Bahía Blanca | Viernes, 03 de febrero

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Los 20 años de Natán: una enfermedad, la cura y la promesa ante Dios

Dora Sensini pidió, cumplió y, al final, lo hizo posible. Las tres residencias sociales, situadas en sitios estratégicos por una alta demanda de necesidades básicas insatisfechas, asisten hoy a más de 300 familias de nuestra ciudad.

¡Hay equipo! Un alto en Natán 1, este viernes 20. / Fotos: Pablo Presti-La Nueva y Archivo LN.
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Audionota: Romina Farías


“A los 27 años ya tenía osteoporosis y el tórax parecía que se me desgranaba. Los médicos estaban preocupados porque me tenían que operar para colocar platinos en las costillas para no quebrarme. Pero alguien me predicó y esa fue la primera sanidad que tuve. Y ahí dije: ‘Diosito, si me sanás dedicaré mi vida para lo que necesites’. Y bien, El me hizo ver la pobreza y la realidad de la gente que no tenía. Primero fue en Villa Nocito; ahí comenzamos”.

El relato es de Dora Sensini, la responsable de los tres centros sociales Natán, uno de los ejes de asistencia social más relevante de nuestra ciudad que, en este enero, está cumpliendo los 20 años de vida.

Ella hoy está recuperada y más activa que nunca.

“Esta es la mano de Dios. No hay otra forma de explicarlo. Ha estado durante estos 20 años y lo hará otros 20 más. Su palabra dice que es mejor dar que recibir y nosotros damos porque estamos a su servicio”, agrega.

Las tres residencias sociales, situadas en sitios estratégicos en razón de una alta demanda por necesidades básicas insatisfechas, asisten a más de 300 familias por semana con la provisión —al menos— de alimentos a través de viandas.

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Dora Sensini nació en Médanos. A Bahía Blanca llegó a los 22 años y de inmediato comenzó a trabajar en el Sindicato de Panaderos, que estaba ubicado en la calle Soler. Se casó con Miguel Rodríguez (“alguien con un corazón y un aguante únicos”, asegura) y tuvieron tres hijos, quienes residen en la ciudad: Gustavo, Hernán y Juan Ignacio.

Aquel relato inicial, en realidad, es de 10 años antes de producirse la inauguración del Centro Natán 1.

“Los primeros tiempos nadie sabía nada. La palabra de Dios dice que cuando uno da la mano derecha que no se entere la izquierda”, indica.

“Tras la sanación empecé a dar lo que tenía. Primero la ropa, la de mis hijos, los trajes de mi esposo, que era gerente de un banco, y hasta sacaba mercadería de los pedidos familiares del fin de semana. Fueron casi 10 años de recorrer y asistir en barrios hasta que, en un momento, sentí que debía dar un paso más”, relata.

Los inicios, cuando todo estaba por hacer.

El 6 de enero de 2003, en Chaco 1935, se abrieron las puertas de Natán.

“Natán es una palabra hebrea que significa Dios ha dado. Así comenzamos con la copa de leche y con las viandas. Ibamos al mercado Aguado a buscar verduras, a algunos negocios para conseguir fideos y hasta por los frigoríficos en procura de carne”, cuenta.

“El Natán de calle Chaco estaba al lado de una iglesia. Había un zaguán de un metro y medio por 6 de largo. Ahí empezamos a cocinar”, añade.

“Al poco tiempo advertimos que las necesidades eran muchas. Entonces sumamos el almuerzo, pero los chicos que venían querían llevarles algo a sus padres; decían que no habían comido. Y así traían recipientes para que ellos también coman. ¡Aún hoy me emociona recordarlo! Este fue el inicio de las viandas”, asegura.

El Centro Natán 1, en Fabián González 2171, en el corazón de Vista Alegre, se inauguró en 2008.

“Una vez eran alrededor de 70 las personas que esperábamos, pero cuando salí a la calle vi una cola larguísima. Y sólo teníamos una olla. Ahí le pedimos a Dios que multiplicara los alimentos. Oramos. La garrafa se había quedado casi sin gas y, aún no sé cómo, ese día nadie se quedó sin comer. De la experiencia nos quedó claro que debíamos conseguir otra olla”, sonríe ahora.

“¡Son experiencias muy fuertes! Y hasta las críticas, que las hubo —y las hay— nos sirvieron”, agrega.

“Nosotros somos todos cristianos y yo soy pastora. Y veíamos que cuando le pedíamos a Dios porque no nos alcanzaba la comida, siempre alguien tocaba a la puerta para ayudarnos. Simplemente sucedía”, sostiene.

Pero de Chaco se tuvieron que ir (“nos pidieron el lugar”) y se trasladaron a la calle Francia al 2100.

“Ahí debimos alquilar. Sin plata, claro”, dice.

“Empezamos a hacer empanadas para pagar el alquiler y para atender a la gente. Era el tiempo de los bonos Volver a comer a casa (NdR: un programa de recuperación y reinserción social de 2005)”, recuerda.

“Pero justo apareció un terreno en Vista Alegre y, para comprarlo, seguimos haciendo empanadas. Fueron cuatro años así todos los sábados; sólo descansábamos en año nuevo”, admite.

“Estaba el compromiso de pagar el alquiler (de calle Francia) y de comprar los materiales para construir Natán, así como de abonarles a los albañiles. Hasta que llegaron donaciones de ABC (Asociación Bahiense Comunitaria), que tenían mercadería, subsidios y nos facilitaron muchos elementos de construcción”, relata.

