Bahía Blanca | Domingo, 04 de diciembre

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Cuidado del ambiente, bajos precios y estilo vintage, las razones del auge de la venta de ropa usada en Bahía

Se trata de un hábito cada vez más extendido en diferentes países. En ferias, redes sociales o negocios formales de nuestra ciudad aparecen distintas alternativas de compra y venta.

Fotos: Emmanuel Briane y Pablo Presti - La Nueva.

Valentina Manfrin / vmanfrin@lanueva.com

   Por ser un hábito más amigable con el medio ambiente, por los bajos precios o para lograr un estilo vintage, cada vez más personas en el mundo eligen comprar prendas de segunda mano. Y los bahienses no son la excepción.

   Si bien la compra-venta de ropa usada existe hace décadas, hoy las redes sociales propician el escenario ideal para la difusión de la denominada moda circular, que busca extender la vida útil de las prendas.

   Es la contracara de la industria de fast fashion –o moda rápida–, que define las tendencias de cada temporada con artículos que “pasan de moda” rápidamente, fomentando que los consumidores los reemplacen por otros. Estas prendas son fabricadas con materiales de baja calidad que aseguran precios baratos y las vuelven descartables, por lo que los especialistas advierten de una enorme contaminación.

   Elegir comprar ropa de segunda mano, así, se convirtió en una forma sustentable de vestirse con ropa de buena calidad y duradera. Además, con bajos precios.

   Hoy la comercialización de prendas usadas crece a pasos agigantados: basta con ingresar la palabra “feria” en el buscador de las redes sociales para encontrar miles de cuentas que se dedican a esta actividad como ferias “americanas” –inspiradas en las ferias de garaje estadounidenses– o, también, “vintage”.

   “La ropa de re buena calidad y precio súper accesible, incomparable con comprarse algo en el centro”, son ventajas que enumeró Sasha, quien junto a su amiga Constanza está detrás de una de feria que se dedica exclusivamente a artículos vintage y busca ofrecer al público “prendas con estilo”.

   Además de los bajos costos, “siempre pensamos en el lado del medio ambiente, de todos los recursos que se utilizan en hacer una prenda nueva”.

   “Estamos en un punto de auge de lo que es la moda vintage –evaluó Constanza–. Acá en Bahía Blanca veo mucho crecimiento. Antes íbamos a una feria y quizás éramos las únicas que teníamos ropa vintage. Ahora eso cambió”.

   El emprendimiento vio la luz en 2018, cuando Sasha y Constanza trajeron la idea de Mar del Plata, donde “ya había un auge de la movida”. En un principio vendían la ropa que ya no usaban junto con otras tres amigas. Con el tiempo, adoptaron el estilo vintage y empezaron a seleccionar prendas holgadas, camperas de jean, rompevientos, hasta llegar a lo que es hoy.

   Hacen una feria cada dos semanas. El resto de los días, los dedican a Instagram, su “gran vidriera”; a la tienda online –gran parte de su público no es de Bahía– y, sobre todo, a reacondicionar las prendas. “Tenemos máquinas especiales para sacar las pelusas, otra que es para sacar los hilitos de los suéters cuando se deshilachan, o por ejemplo si algo está muy estirado, le mandamos a poner un elástico y lo hacemos revivir”, contó Sasha.

   “A veces es increíble cómo cambia. Vos ves algo que parece una porquería que no sirve para nada y, después de dedicarle tiempo y amor, realmente queda bien. Por eso decimos que a la ropa la 'operamos' –dijo Sasha–. Tenemos un estilo que apunta a cosas originales. Todas las prendas tratan de ser únicas. Creo que por eso nos va bien”.

   Sin embargo, ese no es el único factor que hace que los bahienses se inclinen por comprar en este tipo de ferias. La crisis económica lleva a que los clientes elijan adquirir ropa de segunda mano antes que prendas nuevas. “La gente que busca precios más económicos ha apuntado un montón a emprendimientos de este estilo”, reconocieron.

