Bahía Blanca | Lunes, 27 de junio

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Ercoli: “La docencia no te hace rico, pero te da otras satisfacciones”

Fue decano de la Universidad Tecnológica Nacional desde 2001 hasta este diciembre. Y ahora el consejo superior lo designó profesor emérito. La mirada de la educación, y de  la vida, con las perspectivas a través del paso del tiempo.

Dr. Liberto Ercoli, exdecano de la Universidad Tecnológica Nacional, en una imagen de esta semana con la escenografía de Bahía Blanca. / Fotos: Rodrigo García y Emmanuel Briane-La Nueva.

Guillermo D. Rueda /  grueda@lanueva.com

   “Si me dedicaba a la docencia sabía que no me iba a hacer rico, y que iba a galguear (sic) en más de una oportunidad, pero era mi vocación. Y lo haría de nuevo”.

   Para el Dr. Liberto Ercoli, los desafíos siempre estuvieron por delante y la diferencia la hizo con su capacidad de adaptación. Acaso como nunca, ahora atraviesa la más difícil.

   “Antes me iba a Sierra de la Ventana los sábados y los domingos y ahora estoy buscando los feriados largos en el almanaque. ¡Pero si puedo irme de martes a viernes!”, dice.

   “Lo cierto es que me he sacado la presión de la gestión y me doy cuenta de que tengo más tiempo. Es decir, más tiempo para pensar y menos para apagar incendios. Eso me gusta”, agrega.

   En estos días, el Dr. Ercoli comenzó a tomar clases de guitarra, y de tango junto a su esposa Marta, algo que siempre quiso, pero que nunca pudo.

   A poco de concluir, la gestión del Dr. Ercoli como decano de la Universidad Tecnológica Nacional —de 20 años, desde 2001 hasta este diciembre— ya es una de las más valoradas en los 68 años de historia de la UTN y, además, reconocidas en el ámbito educativo local, regional, nacional y, aun, internacional.

   A un currículum con distinciones y valoraciones académicas varias y variadas, la última semana sumó la designación de profesor emérito de la propia UTN. Es una buena excusa para comenzar la charla.

   —Dr. Ercoli, ¿qué significa esta distinción?

   —Es un título académico que, en cierta medida, reconoce a gente que la propia entidad cree que se lo merece.

   “Pero el premio es compartido con una comunidad que entendió hacia dónde teníamos que ir, ya que no hubo resistencia a esa elección. Uno pudo hacerlo porque todos ayudaron”.
—Se puede concluir que la UTN ha sido importante en sus ámbitos personal y profesional…

En un discurso del 14 de agosto de 2014, en una fecha especial.

   —Yo me realicé profesionalmente gracias a la UTN. Puse todas mis fichas y vivía ahí adentro. Siempre tuve conciencia de que la docencia no te hace rico,  insisto, pero te da otras satisfacciones.

   “Por otro lado, en lo humano me permitió tener una familia que nunca pasó privaciones, como la educación de mis hijos, una casa cómoda y demás. Por eso digo que la UTN me devolvió lo que yo invertí en ella. Ha sido una relación ganar-ganar”.

   —¿Quedaron planes pendientes?

   —Siempre quedan cuentas pendientes.

   “Por ejemplo: seguimos gestionando unas tierras enfrente de Vialidad Nacional, en Berutti y Montevideo. Allí hay dos manzanas, propiedad de VN, la excervecería Quilmes y privados y, con la gestión de Héctor Gay, avanzamos mucho en actuar sobre los particulares. Esa etapa ya concluyó y se compraron lotes. Sobre los de Quilmes se están haciendo gestiones ante el Gobierno provincial para su otorgamiento. Y en la Agencia de Bienes del Estado (ABE) tenemos trámites muy adelantados para que nos cedan una parte y así concluir todo en un campus moderno”.
Ercoli recuerda que la UTN posee cuatro sitios de acción.

   El principal está en 11 de Abril y Alem, donde sólo hay aulas. En la sede de Vialidad Nacional, en Montevideo al 300, se encuentran los laboratorios.

Uno de los espacios de la UTN, en Montevideo al 300.

   En el parque industrial hay una unidad de innovación y un centro de capacitación en oficios y, finalmente, está el campo de deportes de 6 hectáreas —donado por Jorge Bonacorsi—, ubicado detrás del Parque de Paz. En este sitio, denominado UTN Camp, se trabaja firme en un proyecto que se extiende a quincho, pileta y demás.

   —¿Qué fue lo mejor que le sucedió en la gestión?

   —Haber acreditado las carreras de ingeniería, las de grado y posgrado, incluyendo un doctorado en ingeniería, con las máximas calificaciones externas de calidad. Eso lo otorga la Comisión Nacional de Evaluación y Acreditación Universitaria (Coneau). El proceso empezó a fines de 2003. Y seguimos trabajando en este sentido, porque siempre pusimos foco en la calidad y no necesariamente en la cantidad (de carreras).