El Centro Natán 1, en Fabián González 2171, en el corazón de Vista Alegre, se inauguró finalmente en 2008. Hoy es la sede central de la agrupación, donde está la administración. Funciona como un centro de distribución de productos, especialmente los que requieren de la cadena de frío, para lo cual poseen una cámara, cinco freezers y tres heladeras.

La entrega de mercaderías, viandas y productos a las familias asistidas se realiza los viernes. Al día siguiente, desde la mañana temprano, se comienza con el trabajo para cubrir la demanda del viernes siguiente.

El trabajo se intensificó. Y, en un determinado momento, apareció la inquietud de sumar otro espacio.

“Natán 2 surgió por la demanda de los abuelos. Además de asistirlos con alimentos, los ayudábamos con los trámites para la cobertura de salud, para los documentos y demás. Y otra vez le pedí a Dios para que me ayude a encontrar un lugar”, explica Sensini.

Mientras tanto, ya con un quinto salón en Natán 1, las viandas ya llegaban no sólo a Vista Alegre, sino a otros barrios como Costa Blanca, Villa Nocito, Puertas del Sur y Martín Fierro.

La entrega de mercaderías, viandas y productos a las familias asistidas se realiza los días viernes en Fabián González 2171.

“Un día una señora golpeó la puerta. Nos dijo que venía de parte de Graciela Schadt, quien nos donaba un lugar en Nicolás Pérez 1935”, recuerda.

“Adelante la casa estaba hecha, pero atrás se encontraba a medio construir. Y ahí nos ayudó muchísimo la municipalidad con el aporte de materiales, aberturas y todo lo que necesitábamos para terminar la obra”, dice.

El Centro de Abuelos de Día Natán 2 se inauguró el viernes 3 de marzo de 2020, apenas unos días antes del comienzo de la pandemia por el COVID-19.

“Teníamos 4 o 5 abuelos, pero hubo que cerrar y todos a sus casas; igual, seguimos haciendo las viandas. Nunca paramos”, dice

“Pero también nos contagiamos (de COVID-19). Fue el 21 de diciembre, en el primer año de la pandemia, pero sólo los cinco principales de los Natán y ninguno de los 15 responsables de las tareas operativas. Resultó algo leve; y fueron los únicos días en que descansamos”, acota.

“La demanda durante la pandemia se incrementó casi el doble. Los abuelos, o sus familiares, nos llamaban y pedían la comida; íbamos a cada casa; golpeábamos la puerta y se la dejábamos en el ingreso”, rememora.

Hoy, en Nicolás Pérez 1935 la actividad y la atención como centro de día es permanente.

La historia continúa. En enero de 2018 en Natán 1 se celebraron los 15 años de vida. La fiesta fue muy linda, casi como un prólogo ideal —en la visión de Dora Sensini— para plantear alguna otra necesidad.

“Le comenté al señor intendente (por Héctor Gay) que mi corazón me estaba llamando y decía que había que atender más a los niños. Me dijo: ‘¡Pero Dora, aún no terminaste de construir Natán 2!’ Era cierto”, cuenta.

La participación de los chicos es cada vez más importante.

“Pero en ese momento estaba Pancho Caspe en Políticas Sociales y, al poco tiempo, me acercó un proyecto para hacer Natán 3. Como teníamos todo en regla, la gestión salió rápida con la denominación Casa de Encuentro Comunitario”, agrega.

La Casa de Encuentro Natán 3 está en Holdich 2400, en el pulmón de una importante barriada como Villa Caracol.

“Allá tenemos cuatro equipos de fútbol; diversos talleres para más de 45 nenas; equipos de baile hip hop, que ya han participado en competencias en el teatro Municipal y fueron premiados para ir a Buenos Aires; talleres de música y escuelas de secundaria y primaria, en ambos casos para adultos”, afirma.

La sede de Natán 3, en Villa Caracol.

“También contamos con peluquería; charlas sobre temáticas diversas respecto de la salud, prevención, nutrición y demás, así como nos adherimos a los programas de vacunación itinerantes”, aseguró.

El lugar tiene alrededor de 250 metros cuadrados y la idea es seguir creciendo con el desarrollo de otros proyectos.

“Hemos un logrado un Caracol diferente; integrado; con participación de los padres en las comisiones y con mucha comunicación con las madres y entre los vecinos mismos. En este sentido, el fútbol ha tenido mucho que ver”, asegura.

Necesidades y comparaciones

“Las necesidades de la gente siempre están. Pero no tiene sentido hacer comparaciones respecto de otros años”, asegura Sensini.

“Son más o menos, pero están. Ahora, la situación es compleja; eso sí”, agrega.

“¿Si responde la comunidad bahiense? Sí, es única. Lo que precisás, lo tenés; lo publicás en Facebook y aparece la respuesta. Hay mucho sentido social en nuestra ciudad”, sostiene.

Lo cierto es que no son pocas las instituciones, entidades y empresas que colaboran, algunas en forma anónima, para cubrir las demandas.

“También nos ayudan siempre desde el municipio”, admite.

“Pero lo cierto es que nosotros somos transparentes. Lo que se recibe se entrega; esa es nuestra garantía”, asegura la responsable de los centros Natán 1, 2 y 3.