Bahía Blanca | Sabado, 02 de julio

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La Biblioteca Rivadavia se debate entre el cierre y la transformación

“Siempre imaginé el paraíso como una especie de biblioteca”, dijo una vez Jorge Luis Borges. La acuciante realidad económica complica el futuro de uno de los lugares históricos de nuestra ciudad.

Fotos: Pablo Presti-La Nueva.
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Audionota: Danilo Belloni

Por Mario Minervino / mminervino@lanueva.com

   Resulta difícil asegurar que el actual sea el peor momento que le ha tocado vivir a la Asociación Bernardino Rivadavia y su biblioteca popular, acaso la más destacada de las instituciones de la ciudad. Pero sí que la situación que atraviesa nunca antes la ha puesto tan cerca de su disolución.

   Al menos eso es lo que se ha mencionado desde su consejo directivo, con la particularidad de que si la Asociación dejara de funcionar todos sus bienes pasarían a manos del estado municipal. 

   La realidad es que en sus 140 años de historia la entidad ha sorteado dificultades económicas de todo tipo, con un déficit que se fue agravando con el tiempo, para llegar al siglo XXI, el tercero que pisa en su existencia, donde además debe hacer frente a una mundo que ha sumado tecnologías revolucionarias en materia de comunicación y que exige una renovación de las prestaciones y servicios que este tipo de espacios ofrece a la sociedad.

   “La historia de Bahía Blanca está dentro de esta biblioteca”, señaló el actual presidente del Consejo Directivo de esa casa, el ex intendente municipal Jaime Linares, dejando en claro la trascendencia que la institución tiene como guardiana, por caso, de diarios y revistas desde 1882. 

   Más allá del significado cultural de una biblioteca para cualquier ciudad, Linares puso particular énfasis en la trayectoria de la institución, que abrió sus puertas cuando la ciudad no era más que una aldea de 2 mil habitantes, aislada en el sur de la provincia, anterior a la llegada del ferrocarril y a la habilitación del puerto de Ingeniero White. 

   “Son muchas las generaciones de bahienses que han pasado por sus instalaciones, que han estudiado en sus dependencias”, puntualizó.

   La modalidad operativa de ese tipo de biblioteca popular es resultado de una inquietud de Domingo Faustino Sarmiento, inspirada en los círculos de lectores existentes en los Estados Unidos y solventados con el aporte económico de sus socios.

   Precisamente ese esquema es el que hoy ha quedado obsoleto como sistema de financiamiento, al punto que muchas bibliotecas importantes del país, como las de Rosario, Mar del Plata o Córdoba, han pasado hace tiempo a depender del estado.

La situación es crítica 

   Linares calificó de “crítico” el momento que atraviesa la biblioteca, a partir de una cuestión estructural que se agrava año a año.

   “En 1985 teníamos 7 mil socios y 25 empleados, además de un casero que vivía en la planta alta. Hoy llegamos a 1.500, de los cuales el 75% tiene la cuota al día, con 11 empleados”, detalló Linares.

   Esto ha derivado en la necesidad de imponer varias restricciones, por caso la cual obliga a reducir el horario de funcionamiento de 10 a 17.

   La entidad enfrenta, además, el pago de moratorias previsionales desde hace más de 15 años, lo cual genera un proceso “gradual y constante” con un déficit que resulta ya insostenible.

   Sus ingresos se reparten en partes iguales entre lo recaudado con los socios, el alquiler del inmueble que fuera de Bunge & Born de avenida Colón 50, ocupado por el Departamento de Derecho de la UNS, y los aportes municipales a partir de la recaudación del estacionamiento medido y pago y el alquiler del auditorio de 400 butacas.

La búsqueda

   “Entrar es ascender. Luego el pasillo destinado/ A preparar el cuerpo a la liturgia del saber: ojos/que se aclimatan a la estoica luz, silencio erudito/ante el que se han de amilanar sonidos de afuera”. (Biblioteca Rivadavia, Sergio Raimondi)

   Para Linares la biblioteca tiene que reconvertirse en un Centro Cultural, con un horario ampliado de al menos 12 horas diarias. 

   “Esa es la idea que estamos trabajando en conjunto con la municipalidad, con quien venimos manteniendo reuniones constantes, buscando cómo desarrollar esa idea”, mencionó Linares.

   La necesidad de una modernización tiene que ver con los cambios que se han generado en la sociedad, que van desde las nuevas tecnologías, el acceso de la gente a los libros y una disminución en la práctica de leer, entre otras cuantas.

