Un tsunami que sacude los cimientos más profundos del kirchnerismo

13/9/2021 | 00:01 |

La columna de Eugenio Paillet, corresponsal de La Nueva. en Casa Rosada.

   La dura derrota que sufrió ayer el Frente de Todos en casi todo el país, con una foto absolutamente emblemática como es la caída en la madre de todas las batallas en la provincia de Buenos Aires, planteaba antes que ningún otro análisis entre los estrategas oficiales una cuestión que puede ser de resolución inmediata. Qué efectos, y de qué envergadura, que de eso se trata, tendrá en la estabilidad a veces abrochada con alfileres en el oficialismo, entre Cristina Fernández y su delegado en la Casa Rosada.

   De hecho, el dato se agiganta, antes de avanzar en otros pormenores, porque si hay algo que salta a la vista tras el tsunami de votos contra el kirchnerismo que campeó en 17 de 24 provincias, incluyendo la mismísima Buenos Aires y Santa cruz, nada menos que el feudo por excelencia de los Kirchner, es que no hubo plebiscito ciudadano a favor de la gestión de Alberto Fernández, que era tal vez el mayor objetivo perseguido por el presidente.

   “Catástrofe” fue una palabra en boca de algunos funcionarios de la Casa Rosada medida que se ratificaban los números en la emblemática provincia de Buenos Aires. En especial porque esos mismos voceros, cercanos al presidente, aseguraban en las horas previas que cualquier triunfo menor a cinco puntos de diferencia entre el Frente de Todos y Juntos por el Cambio en la provincia, sería considerado como “una derrota”. Al cierre de este despacho, la victoria era de la oposición justamente por esa cifra, unos cinco puntos. Mayor contratiempo imposible, reconocían los mismos funcionarios. 

   Una primera mirada al mapa electoral que sobre la media noche se dibujaba en todo el país permitiría sostener casi sin margen de error que lo que hubo en las PASO fue por encima de todo un claro voto castigo al gobierno. Por su mal manejo de la pandemia y la propaganda oficial que pretendía demostrar lo contrario. Un “voto bronca” de la gente que perdió su trabajo, que cayó en la pobreza, que debió asistir al mismo tiempo a espectáculos como el vacunatorio VIP o el OlivosGate, pero por encima de todo  por la existencia de cinco millones y medio de contagios y más de 112.000 muertos por Covid, sumado a una inflación que golpeó directamente los bolsillos de millones de hogares.

   Anoche mismo se reprochaba en las cercanías del Complejo C de Chacarita, donde el Frente de Todos estableció su cuartel general, algunas estrategias del oficialismo, sin entrar a marcar si se trató de responsabilidades de Cristina o de Alberto, o compartidas, como la designación de Tolosa Paz como cabeza de lista, para muchos “un mal invento” del presidente que Cristina soportó para no agigantar su enojo con el gabinete que no funciona o con su pedido para que Alberto “ponga orden donde tenga que ponerla”. Peor todavía, la decisión de colocar al ex ministro de Salud, Daniel Gollán, como segundo de la lista, un personaje claramente repudiado en todas las encuestas previas por su mal manejo de la pandemia y su discurso de barricada antes que basado en argumentos profesionales durante la pandemia.

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   Un ejemplo que vale más que cualquier análisis es lo ocurrido en La Matanza: allí el kirchnerismo ganaba a la medianoche faltando pocos votos por escrutar por ocho puntos de diferencia, cuando en elecciones anteriores obtuvo victorias por paliza sobre la oposición que se le presentara por más de treinta puntos.

   La demora en salir a enfrentar al periodismo de parte del presidente y el resto de los candidatos en el bunker de Chacarita era cerca de la medianoche un dato elocuente del clima que se vivía puertas adentro. “Cristina está furiosa con todos”, arriesgo un dirigente peronista de la zona sur que estaba en el lugar y que participó de algunas reuniones urgentes de evaluación de los daños sufridos.

   El dato que además se esgrimía no es menor para mensurar el tsunami: el peronismo perdía la provincia a manos de Juntos pese a que por primera vez en décadas fue unido a las urnas, más allá de la lista referencial de Florencio Randazzo. Hubo además quejas contra la persistencia de Kicillof en denunciar todo el tiempo la herencia de Vidal, mientras los problemas se amontonaban a las puertas de su despacho. El gobernador apareció por momentos más preocupado por los destinos de Martín Guzmán que en lo que pasaba en la provincia.

   Del mismo modo aparecieron los primeros reproches contra el presidente en la misma dirección, luego que se resolviera como estrategia central embestir contra Mauricio Macri, hacerlo responsable hasta dela pandemia, cuando las encuestas demostraban que a casi dos años de gestión, la gente empezaba a culpar a este gobierno, y no al que se fue, por sus padecimientos diarios.

   Alberto pareció anoche, en las palabras y los gestos y tras reconocer que escucharon el dictado de las urnas y que corregirán lo que haya que corregir, el padre de la derrota. A su lado, Cristina tampoco disimuló su contrariedad. La adustez de Sergio Mazza fue otro claro síntoma. 

   La idea de que la de ayer fue una gran encuesta nacional y que en noviembre el gobierno va a ganar, sonó a poco.

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