Bahía Blanca | Jueves, 02 de abril

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Los muertos vivos: la morbosidad en su máxima expresión

Al igual que en el temporal del 16 de diciembre de 2023 se descree de la información oficial sobre la cantidad de fallecidos. ¿Por qué sucede esto?

La fantasía creció como aquellas habichuelas mágicas del cuento, a gran velocidad y ganando altura: la inundación merecía más muertes que las informadas. A cada minuto se sumaron “testigos” de cuerpos flotando en el agua y “acopiados” en morgues y funerarias.

Cuando el rumor de víctimas escondidas fue insuficiente se agregaron mensajes patéticos y escabrosos: helicópteros volando de noche llevando cadáveres para arrojarlos al estuario (vuelos de la muerte), camiones descargando cuerpos para ser enterrados en lugares alejados, dónde nadie nunca los pudiese encontrar.

No es un mal nuestro –lo cual no es consuelo ni excusa-- sino habitual de todas las catástrofes.

En España, por ejemplo, se los denomina “bulos” y circulan por las redes a una velocidad fantástica. Pasó en octubre último con la Depresión Aislada en Niveles Altos (Dana) en Valencia, en particular cuando se logró ingresar a un enorme estacionamiento subterráneo.

“Me acaban de informar que el estacionamiento es un puto cementerio. Los buzos salen y no quieren volver a entrar”, decía un tuit.

“Un buzo comenta que hay niños y adultos muertos con los ojos abiertos en los coches y que en la primera planta hay más de mil”. Todo era falso. No hubo un solo fallecido en ese lugar.

Los analistas señalan que quien miente en esas circunstancias lo hace con la intención de ver si alguien le cree, también para generar desconfianza en las distintas fuentes, sobre todo políticas, para potenciar el caos y la incertidumbre.

Conspiración truculenta

Miguel Wiñazki es escritor, periodista y licenciado en Filosofía. Autor del libro “La noticia deseada” ha analizado este tipo de situaciones, donde la gente crea versiones de los hechos que se instalan rápidamente. 

Consultado por La Nueva. sobre esta actitud verificada en Bahía Blanca, señaló estar al tanto de esas invenciones.

“Se produce por la simpleza con que se toman lo que yo denomino “la noticia deseada”, un deseo que se articula en casos de tragedia con la expansión de teorías conspirativas o a la suposición, sin ningún fundamento, de que se oculta la verdad”, explicó.

Wiñazki señaló que se trata de una “verdad” que algunos “quieren y desean creer”, una conspiración truculenta para evitar, supuestamente, que algo más grave de lo que acontece salga a la luz.

En ese contexto y “con un poco de deseo morboso”, es que se ficcionalizan de manera irresponsable sucesos más graves de los ya gravísimos que han acontecido.

“Y la muerte tiene una atracción especial para magnetizar ese morbo colectivo, esa locura colectiva. Es entonces que aparecen muertos que están vivos. Es un clásico de la tragedia y de la suposición que la información está manipulada. Bajo esa creencia ocurre un imaginario que propala lo que no existe”, finalizó.

A ojo de buen cubero

¿Cuál es el número de fallecidos adecuados para un desastre como el del pasado viernes 7? ¿Hay una medida lógica que resulte creíble? ¿La cantidad oficial de 16 muertos es muy pobre?

No hay una respuesta a estos planteos. Es plausible la de la justicia haya decidido citar a quienes han publicado en las redes sociales tener precisiones sobre fallecidos que se esconden o eliminan. Aunque frente al juez ninguno pudo darlas. Nadie fue testigo. “Lo escuché”, “Me lo dijeron en la verdulería”. 

Resulta sensato que si alguien sugiere tener precisiones sobre hechos semejantes la justicia los cite a declarar. Algunos lo toman como una persecución. Es más que eso: es ocuparse de escuchar a quienes puedan aportar datos de hechos tan crudos y repudiables.