sepan que también está mirando con aquellos ojos de antaño. Dando base, presente y continuidad al sueno de grandeza de tantos hacedores que poblaron esta región.