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“Bahía Blanca tiene un futuro energético muy importante”

Horacio Marín, presidente y CEO de YPF, sostuvo que Bahía Blanca tendrá un papel central en una etapa distinta: la industrialización y el agregado de valor del gas destinado al mercado interno.

La decisión de desarrollar el proyecto de Gas Natural Licuado (GNL) en Río Negro generó en Bahía Blanca la sensación de haber quedado al margen de una de las grandes inversiones energéticas de la Argentina.

Sin embargo, para Horacio Marín, presidente y CEO de YPF, el futuro de la ciudad está lejos de perder relevancia. Por el contrario, sostiene que Bahía Blanca tendrá un papel central en una etapa distinta: la industrialización y el agregado de valor del gas destinado al mercado interno.

“Bahía Blanca va a ser el polo petroquímico del gas de mercado interno”, afirmó Marín durante su última visita a la ciudad, donde participó de la celebración por los 25 años de Compañía Mega y de la inauguración de un nuevo tren de fraccionamiento.

Para el titular de YPF, esa expansión es apenas una muestra de lo que puede venir. La ciudad concentra una infraestructura industrial y portuaria difícil de encontrar en el país y cuenta, además, con un entramado de proyectos vinculados al procesamiento de los hidrocarburos de Vaca Muerta. En ese escenario, la futura planta de líquidos que impulsa TGS aparece como una nueva pieza estratégica.

“Seguramente habrá expansiones y nuevas inversiones. Por eso creo que Bahía Blanca tiene un futuro energético muy importante. Todo lo relacionado con el agregado de valor del gas tendrá a la ciudad como protagonista”.

YPF será el primer cliente de esa iniciativa y aportará el gas mediante contratos de largo plazo. De acuerdo con Marín, ese compromiso permitirá a TGS acceder al financiamiento necesario para avanzar con el proyecto. La petrolera, explicó, funciona como una “semilla” capaz de generar las condiciones para que otras inversiones de gran escala puedan desarrollarse.

El proyecto de TGS se suma así a una matriz industrial en la que ya tienen un peso significativo Mega y los proyectos vinculados con la producción de urea. Para Marín, el crecimiento de Vaca Muerta garantiza materia prima para sostener nuevas inversiones durante las próximas décadas.

“Todo lo relacionado con el agregado de valor del gas tendrá a la ciudad como protagonista”, sostuvo.

Una función diferente a la de Río Negro

El planteo de Marín busca diferenciar los roles que tendrán Bahía Blanca y Punta Colorada en el nuevo mapa energético argentino. Mientras el proyecto de GNL en Río Negro estará orientado principalmente a la exportación, con producción de gas natural licuado, condensados, propano, butano y gasolina natural, Bahía Blanca conservará un perfil industrial ligado al abastecimiento y la transformación del gas para el mercado interno.

La misma lógica aplica al petróleo. Marín considera complementarios a Puerto Rosales y Punta Colorada, y descarta que el desarrollo de la terminal rionegrina implique el desplazamiento de las operaciones que actualmente se realizan desde el sistema portuario bahiense.

Puerto Rosales, señaló, continuará exportando petróleo durante muchos años, mientras que una mejora de su infraestructura podría reducir costos logísticos y fortalecer la competitividad de las exportaciones.

En su visión, el país tendrá en los próximos años una estructura energética con distintos polos especializados: Neuquén concentrará la producción de hidrocarburos de Vaca Muerta; Río Negro tendrá un fuerte perfil exportador asociado al GNL; y Bahía Blanca se consolidará como uno de los principales centros de industrialización y agregado de valor.

“Creo que en los próximos años habrá tres grandes polos energéticos en la Argentina: Neuquén, Río Negro y Bahía Blanca”, afirmó.

El desafío de transformar el gas en industria

La relevancia que Marín asigna a Bahía Blanca no se limita a las instalaciones existentes. Su perspectiva parte de un cambio en la escala de la industria energética argentina. La producción de Vaca Muerta continúa creciendo y la disponibilidad de gas y líquidos abre la posibilidad de desarrollar nuevas cadenas de valor.

