Bahía Blanca | Jueves, 18 de agosto

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FMI: Alberto busca su puerta para 2023

La columna dominical de Eugenio Paillet, corresponsal de La Nueva. en Casa Rosada.

   El dato surgió como al pasar en una de las incontables reuniones que el Presidente ha mantenido con su equipo político para avanzar en los detalles y pormenores del proyecto que enviará al Congreso para convertir en ley el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional.

   No se trataría de un dato menor, habida cuenta de que en la Casa Rosada todos los funcionarios por igual están convenidos que en pleno arranque de la segunda mitad de su mandato, y con los problemas de todo tipo que ha tenido en los primeros dos años como consecuencia de la pandemia, la economía y el fantasma del default con los organismos multilaterales, sin contar los gruesos errores no forzados, Alberto Fernández tiene una sola oportunidad.

   La bala de plata para el Presidente es el acuerdo cerrado con el Fondo, y según es opinión mayoritaria entre sus colaboradores directos, ese éxito automáticamente le abriría la puerta para su siguiente desafío, que es ser reelecto el año que viene.

   “Si pasamos el acuerdo por el Congreso y firmamos con el Fondo, Alberto tiene asegurada la reelección en 2023” es, en suma, aquel “dato al pasar” que uno de los colaboradores del jefe de Estado dejó caer en medio de esas conversaciones en la residencia de Olivos de la que también participaba el ministro de Economía, Martín Guzmán.

   La mesa chica tiene, y no de ahora, una fe a prueba de balas. Son quienes insisten en que, mal que le pese a algunos comunicadores y a sectores de la interna que mantienen con el cristinismo duro, el albertismo, como se envalentonó uno de ellos, “ya podrían empezar a escribirlo sin comillas”.

   Claro que tienen objetores, empezando por la propia Cristina Fernández. Seguida por su hijo Máximo Kirchner y la tropa de La Cámpora. Además de los intendentes del conurbano bonaerense y del interior provincial que responden a la terminal del Instituto Patria, y hasta algún gobernador con licencia que no se baja de la idea de jugar su propio partido como Juan Manzur.

   Sergio Massa, reconocen a regañadientes esas fuentes al tanto de lo que está en juego, hoy por hoy no suscribiría a pie juntillas aquella idea de que el acuerdo con el Fondo termina casi con la interna partidaria y lo consagra a Fernández poco menos como “el candidato del Frente de Todos”. El titular de la Cámara de Diputados tiene sus propios planes para el año que viene y en ningún momento se ha bajado de su interés en pelear el boleto a la Casa Rosada.

   Para acercar un poco más de leña a la hoguera, un hombre que suele frecuentar el Senado y la sede del Patria dijo delante de un grupo de íntimos que en el caso de la candidatura presidencial de Alberto, en lo que a Cristina Fernández atañe, está cerrada. “No lo quiere, no es su candidato, va a elegir a otro” se despachó el dirigente que tiene estrechos contactos con los movimientos sociales.

   Vale escuchar de vuelta a uno de los hombres del Presidente: “Alberto ha dicho que el año que viene quiere ser elegido candidato a presidente en unas PASO del Frente de Todos en las que jueguen todos aquellos que quieran jugar, que tengan aspiraciones, pero no ha impuesto ni podría hacerlo su candidatura”.

   El mandatario, es cierto, pareciera no reparar en detalles de su gestión y que también tienen que ver con la relación interna del Frente de Todos que, salvo para él y su círculo íntimo, tornan complicado, para ser benévolos, que aquel deseo en las actuales circunstancias se pueda concretar.

   La semana anterior se entusiasmó con un par de encuestas que le acercaron en las que se notaba un cierto repunte en su imagen positiva, tal vez como resabio de aquel anuncio del acuerdo con el Fondo. Pero sus derrapes notorios durante su gira por Rusia, China y Barbados, y los esfuerzos poco disimulados para tratar de recomponer lo que el propio Fernández había puesto en riesgo con los Estados Unidos, parecieron volver a perdida aquellos números. A propósito, es un secreto a voces en la Casa Rosada los denodados esfuerzos que ha debido hacer el embajador argentino en Washington, Jorge Arguello, que se reunió dos veces esta semana con Alberto en Olivos, para tratar de desamar el desaguisado y encarrilar la relación.

   No es ninguna novedad a estas alturas escuchar a albertistas puros decir en privado que la cerrada defensa que hizo el Presidente de Cristina Fernández en la causa de la obra pública que la tiene procesada junto a Lázaro Báez, “le jugó en contra”.

   Todo termina más temprano que tarde en los esfuerzos por acordar con el Fondo. Sin ir más lejos habría que reparar en un dato sustantivo salido desde las propias entrañas de la coalición gobernante: Máximo Kirchner y la tropa de diputados que le responden han insistido en las últimas horas que firmar el programa de facilidades extendidas con el organismo por otros u$s 44.500 millones significa una “claudicación”, a la vez que “legitima” la deuda que contrajo Mauricio Macri.

   Le guste o no le guste al albertismo, dicen también que eso es lo que piensa Cristina Fernández.