Bahía Blanca | Martes, 16 de agosto

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Hiroshima, el horror en su máxima expresión

El 6 de agosto de 1945 comenzó la era atómica, con una plena demostración del poder destructor de la humanidad contra su propia existencia.

Mario Minervino/ mminervino@lanueva.com    

   “Ante las perspectivas aterradoras que se abren a la humanidad, percibimos aún mejor que la paz es la única lucha que vale la pena entablar. Una orden que debe subir de los pueblos hacia los gobiernos, la orden de elegir definitivamente entre el infierno y la razón”, Albert Camus, agosto de 1945

 

   Se cumplen hoy 77 años del lanzamiento de la primera bomba atómica sobre una población civil. la víctima fue Hiroshima, en Japón, en una decisión tomada por el presidente norteamericano Harry Truman en el marco de la Segunda Guerra Mundial.

   En este aniversario, las autoridades de esa ciudad japonesa hicieron un nuevo llamado a la desnuclearización, buscando evitar que se repitan los horrores de aquel bombardeo atómico y como una voz de alerta --por demás autorizada-- en un mundo cada día más convulsionado.

   Aquel 6 de agosto de 1945 la ciudad elegida para este ensayo nuclear fue Hiroshima, en la región de Chūgoku, al oeste de Japón. El  avión bombardero B-29, bautizado Enola Gay en honor a la madre de su piloto, Paul Tibbets, comenzaba apeans clareaba el día a recorrer los 2.500 kilómetros que separaban la isla de Tinian, en las Marianas, de Japón.

   A las 8.15 las puertas del avión se abrieron aprovechando el despejado cielo de Hiroshima y la bomba de 4 mil kilos comenzó su descenso desde 10 kilómetros de altura. Los habitantes de la ciudad apenas se habían inquietado porque el paso de un avión a semejante altura estaba lejos de ser pensado como los habituales utilizados por los bombardeos. Cuando estaba a 600 metros de impactar contra el suelo, la bomba explotó.

Little Boy, el nombre elegido para la bomba

   Fue el infierno sobre la tierra. Calor, fuego, viento ardiente. Se estima que 140 mil personas murieron en segundos. El gran hongo nuclear por primera vez se mostró en el mundo. Semanas después, luego de una segunda bomba atómica arrojada sobra Nagasaky, Japón firmó su rendición incondicional.

   Hasta hoy se discuten las razones por la cual Estados Unidos decidió iniciar la era nuclear de esa manera. En agosto de 1945 el Eje ya se había partido, hacía cuatro meses que Hitler había muerto, Alemania se había rendido, Mussolini también estaba muerto. Ya no había guerra en Europa, los aliados habían desembarcado en Iwo Jima y se aseguraba que los japoneses buscaban “desesperados” firmar la paz.

   De allí que muchos sostienen la idea de que Estados Unidos utilizó la bomba quería mandar un mensaje a Rusia, el nuevo enemigo, marcando el terreno a partir de su poder atómico. Era el comienzo de la denominada guerra fría, por un lado, y del crecimiento poco a poco del arsenal nuclear por parte de todos los países. Si el mundo hoy estalla, será para siempre.

Una ciudad, un genio, una fórmula

   “Todo está bien, pero dejarle un poco/de eso que sobra cuando nos atamos/los zapatos lustrados de cada día;/una placita con estrellas, lápices de colores,/y ese gusto en bajarse a contemplar un sapo o un pastito/por nada, por el gusto,/a la hora exacta en que Hiroshima/o el gobierno de Bonn o la ofensiva/Viet Mihn Viet Nam”. Julio Cortázar.

   Hiroshima tiene hoy poco más de un millón de habitantes y es una de las principales ciudades de Japón. Sus calles están limpias, la gente transita ordenada, a pie y en bicicleta, y los turistas pasean observando el río, las plazas y los edificios que se levantan en el sitio. Unos pocos lugares recuerdan aquella mañana de 1945: un memorial de la paz, una llama eterna, las ruinas del edificio de la Prefectura, un cementerio comunitario. Mirar al cielo igual provoca escalofríos a muchos caminantes.

   Otra figura que ha quedado asociada a esta fecha es la de Albert Einstein, acaso la mente más brillante que pisó este mundo.

   En 1946, la revista Time puso en tapa al físico junto a un dibujo del hongo atómico y, en su parte superior, una de las fórmulas más famosas de la historia: E=mc2. Es la igualdad que Einstein dedujo cuarenta años antes, en 1905, y que indica que la masa contiene una enorme cantidad de energía, aunque se encuentre en reposo. 

   Treinta años después, 1935, Arthur Demster descubrió el Uranio 235, un elemento cuyo núcleo se divide al ser “bombardeado” por neutrones, liberando energía. Una vez dividido libera neutrones que generan una reacción en cadena que, en caso de no ser controlada, deriva en una explosión atómica. Generar esa reacción comenzó a ser la gran búsqueda.

   Einstein no participó de la elaboración de ninguna bomba, aunque temiendo que los alemanes estuviesen trabajando en su fabricación envió una carta al presidente Franklin Roosevelt, alentándolo a apoyar el trabajo de los físicos norteamericanos ocupados en lograr la fusión nuclear.

   “En los últimos meses se ha hecho probable iniciar una reacción nuclear en cadena en una gran masa de uranio, por medio de la cual se generarían enormes cantidades de potencia. En vista de esta situación puede que usted desee un contacto entre el gobierno y el grupo de físicos que están trabajando en los Estados Unidos”. Es decir que el físico alentó a apoyar el trabajo que terminó con la terminación de la primera bomba nuclear. 

   La bomba verificó que la ecuación de Einstein era acertada y puso al autor de la Teoría de la Relatividad en un lugar que en gran medida lo atormentaría para siempre. Pacifista por excelencia, el hongo atómico representaba para Einstein un horror que lo persiguió hasta el final de sus días.

   Otro físico, Julius Oppenheimer, considerado sí el padre de la bomba atómica como principal referente del denominado proyecto Manhattan, dejó en claro también quienes debían rasumir la carga por su uso. "No es responsabilidad de los científicos decidir si se debe utilizar o no una bomba de hidrógeno. Esa responsabilidad corresponde al pueblo ny a los representantes por él elegidos", señaló.

   Hiroshima marcó el inicio de un nuevo mundo. Con capacidad para su autodestrucción en pocos minutos. Una herramienta para un apocalipsis.