En ese esquema, la ciudad tiene una ventaja que considera difícil de replicar: la concentración de grandes industrias, infraestructura portuaria y capacidades profesionales.

Marín destacó que, además de las plantas que ya funcionan, observa numerosos proyectos en marcha y un potencial de crecimiento significativo tanto en el puerto como en el complejo industrial.

El objetivo, en definitiva, es que una parte creciente de los recursos de Vaca Muerta deje de ser solamente materia prima para convertirse en productos industriales. El LPG, los líquidos del gas y la producción de fertilizantes forman parte de ese proceso.

La oportunidad también se vincula con la escala que puede alcanzar la producción argentina. Marín estimó que el país podría superar el millón de barriles diarios de petróleo entre fines de este año y comienzos de 2027 y consideró posible que durante la próxima década llegue a exportar un millón de barriles diarios.

En paralelo, YPF proyecta convertirse en uno de los grandes jugadores internacionales del mercado de LPG.

En ese sentido, Marín anticipó que la compañía podría alcanzar el quinto lugar entre los exportadores mundiales de ese producto, una dimensión que permite comprender la magnitud de las oportunidades que se abren para toda la cadena energética.

Puerto, industria y conocimiento

La fortaleza de Bahía Blanca, según la mirada del titular de YPF, no reside únicamente en su capacidad para recibir o despachar cargas: el diferencial está en la combinación entre puerto, industria, infraestructura y conocimiento.

Marín remarcó que pocos lugares del país concentran una cantidad de instalaciones industriales comparable con la del complejo bahiense. A esa estructura se suma la posibilidad de seguir desarrollando el puerto, tanto para atender las necesidades del mercado interno como para sostener una creciente actividad exportadora.

También destacó el papel de la formación profesional. La presencia de universidades y centros educativos permite generar recursos humanos que pueden insertarse en las empresas de la región sin necesidad de abandonar la ciudad.

Para Bahía Blanca, ese aspecto puede resultar tan estratégico como las propias inversiones. La llegada de capitales no sólo implica nuevas plantas y mayor movimiento portuario: también puede generar empleos calificados, proveedores locales y oportunidades para pequeñas y medianas empresas.

Marín proyectó precisamente ese efecto sobre el conjunto de la economía. A su entender, los grandes proyectos energéticos que se desarrollen en Neuquén, Río Negro y Bahía Blanca tendrán capacidad para generar oportunidades para miles de pymes de todo el país.

Una ciudad que todavía tiene mucho por crecer

La mirada de Marín supone, en definitiva, una interpretación diferente sobre el impacto que tuvo para Bahía Blanca la decisión de trasladar el proyecto de GNL a Río Negro.

Aunque reconoció que entiende el sentimiento de pérdida que generó esa decisión entre los bahienses, sostuvo que el desarrollo energético argentino tendrá una escala suficientemente grande como para permitir la convivencia de distintos polos.

“Por eso creo que Bahía Blanca va a crecer mucho”, afirmó. Y ubicó en el puerto y en la capacidad industrial de la ciudad dos de los principales motores de ese crecimiento.

La clave estará en aprovechar esa posición para transformar los recursos energéticos en actividad económica de mayor valor agregado.

En lugar de competir por convertirse en el único gran centro exportador, Bahía Blanca puede consolidar una identidad propia dentro del nuevo mapa energético: ser el lugar donde el gas que produce Vaca Muerta se convierte en industria, productos y empleo.

La visión planteada por el presidente de YPF coloca así a la ciudad frente a un desafío tan importante como la oportunidad: consolidar el complejo petroquímico, ampliar la infraestructura portuaria y energética, atraer nuevas inversiones y fortalecer el entramado de proveedores y profesionales.

En ese escenario, el futuro de Bahía Blanca no quedaría definido por el proyecto de GNL que finalmente se desarrollará en Río Negro, sino por su capacidad para ocupar un lugar propio dentro de una industria energética argentina que, según Marín, recién está comenzando a mostrar su verdadera dimensión.

“En ese camino, Bahía Blanca va a ocupar un lugar muy importante”, concluyó.

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