   “Cuando asumimos, en 2001, en plena crisis en el país, lo primero que dijimos fue: ‘Basta de la expansión hasta el límite de los recursos; ahora vamos por la calidad de lo que tenemos’. Y así empezamos a sumar grupos de investigación y a obtener dedicaciones exclusivas para gente que se doctoraba, un título que nosotros no teníamos.

   “Yo venía del Conicet y tenía esa visión académica; y así me rodeé de muy buenos colaboradores, entre ellos el ingeniero (Alejandro) Staffa, quien es el actual decano. Quienes estuvieron allí hicieron posgrados y, si no se doctoraron, concretaron maestrías, la mayoría en la UNS.

 

El Dr. Ercoli aparece junto al Ing. Mec. Alejandro Staffa, quien lo reemplazó en el cargo de decano de la UTN. Fue en la redacción de este medio, el 1 de abril de 2003.

   “Tecnología y educación eran paradigmas entonces. Y ahora, cuando llegó la pandemia, estábamos preparados. Ya teníamos aulas virtuales, compramos licencias de Zoom y salimos dando clases desde el primer día. Y eso porque teníamos la visión sobre lo que se venía.

   “Otra ventaja fue viajar por el mundo. Por ejemplo, para saber que a los libros les incluían un QR, el alumno lo escaneaba y sumaba ejercicios que no estaban en el texto. Y al regreso lo hacíamos acá.

   “Por ejemplo, mi libro de mecánica racional, que se usa en toda América Latina, tiene QR que va a contenido virtual, donde uno encuentra mis videos extendiendo las explicaciones y un canal de Youtube donde están las clases. Y así lo hacen muchos docentes, ya que no soy el único.

   —¿Y el peor momento?

   —En diciembre de 2001, cuando asumí. A los pocos días cayó el gobierno de (Fernando) De la Rúa.

El día de la asunción como decano de la UTN: 15 de diciembre de 2001, junto a Vicente Egidi.

   “Apenas arrancó 2002 no podíamos pagar los sueldos ni los servicios; no andaba la obra social. La gente hacía asambleas permanentes en el hall. Y había que dar respuestas”.

   —¿Cuál es su visión sobre el futuro de la UTN?

   —Hoy existe una humanidad que se basa, para su supervivencia, en las tecnologías. Podemos estar de acuerdo o no, y hasta discutirlo con algún ecologista, ya que a medida que se implementan van produciendo complicaciones como, por ejemplo, el efecto invernadero o calentamiento global.

   “¿Qué pasa? Cuando uno habla de medio ambiente, de provisión de agua, de salud y de energía, todo es ingeniería y por eso hay que trabajar en esa interrelación.

   “Pero hoy las carreras de ingeniería no están diseñadas para un mundo interdisciplinario que requiere soluciones. Si pretendo hablar de medio ambiente y soy ingeniero mecánico, me debo reunir con un abogado especializado para ver qué está pasando con las leyes; con un agrónomo para analizar qué agroquímicos se utilizan y saber qué pasa con el agua cuando esos productos llegan a un cauce, por ejemplo.

   “Es decir, hay que abrir las ingenierías a interdisciplinas. ¿Qué significa eso? Promover ingenieros que, además de competencias profesionales específicas, tengan de otro tipo, como sociales, emocionales y demás.

   “Hoy, el ingeniero debe hablar de empatía. A veces, el título tiene imagen de tipo duro y socialmente aislado para atender sus problemas. Hay que modificar ese paradigma”.

   —¿En qué cambió la educación en estos últimos años?

   —La educación fue atravesada por el mundo de la computación. Yo salí de la escuela industrial en 1971 con una regla de cálculo en el bolsillo, entré a la universidad y había una computadora que ocupaba todo un piso en el rectorado de Buenos Aires.

   “De repente, hoy le estás hablando al alumno de algo complejo y él, al mismo tiempo, está gugleando y te plantea inquietudes sobre la charla. Antes todo era con papel y, ahora, mis clases están siempre disponibles en Youtube”.

   —¿Es un impacto positivo?

   —Claramente. Esto no puede ir hacia atrás y debemos seguir sumando innovación para mejorar eventuales complicaciones de las nuevas tecnologías.

Bahía educativa
    —Desde el punto de vista educativo, ¿en qué lugar está Bahía Blanca?

   —Hay que separar la primaria y la secundaria respecto de lo terciario. A nivel universitario estamos en una escala superior en el mundo en calidad y cantidad de ofertas. Bahía Blanca es una plaza de calidad, marcada principalmente por la UNS, porque históricamente va hacia la calidad y nosotros seguimos ese ejemplo. Y las más nuevas, como la UPSO, tienen una presencia regional, así como las privadas de los salesianos siempre suman carreras.

   “Ahora, respecto de la educación secundaria en general, y de acuerdo al diagnóstico de lo que llega a la UTN, Bahía Blanca y la región, en general, no están bien”.

   —¿Lo vive como un proceso?