   En los últimos días “hicimos encuentros vintage en Bahía, donde intentamos reunir a varios emprendimientos para que se haga una movida más conocida y para apoyarnos entre todos. Cada uno tiene su ropa, así que no es competencia, porque no vendemos lo mismo”, cerraron.

"Una forma de consumo más amigable con el planeta"

   “Una vez que entrás en la moda circular está muy copado”, comentó Marilina, una maestra jardinera que junto a su amiga Andrea también tiene una feria de ropa de segunda mano que, en lugar de dedicarse a prendas vintage, apunta a otro nicho particular: indumentaria de primeras marcas para niños.

   “La ropa de nenes tiene mucho menos uso que la ropa de adultos. Los nenes crecen, entonces realmente todo lo que tenemos está impecable”, dijo la mujer, que también conoce del tema porque es madre.

   Marilina es oriunda de Mar del Plata. Al igual que Sasha y Constanza, trajo la iniciativa desde esa ciudad. “Allá ya está instalado. Vas a una feria como si fuera un negocio y conseguís la misma ropa hermosa a precios que son una locura”, recordó.

   “La moda circular es una forma de consumo más amigable con el planeta. Todo surge desde ahí. En Europa ya se viene haciendo hace bastante tiempo –explicó–. Hacer una prenda, aunque no lo sepamos, ocupa un montón de desechos y demás. De la mano está saber reutilizarla: algo que vos antes guardabas o dejabas, puede ser usado por otra persona”.

   Si bien resaltó los “precios increíbles”, Marilina opinó que no es la principal razón para elegir indumentaria de segunda mano. “Es otra alternativa, pero no porque te compres en la feria no vas a comprar en otro lugar, al contrario, vas a seguir comprando”.

   Junto con Andrea hacen una feria por mes con ropa de bebés, niños y adolescentes, de talle 2 al 16. Para recibir prendas, establecen días determinados y coordinan turnos para revisar, una por una, que estén en buen estado. “Si está con una mínima manchita o algo rotito no lo tomamos”.

   Gracias al boca en boca y la ayuda de las redes sociales, cada vez más gente las conoce. “El que vino, vuelve. Y no solamente que vuelve, sino que le avisa al resto. Se armó como si fuera un círculo de mamás, una linda movida”.

"Antes había más prejuicio"

   “Con el tema de la venta vintage, las nuevas generaciones se sienten más libres de comprar ropa usada”, consideró sobre la moda circular Alejandra, dueña de un reconocido local de ropa y calzado usado en el centro bahiense. 

   Su negocio se ubica hace 40 años en Lamadrid al 100 y tiene clientes de hasta cuatro generaciones. “Antes había más prejuicio y solamente las familias que tenían bastantes hijos o no tenían otros medios económicos venían al local. Ahora viene cualquier persona, sin ninguna diferenciación de niveles económicos”, observó. 

   En su experiencia, la compra de ropa usada “no se ha incrementado tanto como parece”, porque ante la crisis los clientes deben distribuir su dinero en otros gastos. “Vienen a buscar específicamente lo que necesitan. En cantidad está igual, pero entran al local con más libertad”.  

   Aunque en el local no tengan limitaciones en edades o en estilos, a partir de la pandemia comenzaron a inclinarse por las prendas más casuales a la hora de seleccionar los artículos que los bahienses acercan para vender. “Desde que empezó el COVID la gente se viste de otra forma. El bahiense ya no se viste tan elegantemente como antes”, con zapatos altos o trajes; ahora, eligen “taco bajo, zapatillas, mucha ropa sport”, precisó.

   "Siempre pedimos que la ropa no esté ni sucia, ni manchada, ni rota. Esas son las tres condiciones. Si alguna prenda llega a ingresar de alguna forma no recomendable para ponerla al público, se lava o se cose". 

   Como sucede con los comerciantes de ropa nueva, a Alejandra la proliferación de ferias, showrooms y outlets le supone “muchas desventajas”:

   “Uno trata de sostenerse, pero hay emprendimientos que no hacen ningún aporte –impositivo–, entonces pueden vender un poco más barato porque no tienen gastos, prácticamente”.