Bahía Blanca | Domingo, 03 de julio

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Mercedes, donde la historia vive

Cuatro iglesias imponentes y los edificios del Correo y el Colegio Nacional, junto  a las estancias, se destacan entre las diversas atracciones de la ciudad. (Segunda y última entrega)

Iglesias y edificios imponentes y bellos se encuentran en un radio de no más de diez o quince cuadras, frente a la plaza central.

Ricardo de Titto /  Especial para “La Nueva.”

   Recorrer las diversas joyas patrimoniales e históricas que ofrece la ciudad de Mercedes requiere, por lo menos, un par de días. No es que exista algún circuito turístico determinado sino que la diversidad de atracciones llama a la curiosidad y a tratar de indagar y saber más sobre cada una de ellas.

Las iglesias

   Cuatro edificios imponentes y bellos se encuentran en un radio de no más de diez o quince cuadras. Frente a la Plaza central, la magnífica Catedral Nuestra Señora de las Mercedes; a solo dos cuadras, cruzando la plaza en diagonal hacia la avenida principal, el templo metodista cristiano y cruzando en sentido opuesto, la impresionante iglesia neobarroca de San Patricio, de la comunidad irlandesa, y, más allá, sobre la calle 24 y enfrente de la plaza Rivadavia (antes, San Luis), la Iglesia de San Luis Gonzaga y su escuela parroquial vecina, que, durante nuestra visita, está desplegando un homenaje a los 40 años de la guerra de Malvinas con la presencia de un invitado muy especial, Oscar Poltronieri, un heroico combatiente en las islas que narrará a los alumnos sus experiencias en el combate.

   El templo de San Luis se comenzó a construir en 1879 –en tiempos de fuerte laicismo, lo que demoró su construcción– y fue inaugurada el 27 de octubre de 1891 con la presencia del Arzobispo de Buenos Aires, Monseñor Federico Aneiros. En uno de sus laterales espera una sorpresa, una obra pictórica realizada por Cándido López, el famoso ilustrador y narrador de la Guerra de la Triple Alianza –con estilo naf–, que residió en la zona antes de dirigirse al Paraguay, a principios de la década de 1860, cuando apenas superaba los 20 años.

   La iglesia de la comunidad irlandesa recibe al visitante y solicita dádivas con carteles bilingües, en español e inglés. Inaugurada en 1932 –en el día que se cumplían 1500 años de la llegada de San Patricio a Irlanda–, su estilo neogótico es imponente y único. Al frente se destacan sus 18 gárgolas que representan a cuatro tipos de animales distintos, lo que ya llama la atención antes de ingresar a su maravillosa nave central la que es especialmente apreciada en reuniones especiales, como los días patrios. Esto es así porque la iglesia cuenta con el segundo órgano de tubos más importante de Sudamérica, con 4.700 tubos con carrillón que lo ubica solo detrás del órgano Cavaille-coll, de la basílica del santísimo Sacramento, del barrio porteño de Retiro, que cuenta con 4.983 tubos. 

   Fue traído de Alemania. La Parroquia pertenece a la comunidad palotina y por esa razón, guarda celosamente la memoria de los sacerdotes Alfredo Leaden, Alfredo Kelly y Pedro Duffau, y los seminaristas Salvador Barbeito y Emilio Barletti, palotinos secuestrados y asesinados en la iglesia porteña de la congregación en el episodio recordado como “masacre de San Patricio”, durante la última dictadura militar. Los palotinos también ofrecen una muy cuidada residencia para adultos mayores –lo que antes se conocía como “asilo de ancianos”—y colegios desde el nivel inicial, en las manzanas circunvecinas.

   Respecto de la fantástica catedral –también neogótica–, diré que es difícil de describir en pocas líneas. Dado que alberga la cátedra episcopal, oficia como cabeza de la Arquidiócesis de Mercedes-Luján. 

   El edificio actual fue construido en 1904 y declarado Monumento Histórico Nacional en 2010. Sus muros alojan los restos de don Saturnino Unzué y doña Inés Dorrego de Unzué, sus principales benefactores, lo que nos da la de la importancia de la relación de las grandes familias terratenientes de la región con la Iglesia católica.