   —Sí, la destrucción de la técnica, lo que más sufre la UTN, empieza con este país de servicios que se imaginó (el presidente Carlos, 1989-1999) Menem, para quien los técnicos mucho no servían. Luego, en la época de Néstor Kirchner (2003-2007), se intentó recuperarlas a través del Instituto Nacional de Educación Tecnológica (INET), pero ya no volvieron esos maestros y profesores.

Carlos Vera y Ercoli, en la entrega de diploma a Alejandro Iglesias, el 1 de octubre de 2003.

   “También hay atraso, entiendo, porque no existe evaluación de los docentes. Los gremios lo ven como una discriminación y yo no coincido, porque uno evalúa para tener un diagnóstico y ver en qué se pueden educar mejor la docencia.

   “También la familia ha desertado de la educación, en general, y un poco por la situación económica”.

   —¿Cuál es la cultura de la UTN en este sentido?

   —De capacitación permanente para los docentes. En la faz informática educativa hemos sido pioneros.

   “Ahora trabajamos en competencia; es decir, cómo una materia trabaja sobre las competencias genéricas y específicas que debe tener el graduado. Una salvedad: para el tema de las capacitaciones también hay que tener en cuenta algunas limitaciones en los recursos”.

Sobre los jóvenes y el estado de bienestar

   —¿En qué cambiaron los jóvenes respecto de la educación?

   —Si no es el principal problema de las universidades, debe estar en el top 3: El ingreso, o el desgranamiento, y la retención.

   “Un promedio altísimo de alumnos que llega a la universidad no entiende, ni comprende, bien los textos. Una consigna de tres puntos a veces es difícil de resolver.

   “Antes, cuando uno llegaba a la universidad la clave era saber matemática. Hoy, hay que ver si pueden entender lo que se les pide. Es un cambio grande; se da en la mayoría.

   “Luego está el concepto de la satisfacción que da la tarea bien hecha; esto es, el del esfuerzo. En esto hay mucho relajamiento.

Escuchando el discurso de Carolina V.  Anníbali, quien recibió la medalla al mejor promedio de la 30ª colación de grados de la UTN. Fue el 9 de agosto de 2004.

   “Una prueba es que, en mi época, nos recibíamos en el tiempo que duraba la carrera, que era de 6 años, aun trabajando y hasta algunos casados con hijos. Hoy eso es impensable.
“También es cierto que existe un beneficio en lo personal. Nosotros nos criamos, como un deber ser, para no fracasar en un examen; eso era terrible”.

   —¿Qué hay en la mente de los jóvenes entonces?

   —Dicen: ‘Qué me voy a esforzar, quiero vivir la vida; ‘No quiero empezar a bailar a los 30 años, cuando me reciba, sino ahora, a los 18, 20, 22’. ¿Eso te puede retrasar en el estudio? Sí, posiblemente. Ahí es donde están más relajados.

   “También se aprecia en el prolongamiento de las carreras. En una ingeniería de hoy, que está diseñada para 5 años, el 20 % no llega a recibirse en ese tiempo, ya que el promedio es de 12 años. Antes, el 10 % no se recibía en término, pero hoy sucede eso con el 80 %”.

   —¿Cuál es su percepción respecto de quienes se van del país?

   —Yo viví el estado de bienestar y antes no se pensaba mucho en eso.

   “Salías de la universidad y te dedicabas a la parte profesional, donde siempre había trabajo, insisto: siempre, ya sea en la construcción o en las fábricas; o te dedicabas a la investigación y a la academia, como fue mi caso. Ibas a galguear (sic) en más de una oportunidad, pero era tu vocación.

   “¿Qué pasa ahora? Ni el título universitario te da la seguridad de una carrera. Es más, los chicos ya no buscan una carrera. Vos les decís que tienen que trabajar los domingos y que les vas a pagar por eso, y te dicen que renuncian; que se van a buscar otra cosa”.

   —Pero, ¿por qué dejan el país?

   —Porque en otros lugares, y las redes incluyen mucho, aprecian que la gente tiene una vida. Acá, para hacerte una casa, tener un auto y criar a tus hijos, debés contar con dos o tres trabajos, aun siendo profesional. En otros sitios esto no sucede, porque existe calidad de vida.

   “Los jóvenes ven que en otros lugares no sólo cobran más, sino que se vive mejor. Quieren tener un horizonte, que a sus hijos no los asalten por la calle, que puedan ir a bailar y que los padres no se preocupen”.

Algo personal

   Liberto Ercoli, de 71 años, es ingeniero mecánico y doctor en ingeniería. Nació en el barrio Villa Mitre.

   Está casado con Marta Susana Alvarez, psicóloga, a quien conoció cuando ella tenía 15 y él 17. “La volvería a elegir”, agrega al aporte de datos.

   Tienen dos hijos: Pablo Javier (40) es médico pediatra con posgrado en Barcelona. Se especializó en gastroenterología infantil. Vive en la ciudad de Granada con su mujer española y ambos tienen a Lucas (5); otro niño que viene en camino.

   Julieta Luz (38) es arquitecta. Vive en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA) y trabaja en el Ministerio de Obras Públicas.