Bahía Blanca | Sabado, 20 de abril

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Ansiedad, pánico y depresión: los síntomas de la crisis actual

Un estudio realizado desde la Universidad Nacional de Rosario (UNR) alertó ante lo que llaman una posible “neurosis de clase”, con situaciones similares a lo que sucedió en pandemia.

Se escuchó mucho hablar de las afectaciones mentales en tiempos de la pandemia (2020-2021), cuando la inactividad social, el encierro, el miedo y la incertidumbre –entre otros factores—comenzaron a hacer mella en las defensas físicas de todos.

Esa situación generó múltiples casos de angustia, pánico y depresión. Hasta el día de hoy, según señalan los especialistas, quedan secuelas de ese particular momento.

Ahora, un estudio realizado desde la Universidad Nacional de Rosario (UNR) alertó ante lo que llaman una posible “neurosis de clase”, con situaciones similares a partir del delicado momento económico que atraviesa el país, con una inflación incontenible, la pérdida del poder adquisitivo y la necesidad de trabajar más para sostener la canasta familiar.

El Laboratorio de Sociología Clínica de la mencionada universidad advierte sobre el inicio de una “sintomatología de sufrimiento social”, propio de toda crisis profunda, en el caso económico momentos como los de la hiperinflación (1989-1990) y la crisis de 2001, “cuando los trabajadores viven una sensación de caída libre”.

"Un posible cambio de estatus social conlleva a generar preocupación y culpas, y conduce a una sintomatología asociada a una neurosis", explicó el estudio.

El ajuste obliga a dejar ciertos hábitos, especialmente en los sectores medios. Un escenario que llega acompañado de emociones perturbadoras y la sensación de alejarse del sector social del que uno es parte. La “neurosis de clase” describe la imposibilidad de procesar esa pérdida.

“Es una crisis no sólo económica sino también social, signada por la situación económica, el aumento de la indigencia y la pobreza”, señala el estudio, al tiempo de mencionar que “de no haber una contención acorde a la situación que estamos viviendo puede verificarse la aparición de síntomas de ansiedad o depresión, alteración del sueño, preocupación excesiva y malestar emocional, entre otros”.

El estudio se realizó mediante encuestas a personas de distintos estratos sociales con una situación laboral estable, es decir ocupadas. Las preguntas eran sobre cómo se sentían en este momento, qué perspectivas tenían a mediano plazo. 

El resultado fue un nivel de preocupación altísimo, con la suspensión de servicios, dejar de consumir gaseosas o café o no llegar a pagar el alquiler o la cuota de un crédito. 

“Lo que vemos es una incipiente neurosis social, con algunas particularidades de los que en sociología clínica se reconoce como “neurosis de clase”, ya que el cambio de estatus social conlleva a generar preocupación y culpas. No llegamos todavía a lo que se vivió en 2001, que fue mucho más duro. Pero se está viviendo algo que merece tener una voz de alarma”, señaló el informe.

La mirada local

“Situaciones como las que atraviesa el país en lo económico no sólo repercuten en la salud mental, sino que lleva a conductas problemáticas, como el consumo de drogas y de productos tóxicos”.

Quien hace esta lectura de la situación es Hugo Kern, especialista en psicología clínica y responsable de la Unidad Preventivo Asistencial municipal.

Coincide con el estudio de la UNR en cuanto a su preocupación ante “una crisis tan aguda”, ateniendo a que genera comportamientos en una población que trata de mantener su vida cotidiana y sus aspiraciones. 

“Frente a toda circunstancia adversa se trata de seguir adelante con su vida y lograr la subsistencia. Es entonces que se generan comportamientos de auto conservación, donde se juega la mantención, y otros de auto preservación, de seguir viviendo acorde a los propios valores e ideas, de continuar siendo parte del grupo al que se pertenece, manteniendo la identidad y el estilo de vida. Cuando la presión es demasiada puede que se pierdan los valores de cuidado”, explicó.

El profesional mencionó que “ya están apareciendo” consecuencias de esta situación, por caso ataques de ansiedad, de pánico y conflictos familiares.

“Además de depresiones debidas al sobreesfuerzo para sobrevivir, teniendo una doble o triple jornada laboral, puede parecer un agotamiento psíquico pero producto del esmero por alcanzar ciertos niveles de consumo”, detalló.

¿Hay alguna manera de enfrentar esta situación? Kern es claro. 

“La prioridad es preservar los vínculos. Las personas que pueden sostener la vida de manera más satisfactoria son las que mantienen sus vínculos y las que se manejan de manera positiva con su entorno. También hay tener en claro que no se trata de enfermedades mentales sino de reacciones que se incrementan frente a esta situación crítica. Por eso, hay que priorizar las cosas que producen bienestar y tener acceso a las fuentes de felicidad es central para conservar la autonomía. Identificar los factores que producen bienestar. Mantener los proyectos y preservar los vínculos afectivos. Las personas son capaces de enfrentar estas situaciones pero también está bien pedir ayuda cuando los exceden en sus posibilidades”.