   Pero la inmigración europea, que es aún notable en los descendientes y actuales pobladores de la ciudad, dejó también su impronta. La modesta iglesia protestante metodista “Dios es Amor” -en cuyo predio está también la antigua casa del pastor evangélico, de filiación socialista– es testimonio viviente de esa comunidad tan diversa y de origen plurinacional que dio vida a Mercedes de principios del siglo XX.

   Otros edificios notables que merecen visitarse en el casco céntrico son el del Correo, en una esquina cercana a la Plaza Central y, enfrente de ella, el Palacio municipal que comentamos en nuestra entrega anterior que, construido con “vista” de antiguo cabildo subsiste ahora sin la torre que la identificaba años atrás. También el Colegio Nacional, que ocupa una manzana completa, llama la atención por su magnificencia y su hermoso y amplio salón de actos.

Las estancias y el paso de los presidentes

   Como historiador, no puedo dejar de mencionar en estas líneas que en aquellos años que Cándido López vivió en campos de la región, recibió la visita del caudillo porteño y presidente Bartolomé Mitre y que se conserva el recuerdo del retrato que le hizo en la oportunidad. También el presidente Julio A. Roca visitó estancias de la región cultivando amistad con latifundistas e importantes productores agrarios. Como nos informa el historiador Carlos Alejandro Dagnino –que nos facilita un texto suyo de 2011 titulado “Santa Catalina, una estancia por donde pasó la historia”– la Santa Catalina tiene su origen en parcelas entregadas en enfiteusis en 1826 y por ellas surca un importante afluente del río Luján, lo que valorizó las tierras.

Tras la batalla de Caseros, la propiedad que es restituida a sus anteriores propietarios, la familia Frías –perseguidos antes por unitarios–, es vendida en parte de su sucesión a Félix de Álzaga originando la estancia Bella Vista, mientras otra parte de la familia Frías se asocia con Ernesto Tornquist en 1884 y es “cuando la cabaña adquiere prestigio internacional, sus ejemplares inauguran el ‘Herd Book Argentino’ (para la raza Shorthorn). 

   Sarmiento que visita el lugar en 1885 dejo impresiones de la magnitud de la cabaña que era considerada la segunda del mundo” en su especialidad. En 1891 la propiedad la adquiere Mariano Unzué, hermano de Saturnino. Su familia trae entonces a un maestro quesero suizo para “profesionalizar” la calidad de sus productos a la par que adquiere más terrenos aledaños. 

   “En 1902 –cito a Dagnino—se había proyectado un ambicioso plan de forestación bajo la dirección de Carlos Thays que no llega a concretarse en su totalidad, se proyecta un lago artificial y avenidas de plátanos hoy convertidas en calles públicas con los sucesivos parcelamientos”. 

   Desde 1892, por compra de la Municipalidad de los predios respectivos, se amplió el Parque Municipal independencia lindero a la franja anteriormente donada por Carlos Mariano Aldao Unzué en la ribera del río Luján”. ¿Y de dónde proviene su nombre? Es en homenaje a la hija de Pastor Frías, María Catalina Frías de Méndez Caldeira. Es observable, tanto por lo apellidos de los enfiteutas de la década del 20 como por los que acá leemos, que la comunidad era, en sus inicios, toda criolla de descendencia española. Desde 1850 eso cambiará rotundamente, como ya apuntamos.

   El Parque “viejo”, cruzado por las aguas del Luján, aún da cobijo a asaditos y pic-nics de fin de semana y al llegar a sus puertas se divisa --y se puede visitar—una antigua pulpería a la vera del camino fuera ya de uso, pero testimonio de un pasado vivo: su cancha para preparar el fuego al lado del asador o la “ruletita” peatonal de entrada para asegurar que los caballos esperen afuera, son elementos vivientes de un riquísimo pasado de aquella Mercedes progresista que alojó, en menos de cuarenta años, entre 1860 y 1900, nada menos que a Mitre, Sarmiento y Roca.

   “El retrato que hizo López de Mitre en 1862 –nos comenta Dagnino– se exhibe en el Museo Mitre de Buenos Aires” y el propio don Bartolo retornará a visitar la Estancia de Santa Catalina, ya como un anciano venerable, en 1902”. ¿Sarmiento dejó huella? Sí, también: a su paso, en 1881, fundó la Sociedad Protectora de Animales. ¿Y Roca? Él fue en tren de descanso como amigo muy cercano de la familia Unzué, una de las más ricas de la Argentina de principios del siglo XX.