Bahía Blanca | Lunes, 22 de abril

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Gracias Tino…

White se ha quedado sin su biógrafo y la memoria viva de un vecino lúcido y ejemplar.

Conocí a Tino Diez casi al mismo tiempo que desembarqué en Ingeniero White atraído por sus historias y su gente. Tino recogía y ordenaba cada una de ellas. De pescadores de lanchas amarillas protegidas por San Silverio; de ferroviarios sin trenes que aun en la vía siguen siendo orgullosamente ferroviarios. Tino conocía el pedigree de casa familia, el pasado del club, la epopeya de los bomberos, la historia de la iglesia y de cada adoquín del puente La Niña. Testigo de vida y obra de cantores y músicos que encendían la noche de cantinas, entre tangos, canzonetas y copas de marineros embriagados que zarpaban al amanecer. Como diría un amigo, Tino tenía más noches que la luna, fue el biógrafo de ese mundo bohemio al borde del estuario.

De los más de quince documentales con historias de White que producimos hasta ahora para nuestro ciclo de TV, en casi todas recurrimos a él porque era fuente inagotable y memoriosa de sucesos y protagonistas. Ahí queda su nombre impreso en los créditos de agradecimiento de cada capítulo. En algunos Tino dio testimonio frente a cámara, siempre dispuesto aportando conocimiento producto de su infatigable entusiasmo por investigar la historia de su lugar en el mundo.

Recuerdo cuando nos acompañó en el taller "Cómo contar historias con imágenes" que compartimos en la biblioteca popular Mariano Moreno. Siempre movedizo y entusiasta, colaborando con cada proyecto a tiempo completo.

Tino se hizo historiador por placer después de una vida de trabajo, primero en el ferrocarril y luego detrás del mostrador de un banco, hasta la jubilación. En todo ese trayecto fecundo la familia ocupó el centro de su escena. Siempre imaginé contar la historia familiar de esposa, hijos, nietos y bisnietos, que aunque la observaba de lejos, me daba cuenta que era fraterna, singular, feliz.

White se ha quedado sin su biógrafo y la memoria viva de un vecino lúcido y ejemplar.

Lo vamos a extrañar, sus vecinos lo van a extrañar.

Seguirá entre nosotros a través de su legado, los textos poéticos, las investigaciones y documentación recopilada de White, contenidas en un libro digital de acceso público en internet.

Tristeza al despedirlo pero también reconfortado por haber llegado a tiempo a White para conocerlo y disfrutarlo.

Estoy seguro que la estrella de Tino alumbrará por siempre el estuario de su entrañable Guaite.