Mucho más que dos opciones

13/6/2021 | 06:45 |

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Por
Guillermina Rizzo

   En 2015, Tomer Ullman, del Departamento de Ciencias Cerebrales y Cognitivas del Instituto de Tecnología de Massachusetts, publica su tesis doctoral sobre la naturaleza y el origen de las teorías intuitivas.

   A grandes rasgos, desarrolla modelos computacionales formales de teorías intuitivas, en particular la física y la psicología intuitivas, que forman la base del razonamiento del sentido común.

   Según este investigador somos “moldeados” para elegir en la mayoría de las ocasiones entre “lo menos malo”, ante circunstancias optamos por opciones que no nos agradan por completo y generalmente esas opciones son dos.

   Pensemos y revisemos las veces que hacemos una elección y se nos presenta un verdadero dilema; alcanza con mirar a nuestro alrededor para ver algunos ejemplos: ¿Salud o economía? ¿Progresistas o conservadores? ¿Virtual o presencial? ¿Izquierda o derecha? ¿Naftero o eléctrico? y podríamos continuar con ejemplos triviales y también profundos.

   Según esta teoría intuitiva se genera un tipo de razonamiento que luego se aplica a todas las situaciones. El mundo y la realidad se conciben en blanco y negro y esta limitante y acotada paleta de colores es impuesta, heredada y hasta aprendida; la clave es que la frustración siempre está presente.

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   Inclinarse por el mal menor, por lo menos malo, apostar por “no queda más remedio” genera dudas, conflictos, desencanto y hasta una sensación de fracaso; a su vez ante pocas alternativas las posibilidades de análisis y reflexión también se reducen.

   Forma sutil de manipulación social que se reitera y es difícil de advertir y de escapar ya que alcanza con detenerse a observar conversaciones, discusiones y hasta disputas para notar que siempre prevalecen dos posturas, y aquello que pudiera aportar otra mirada no tiene lugar.

   Se invierten y malgastan recursos cognitivos y tiempo en análisis estériles, poco innovadores, sin poder ver más allá o hasta más lejos del propio ombligo, pues otras alternativas además de nuevas respuestas ofrecerían soluciones satisfactorias.

   Desaprobar un examen no significa que jamás se logrará la graduación, terminar una relación no significa quedar solo para siempre, perder un empleo no implica no poder emprender… Ejemplos en los que hay más de dos opciones abundan, sólo que este modelo de razonamiento está arraigado.

  Animarse a cruzar ciertos límites, evitar caer en un falso dilema, sortear dicotomías impuestas y registrar las emociones evitando que ellas nos gobiernen permiten alejarnos paulatinamente de la frustración y el agobio que a veces conlleva elegir.

   En Psicología ante situaciones en las que se deben tomar decisiones “invitamos” a que se escriban o enuncien todos los escenarios posibles, la premisa es que sean más de dos, y la pregunta que siempre hacía Silvia Baeza ex Decana de la Facultad “¿qué es lo peor que puede pasar?” aliviana cualquier decisión.

   Concibo a la satisfacción como un derecho, como algo esencial para nuestro bienestar, siempre hay más de dos opciones y resignarse a elegir los menos malo o el mal menor es lo peor que te puede suceder.

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