Bahía Blanca | Jueves, 18 de agosto

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Día de la Memoria: la mirada del director de "La Nueva." de cara al 24 de marzo

“Hoy no somos aquel diario que apoyó la dictadura militar”, dijo Gustavo Fabián Elías, Editor Responsable de La Nueva.

Por Gustavo Fabián Elías (*)

   A pocos días de conmemorarse otro 24 de marzo y a más de cuatro años de haberme hecho responsable editorial de este centenario diario, siento la necesidad de ofrecer a los lectores algunas de mis convicciones más arraigadas. 

   He sabido desde siempre que el trabajo es la esencia de todas las transformaciones. Y en esta época empiezo a vislumbrar, con esperanza, que el trabajo puede ser también una luminosa herramienta de redención.

   Para explicar este sentimiento debo remontarme a los últimos años de la dictadura cívico-militar. En ese tiempo, yo rondaba los veinte años y, como cualquier joven, mi horizonte estaba orientado por la libertad y el rechazo del autoritarismo.

   Quería progresar y, además, hacerlo en mi país.

   En lo inmediato, mi anhelo más palpable se cifraba en el cobro de la quincena: yo trabajaba en una obra en construcción y, en mi función de ayudante, intentaba acumular la mayor cantidad posible de horas extras. 

   A veces lograba vender un plan de ahorro y de ese modo satisfacer las necesidades de la familia que empezaba a forjar por entonces. 

   Mi primer hijo nació en 1981 y el desafío era buscar oportunidades que aumentaran mis ingresos y fueran cimentando nuestra situación.

   Debo decir que jamás leí un libro sobre cómo convertirme en empresario. Tampoco tuve un manual que me diera la clave para tener éxito . De hecho siento que soy un hombre construido sobre sus fracasos, aun cuando los éxitos los hayan superado. Mi único método fue fortalecer el ánimo para hacer cosas. En ocasiones dedicarme a más de una a la vez. El eje era proponerme un resultado y no detenerme hasta conseguirlo.

   Confieso que viví intensamente cada uno de mis proyectos. Cuando uno es un hombre de empresa entiende mejor que nadie aquello de "vivir el presente". Todo el proceso se va desplegando paso a paso. Se trata, por ejemplo, de comprar una máquina, poder pagarla, mantenerla funcionando y hacer que el producto se venda.

   A partir de ahí, concebir una mejora y tener la necesidad (y la alegría) de contratar personas. Desde ese punto de partida se puede ir conformando un equipo que, con el trabajo conjunto, logre el objetivo básico de vivir sin sobresaltos, y pueda pensar en expandirse. O sea, la puesta en marcha de un  proyecto, su funcionamiento eficaz y el ulterior crecimiento trazan el perfil de la actividad productiva. Esa utopía nos insume toda nuestra energía y todo nuestro tiempo. 

   Pero para que esa dinámica sea posible es fundamental la existencia de un Estado que también funcione armónicamente. Y para que eso ocurre tiene que existir sobre la base de un sistema. Creo sinceramente que la democracia es el mejor de los sistemas para garantizar esas metas.

   Suelo decir que no es mucho lo que sé de historia. Alguna vez me dijeron que un empresario no sabe de historia justamente porque está ocupado construyéndola. Entiendo que la explicación tiene cierta carga de soberbia. Pero debe reconocerse que en ella hay algo de razón. Porque lo que define a un empresario es, ni más ni menos, que hacer cosas y al mismo tiempo propiciar que los demás las hagan. Por eso es que cuando un proyecto se detiene, o cuando las dificultades se acumulan hasta conducir a la parálisis, un empresario sufre la peor de las frustraciones porque lo que se pone en juego es su propia condición, su razón de ser.

   El desafío de hoy es estar al frente de un diario. Esto me ha llevado a escuchar una multitud de voces y, en consecuencia, ir aprendiendo de historia sobre la marcha. En esa cantidad de expresiones he visto en muchos el disfrute pleno de zambullirse en la historia. Pero también he reconocido con tristeza otro paisaje: el de aquellos a quienes los avatares de nuestro recorrido como Nación les han provocado un enorme sufrimiento. Sé que para ellos ese dolor es una carga que no pueden quitarse del alma. Reciban mi respeto y mi solidaridad.

   Avanzando desde ese complejo pasado, mi sueño presente es que el diario de la ciudad y la región sea el noble territorio de discusión para definir un modelo de progreso. Que forjemos aquí un ámbito con la consigna de hacer, hacer y hacer.

   Somos concientes de la necesidad imperativa de sustentarse en un sistema de valores morales y espirituales. Y, del mismo modo, entendemos el carácter decisivo de resolver lo material y generar el sustento que nos permita vivir dignamente en el marco de aquellos valores.

   Una comunidad que aspire al futuro debe empeñarse en esta verdadera epopeya cotidiana y no hay desarrollo posible en una sociedad que no logre sanar sus heridas.

   Nuestra tarea desde el diario apunta justamente a combatir las adversidades que aquejan a la gente, enfrentando los flagelos que la acosan. Y la mejor forma de empezar a resolver los problemas es darlos a conocer y abrir el espacio para el desarrollo de aquellos que tiene las mejores propuestas de solución. Por allí pasa el deber de denunciar el narcotráfico, el crimen organizado y cualquier otra actividad ilícita que le robe el futuro a nuestros hijos.

   “La Nueva Provincia” fue un verdadero pilar del desarrollo en esta región. La voluntad de su fundador y sus continuadores era apuntalar el progreso junto a su comunidad. 

   Los fieles lectores de estas páginas tienen plena conciencia de esto. Y además saben que ha llegado el momento de reformular una visión integradora para seguir labrando un destino y reforzar una identidad para Bahía Blanca, la región y el país.

   Sin embargo, creo también que la decisión de aquellos que apoyaron y fueron funcionales desde las páginas del diario a la dictadura militar que tomó el poder entre 1976 y 1983 cometieron un enorme error histórico y un fallo moral de una gravedad mayúscula. 

   Y afirmo con plena convicción que hoy no somos en modo alguno aquel mismo diario que felicitaba la tortura y la muerte de militantes sociales y políticos.

   Hoy en La Nueva. no existe el menor espacio para la oscura intención de fomentar el arrebato de las libertades democráticas. Tenemos, en cambio, la clara voluntad de promover la unión de la ciudad, la región y su gente. Apoyar su empuje y progreso sobre la base de la transparencia y la verdad.

(*) Editor Responsable de La Nueva.