Inmigración: una herramienta útil que no conmueve a Donald Trump
En pleno siglo XXI, la inmigración ha demostrado ser una herramienta más que útil a la hora de evitar que las economías se estanquen.
En pleno auge de la crisis de natalidad a nivel global, algo que incluso afecta a la Argentina, los responsables políticos de todo el mundo están cada vez más convencidos de que se necesitarán trabajadores extranjeros para impulsar el crecimiento y mantener la estabilidad de los precios en las próximas décadas.
En una intervención en la reunión anual de los principales responsables políticos en Jackson Hole, Wyoming, los directores del Banco de Japón, el Banco Central Europeo y el Banco de Inglaterra trataron de destacar el reto que supone el envejecimiento de la población para el crecimiento económico.
Kazuo Ueda, gobernador del Banco de Japón, explicó que el rápido envejecimiento de la sociedad de su país había convertido la escasez de mano de obra en uno de los problemas económicos "más acuciantes" del país asiático.
En 2024, Japón había alcanzado su mayor caída poblacional desde que existen registros, con una pérdida neta de 908.574 personas (esto equivale a una disminución del 0,75%).
Lo más grave es que esta tendencia descendente lleva 16 años consecutivos. Así, Japón ya ha pasado a ser el segundo país más envejecido del mundo, solo por detrás de Mónaco (casi el 30% de los japoneses tiene 65 años o más).
Sin embargo, la llegada de extranjeros le está dando una mano a Japón, que actualmente tiene en su territorio un récord histórico de 3,67 millones de residentes extranjeros, lo que representa casi el 3% del total de la población nacional.
Según Ueda, aunque los trabajadores extranjeros solo representan el 3% de la población activa en Japón, han sido responsables de la mitad del reciente aumento del crecimiento de la población activa.
"Sin duda, cualquier aumento adicional requerirá un debate más amplio", agregó, consciente de que su país no se caracteriza por estar dispuesto a recibir extranjeros.
Por su parte, la presidenta del BCE, Christine Lagarde, afirmó que la llegada de trabajadores extranjeros desempeñaría un "papel crucial" a la hora de contrarrestar el impacto negativo de las tendencias demográficas en el crecimiento económico.
El año pasado, la Unión Europea vio cómo su población alcanzó un récord de 450,4 millones de personas en 2024, pese a que, desde 2012, ha registrado anualmente más muertes que nacimientos.
Esto es consecuencia directa de que, gracias a la inmigración, el bloque sumó 1,07 millones de habitantes en 2024, con una migración neta positiva de 2,3 millones de personas, que compensó una disminución natural de la población de 1,3 millones, ya que las muertes (4,82 millones) continuaron superando a los nacimientos (3,56 millones).
En este sentido, según Lagarde, sin la llegada de trabajadores extranjeros, la zona del euro tendría en 2040 3,4 millones menos de personas en edad de trabajar.
Además, si la migración se detuviera, la población de Europa disminuiría en más de un tercio, pasando de los 450 millones en 2024 a 295 millones a finales de siglo.
Por eso, Lagarde recordó que el mercado laboral de la zona del euro ha superado la pandemia en "una forma inesperadamente buena", en parte gracias al aumento del número de trabajadores de más edad, pero, "aún más" importante, debido al aumento del número de trabajadores extranjeros.
"Aunque solo representaban alrededor del 9% de la población activa total en 2022, los trabajadores extranjeros han supuesto la mitad de su crecimiento en los últimos tres años. Sin esta contribución, las condiciones del mercado laboral podrían ser más restrictivas y la producción menor", sentenció.
Por otro lado, el gobernador del Banco de Inglaterra, Andrew Bailey, afirmó que no se había hecho suficiente hincapié en el "grave" desafío que suponen la demografía y la disminución de la productividad para la economía británica. En el caso particular de Inglaterra (y Gales), en el último tiempo, su población aumentó en su mayor número en 75 años.
Por un lado, como consecuencia de la inmigración récord, la población total de estos países aumentó en 610.000 personas hasta alcanzar los 60,9 millones a mediados de 2023, el mayor incremento anual en más de siete décadas.
Hasta ese momento, la migración internacional neta había aumentado a 622.000 personas, frente a las 548.500 de los 12 meses anteriores.
Pero a esto se suma que, lo que se denomina crecimiento "natural" de la población, que equivale a la diferencia entre nacimientos y defunciones, apenas se redujo a solo 400, el más bajo desde 1978.
La Oficina de Estadísticas Nacionales de Gran Bretaña informó que el aumento de la población en Inglaterra y Gales fue el mayor desde 1948, cuando el baby boom posterior a la Segunda Guerra Mundial y el regreso del personal militar británico que servía en el extranjero causaron un aumento de 1,5 millones de nacimientos. (Información de El Economista).