Bahía Blanca | Domingo, 27 de noviembre

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Renta agrícola nacional: ¿con qué porción se queda el Estado?

El índice FADA de este octubre llegó al 61,3 %. La soja está en un tope de 67,7 %. El dato: incremento de la cantidad de impuestos que pagó una hectárea promedio desde la estimación de junio.

Guillermo D. Rueda / grueda@lanueva.com

   Si bien la participación porcentual de impuestos se ha mantenido en altos niveles históricos, la cantidad de impuestos —en pesos— que pagó una hectárea promedio entre la estimación de junio y octubre se incrementó.

   En el caso de la soja, los impuestos nacionales que paga una hectárea pasaron de 89.986 pesos a $ 104.056; en maíz de 54.480 pesos a $ 69.264; en trigo de 38.069 pesos a $ 41.527 y en girasol bajó de 42.693 pesos a $ 34.357.

   Se trata de la medición —publicada este octubre— que marca una participación de los impuestos sobre la renta agrícola del 61,3% para el promedio ponderado de los cultivos de soja, maíz, trigo y girasol, que publica la Fundación Agropecuaria para el Desarrollo de la Argentina (FADA).

   Así entonces, de cada 100 pesos de renta (valor de la producción menos costos) que genera una hectárea agrícola, $ 61,30 es lo que representan los distintos impuestos nacionales, provinciales y municipales.

   “Aquí queda claro que una mejora de precios, o una mejora en los rindes, se traduce en forma automática en un mayor nivel de recaudación fiscal, principalmente de impuestos nacionales como derechos de exportación e impuesto a las ganancias, que tiene una correlación directa con los ingresos y la rentabilidad”, explicó David Miazzo, economista jefe de la FADA.

   Mientras que el promedio ponderado de cultivos a nivel nacional es de 61,3 %, la participación del Estado en soja es del 67,7 %; en maíz del 53,4 %; en trigo del 50,9 % y en girasol del 49,9 %.

   “Este indicador se publica normalmente en el mes de septiembre, pero para evitar las distorsiones creadas por el denominado dólar soja se decidió, en forma excepcional, postergar la publicación hasta el corriente mes”, añadió.

   “El índice de octubre es 0,2 puntos porcentuales más bajo que el de junio, traccionado por una leve mejora en los rindes esperados en el cultivo para la campaña 22/23, en base a las primeras estimaciones de la campaña gruesa”, sostuvo.

En el caso de la soja, el indicador bajó de 68,4 % a 67,7 %; en maíz de 53,9 % a 53,4 %; en trigo subió de 50,4 % a 50,9 % y en girasol creció de 44,8 % a 49,9 %.

   Respecto a septiembre del año anterior, el índice bajó del 63,6 % al actual 61,3 %, donde opera principalmente una mejora de precios, en especial en trigo.

Tipo de cambio y costos

   Contra septiembre de 2021, el incremento nominal del tipo de cambio oficial fue del 51,3 %, pasando de 98,21 pesos —por dólar— a $ 148,57.

   En términos de tipo de cambio real, descontando los efectos de la inflación, en este periodo cayó un 21 %.

   Medido a precios de octubre del corriente año, el tipo de cambio de septiembre de 2021 era el equivalente actual de 187,54 pesos, cuando el de septiembre de 2021 era de $ 217,97.

   “Esto significa que el tipo de cambio se ha atrasado respecto de la inflación, incrementando los costos de producción al medirlos en dólares. Se trata de un escenario malo para cualquier actividad exportadora”, agregó Nicolle Pisani Claro, también economista de la FADA.

   “Para ejemplificar, el costo de la siembra se encareció un 66 % en dólares en los últimos dos años, mientras que los fletes se encarecieron un 88 % en dólares”, sostuvo.

“Esto sucede con todos los costos pesificados. Y es la consecuencia típica de los procesos de atraso cambiario: los costos en pesos comienzan a encarecerse al medirlos en dólares”, explicó Pisani Claro.

   “Aunque en la situación actual se potencia con otro factor: el efecto del cepo importador, que encarece el precio interno de los productos importados”, dijo.

   “El cepo tiene impacto directo sobre insumos clave para labores y fletes como neumáticos, repuestos y precio de los camiones y maquinarias”, añadió Pisani Claro.

   En cuanto a los costos de insumos, los fertilizantes —de acuerdo con la FADA— son los que vienen presentando las mayores subas —en dólares— desde principios de 2021.

   La urea, y los nitrogenados en general, han cedido levemente, para terminar con un incremento del 84,9 % en dólares respecto a septiembre de 2021.

   El PDA, y los fosfatados, respecto a septiembre de 2021, muestran una suba del 44,6 % en dólares. Si se compara contra septiembre de 2020, el precio del PDA se ha incrementado un 176 % y el de la urea un 119 %.

   “Si se analiza la estructura de costos de los cultivos de acuerdo con la moneda en la que están expresados, se puede identificar que un 49 % de los costos de una hectárea de soja están estrictamente dolarizados, mientras que el restante 51 % están pesificados”, explicó la economista Natalia Ariño, también de la FADA.

   “Si se considera el costo de la tierra dentro del esquema de costos, aquellos que son dolarizados en una hectárea de soja pasan a representar el 62 %”, agregó.