   “A 140 años de la creación de esta biblioteca estamos en un momento donde es absolutamente necesario generar un cambio de rol y pasar a crear un centro cultural. La historia de Bahía Blanca está dentro de esta biblioteca, en los diarios y publicaciones que atesora desde 1882 y que no se encuentra con ningún buscador en la web. Es un patrimonio público único, disponible no sólo para los socios. Por eso necesitamos trabajar en un nuevo perfil, generando más ofertas y actividades, desde donde podamos superar esta crisis económica e incluso apuntar a mejorar el edificio”, amplió Linares.

Un compromiso

   “Cuando se proclamó que la Biblioteca abarcaba todos los libros, la primera impresión fue de extravagante felicidad. Todos los hombres se sintieron señores de un tesoro intacto y secreto”, escribió, en La biblioteca de Babel, Borges.

   En julio la biblioteca cumplirá 140 años. Abrió sus puertas en 1882, en una sala de la vieja casa municipal, en calle Alsina, con 101 socios y presidida por Eliseo Casanova, a quien acompañaron, entre otros, Leónidas Lucero, Daniel Cerri, Daniel Aguirre, Lucas Abad, Juan Molina y Octavio Zapiola.

   Ese año fundacional, el ferrocarril que salía desde Plaza Constitución terminaba su recorrido en Azul, Julio Argentino Roca era presidente de la Nación, Domingo F. Sarmiento cumplía 69 años exiliado en Paraguay e Hipólito Yrigoyen celebraba sus 30 años. Bahía tenía sus calles de tierra y todavía no había elegido a su primer intendente. Datos sueltos para tener una perspectiva desde cuando está operativa.

   Junto con el aniversario habrá algunas actividades buscando sumar ayuda. 

   “Vamos a organizar una campaña de socios. Necesitaríamos sumar 2 mil socios –la cuota hoy es de 500 pesos— para así al menos cubrir los gastos. La propuesta es que se sumen socios apoyando a la institución, como parte de la historia personal de cada uno. Entiendo que tenemos una cultura de contraprestación y muchos hoy ya no concurren a la biblioteca y entonces no se asocian. Pero hacerlo es devolver un poco de todo lo que les dio y ayudar a sostenerla”, señaló.

   Mientras tanto, la entidad seguirá haciendo su máximo esfuerzo para mantener parte de los objetivos que con tinta china, plumín y prolija caligrafía, escribieron sus fundadores: “Tener una colección de libros, folletos, diarios, semanarios lo más variada posible para que todo el vecindario, sin exclusiones, puede instruirse con lo que le plazca”.

Gay: "Lucharemos por este ícono de la ciudad"

   Jaime Linares mencionó que si la situación económica no se revierte no es descabellado pensar en la disolución de la Asociación que sostiene a la biblioteca. Lo singular de esa eventual situación es que, según el reglamento de la entidad, “todos su bienes pasarán a la municipalidad”, vale decir que la biblioteca pasará a tener ese carácter.

   El jefe comunal, Héctor Gay, viene trabajando con los directivos de la biblioteca buscando una solución. 

   “Por un lado, estamos haciendo aportes para sostener su funcionamiento, con subsidios, parte de la recaudación de los parquímetros, el alquiler del auditorio y seguramente alquilaremos la propiedad de Bunge & Born cuando lo deje la UNS. Por otro, estamos considerando acciones alternativas y propuestas que permitan que la biblioteca mantenga su autonomía y funcionamiento”, detalló.

   “Es un icono de la ciudad, no se la puede dejar caer, hay que buscar ideas y encontrar una salida entre todos”, agregó.

Un verdadero laboratorio cultural

   Luis Caronti fue, al igual que su hermano Juan y su padre Felipe, socio fundador de la biblioteca. En vida hizo varias donaciones para sostenerla, incluso mobiliario y libros. No conforme con eso, al momento de su fallecimiento, en 1916, decidió donarle la mitad de sus bienes. 

   No resulta simple mensurar ese legado en dinero, ya que eran 196.493 pesos moneda nacional, que en la época sumaban “apenas” 83.000 dólares. Pero sí es significativa su importancia si se menciona que la entidad lo utilizó para construir el magnífico edificio que ocupa desde 1930 en la avenida Colón. 

   La obra, resultado de un concurso provincial de proyectos, tenía además una responsabilidad no menor: ser el primer edificio de la República diseñado para biblioteca.