Bahía Blanca | Sabado, 13 de abril

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Dólar e inflación: otra vez la fábula de la liebre y la tortuga 

Crecen las dudas acerca de cual será la estrategia para evitar una nueva devaluación que complique el escenario de inflación de un dígito con el cual cuenta el Gobierno. 

NA

Precios que corren con la velocidad de una liebre y un dólar que marcha al cansino ritmo de la tortuga siembran las dudas acerca de cual será la estrategia para evitar una nueva devaluación que complique el escenario de inflación de un dígito con el cual cuenta el Gobierno para fortalcerse políticamente. 

Así, con un tipo de cambio real (el valor del dólar ajustado por los precios internos, una medida de la competividad-precio de la economía), en baja continua desde la última suba del 118 por ciento, el fantasma del atraso cambiario aparace nuevamente en el horizonte del gobierno, tal como lo admiten los propios datos oficiales. 

"El valor del dólar ajustado por los precios es hoy menor que el mayo de 2008, la fecha de inicio del conflicto por la 125 (N de R: una larga confrontación entre las centrales del sector agropecuario y el gobierno de Cristina Fernández por las retenciones) pero hay dos importantes salvedades: la primera es que la soja estaba a 500 dólares la tonelada y hoy ronda los 300 a 400, de modo que los precios internacionales y el tipo de cambio real, cayeron", explicó el economista pringlense José Tonelli a La Nueva. 

Tomando el Indice de Tipo de Cambio Real Multilateral (ITCRM) que elabora el BCRA (ver gráfico abajo) se ve una clara tendencia a la apreciación del dólar, de modo que la economía argentina está perdiendo competitividad y potencia para generar divisas. El ITCRM es el indicador más completo de la competitividad-precio, ya que considera el tipo de cambio ajustado por los precios mayoristas ponderado por la participación de cada país en nuestro comercio exterior, de modo que se captura mejor el efecto de una apreciación cambiaria, es decir, una baja del ITCRM, con consecuencias negativas para las ventas externas y el ingreso de divisas por el canal comercial. 

 "La pérdida de competitividad y la relación bilateral con el Brasil, que hoy no pasa por su mejor momento, son perjudiciales para las Manufacturas de Origen Industrial (MOI), las que más valor agregado local generan", señala el especialista Miguel Ponce, ingeniero y especialista en Comercio Exterior. 

Agregó que pese a ello "se va a conseguir un superávit comercial (N de R: diferencia entre exportaciones e importaciones) del orden de los 17.000 a 18.000 millones de dólares, un récord histórico. El gran problema es que se logrará de una manera no virtuosa, ya que será por caída de las importaciones por la recesión, no por más ventas externas". 

La actual administración descartó de plano una nueva devaluación del peso (o una nueva suba del dólar, su equivalente) "No está en nuestros planes devaluar", remarcó hace seis días atrás el ministro de Economía Luis Caputo. 

Las posibles salidas

Para Tonelli, el actual atraso cambiario ofrece dos opciones para el gobierno, descartada, al menos en lo declamativo, una nueva devaluación. 

"Se pueden bajar las retenciones al agro para incentivar las liquidaciones o modificar el actual esquema blend para liquidar las ventas externas. Por ejemplo, si hoy un 20% de las ventas externas se realizan al tipo de cambio CCL (N de R: mayor al oficial) y el remanente al oficial, se puede pasar a un esquema 40-60% o 50-50%. De otra forma, el chacarero va a retardar liquidaciones y se pueden generar problemas, algo que ya hemos visto", advierte Tonelli.

No hay que perder de vista que el acceso al mercado de cambios para pagar importaciones de bienes y servicios no está normalizado, ya que, la comunicación "A" 7917 del BCRA estipula que los pagos deben hacerse por etapas y hasta un lapso máximo de 120 días corridos, a razón de un 25% cada 30 días. 

"En realidad, no es muy diferente de lo que hacía el gobierno anterior, algo que no va muy de acuerdo con las ideas del presidente Javier Milei", dijo Tonelli. 

Además, se sabe que cuantas más restricciones se sostengan y en la medida que la inflación no baje de forma sostenida hacia un dígito, algo que se espera para mitad de año, el apetito por el billete verde no tardará demasiado en aumentar, con las consecuentes presiones sobre el mercado de cambios. 

En esta carrera económica, ¿logrará el gobierno mantener el paso sin recurrir a una devaluación? Las decisiones cruciales en los próximos meses definirán el destino del mercado cambiario.