   “En el caso del maíz, como los fertilizantes y semillas tienen más peso que en el caso de la soja, los costos dolarizados ascienden al 54 % de la estructura, mientras que los pesificados alcanzan el 46 %”, dijo.

   Si se analiza el costo de la tierra, el peso de los costos dolarizados asciende al 61 %.

   “Tanto en soja como en maíz y, como consecuencia directa del atraso cambiario, se evidencia un aumento en la participación de los costos pesificados”, comentó Ariño.

Acerca de los precios

   De acuerdo con el informe de la FADA, en los últimos dos años hubo una mejora sustancial de precios internacionales.

   En primer lugar impulsada por la política monetaria de los Estados Unidos y de los principales bancos centrales del mundo y, luego, por la guerra Rusia-Ucrania, con mayor impacto en el trigo y el girasol.

   “Sin embargo, así como hubo una mejora de los precios internacionales, se dio una baja abrupta del tipo de cambio oficial real, lo que afecta de manera negativa la competitividad cambiaria de la producción agrícola”, sostuvo Miazzo.

   “Para este año se esperaba que el tipo de cambio siguiera más de cerca a la inflación, pero la tasa mensual de inflación también saltó para ubicarse en un nuevo escalón, por lo que el tipo de cambio continúa evolucionando por debajo”, agregó.

El federalismo fiscal

   El 61,3 % de participación del Estado está compuesto por impuestos nacionales, provinciales y municipales.

   Los impuestos nacionales no coparticipables representan el 66,8 % del total que afronta una hectárea agrícola en Argentina.

   La composición central de estos impuestos son los derechos de exportación (DEX), a los que se les suma el impuesto a los créditos y débitos bancarios.

   Los impuestos nacionales coparticipables entre el Estado nacional, y los Estados provinciales, representan el 28,2 % de los impuestos medidos. Aquí se destaca, principalmente, el impuesto a las ganancias (neto del impuesto a los créditos y débitos) y los saldos técnicos de IVA.

   Las provincias reciben parte del 28,2 % como coparticipación y, también, recaudan diversos impuestos.

   En el índice FADA se consideran el impuesto inmobiliario rural, el impuesto a los sellos y el impuesto a los ingresos brutos con una alícuota reducida, ya que ni Córdoba ni Santa Fe, por ejemplo, cobran este impuesto. Así, los impuestos provinciales explican el 4,6 % de los impuestos totales.

   Por su parte, los impuestos municipales representan el 0,4 % de los impuestos en el índice FADA promedio nacional.

   En provincias que cobran estos impuestos, la participación es mayor. El componente central son las tasas viales o las guías cerealeras, de acuerdo con cada provincia.

   “Como la mayor parte de las tasas municipales y el inmobiliario rural son impuestos fijos que se actualizan a comienzos de cada año, con la devaluación suelen ir disminuyendo su participación en el total”, aseguró Miazzo.

   “Un tema recurrente en este reporte es el federalismo fiscal de un esquema donde la mayor parte de los impuestos son nacionales no coparticipables, en una actividad que, por definición, es federal y está arraigada regionalmente”, sostuvo.

   “Así, la vigencia de los derechos de exportación impacta de manera negativa sobre el federalismo por tres vías”, dijo.

   “La primera es que se incrementan los recursos no coparticipables en manos de Nación; la segunda, se reducen los recursos coparticipables por reducción del impuesto a las ganancias y la tercera es por los recursos que salen de las regiones productivas en el marco de la existencia de derechos de exportación”, detalló Miazzo.

La diversidad de los índices provinciales

   Mientras el índice FADA nacional es de 61,3 %, Córdoba registra un 61,6 %; Buenos Aires, el 59,8 %; Santa Fe, el 59,4 %; La Pampa, el 60,5 %; Entre Ríos, el 62,6 % y San Luis, el 60,3 %.

   En estos resultados se conjugan los rindes, los impuestos provinciales y locales y los fletes, que generan efectos diferenciados sobre cada uno de los cultivos. Del mismo modo, la participación de cada cultivo en el área sembrada de cada provincia.

   En los casos de Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe y La Pampa se consideran los cultivos de soja, maíz, trigo y girasol, utilizando sus participaciones en la superficie sembrada, para luego calcular los números de una hectárea promedio de cada provincia.

   Para el caso de San Luis sólo se consideran soja y maíz, ya que explican el 95 % del área. Para Entre Ríos se consideran soja, maíz y trigo.

   Para cada caso se utilizaron los rindes estimados para la presente campaña, y los costos de producción de labores e insumos necesarios para esos rindes promedio en cada región.

Los impuestos nacionales van en línea con el valor de la producción y con la rentabilidad en cada provincia, por lo que son más altos en términos absolutos en Santa Fe, Córdoba y Buenos Aires, y más bajos en San Luis, La Pampa y Entre Ríos.

   De acuerdo con el informe de la FADA, los impuestos provinciales presentan divergencias.

   En el caso de Buenos Aires, significan unos 4.912 pesos por hectárea. La mayor parte es inmobiliario rural y el resto ingresos brutos e impuesto a los sellos.

   La alícuota de ingresos brutos es del 1 %. Este monto por hectárea es un promedio provincial, ya que en la zona núcleo el inmobiliario rural casi que triplica el promedio provincial. Esto sucede en todas las provincias, con grandes diferencias regionales en el valor de los inmobiliarios rurales.