Bahía Blanca | Miércoles, 28 de febrero

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Bahía Blanca | Miércoles, 28 de febrero

Escenario político: la discusión para dividir a la provincia de Buenos Aires es ahora

Un proyecto de Esteban Bullrich propone crear 5 nuevas jurisdicciones sobre el actual territorio bonaerense, una de ellas con capital en nuestra ciudad. Se trata de un viejo anhelo regional pero, sobre todo, de una necesidad cada vez más imperiosa.

Gobernación bonaerense, con sede en La Plata.

Maximiliano Allica / mallica@lanueva.com

   Ningún bahiense se siente bonaerense. No hace falta una encuesta, es casi imposible encontrar a un habitante de esta ciudad que defina su identidad por la referencia provincial. Bahía Blanca tiene muy poco que ver con los centros más poblados del AMBA, incluso con distritos más pequeños que lindan con el sur cordobés, santafesino o entrerriano. Tampoco con localidades como Mar del Plata.

   El bahiense se siente bahiense, no bonaerense. Probablemente quepa la misma lógica para los puntaltenses, tresarroyenses, villarinenses o maragatos. Igual que los dorreguenses, pringlenses o azuleños. La Plata es una ciudad que queda lejos y tiene una sede de Gobernación donde nadie prioriza los intereses de esta región sino que mira con mayor atención las necesidades de los núcleos urbanos más poblados y cercanos.

   Es más, tiene lógica que piensen así. Es su zona de influencia y pertenencia, por lo tanto esa inclinación, lamentablemente para el resto de los comprovincianos, es válida, hasta por conveniencia electoral. Y esto cabe para la dirigencia de cualquier partido político.

   Hoy existe una división de hecho en la Provincia. El gobierno bonaerense organiza al territorio en dos: AMBA e interior, conceptos que utilizó repetidamente durante la gestión de la pandemia. El Conurbano se toma como un continuo, el interior es otra cosa.

   Por cierto, una cosa bastante amorfa: el "interior" abarca realidades tan disímiles como la de San Nicolás de los Arroyos al norte, de Saladillo y Olavarría al centro, o de Pedro Luro al sur. Se trata de una división grotesca, excepto por un detalle. En el AMBA viven dos tercios de los habitantes de la Provincia. El "interior" es el resto, bastante menos significativo y encima muy disperso.

   En estos días se conoció un nuevo proyecto para dividir a la provincia de Buenos Aires. Lo promueve Esteban Bullrich, senador nacional que acaba de renunciar por enfermedad, pero lo defiende junto con un importante grupo de trabajo.

   Propone fraccionar Buenos Aires en 5 nuevas provincias: Provincia de Buenos Aires del Norte (con capital en San Nicolás y una población global estimada en 2,2 millones de personas), Provincia de Buenos Aires del Sur (sede en Bahía y 1,3 millones), Provincia de Buenos Aires Atlántica (Mar del Plata, 1,2 millones), Provincia de Luján (capital Luján, 6,2 millones) y Provincia del Río de la Plata (La Plata, 6,5 millones).

   No es la primera vez que surgen ideas similares. Van desde el viejo proyecto de Carlos Pellegrini para crear una nueva provincia con epicentro en nuestra ciudad hasta propuestas más recientes que apuntan a dividir a la inmensa Buenos Aires en 3.

   En cualquier caso, el notable eco que tuvo el proyecto de Bullrich para reorganizar a la "provincia inviable" es una oportunidad que esta región no puede desaprovechar para sostener y expandir la discusión, que no sea una mera idea atrevida pero irrealizable.

   El futuro de esta zona depende, en buena medida, de contar con mayor grado de autonomía. Una provincia con autoridades propias, fisco propio y políticas de desarrollo propias pueden excitar un crecimiento taponado por una burocracia lejana.

   Desde ya que una iniciativa de este porte invita a discutir el gasto que implicaría, en un país con las cuentas públicas totalmente desequilibradas. Por tomar el caso regional, habría que crear una gobernación, ministerios y una Legislatura, así sea unicameral. Va a ser difícil convencer a muchos de que ese agregado de gasto público puede resultar útil.

   De todos modos, no hay que perder de vista que el andamiaje burocrático provincial, así como está, resulta bastante inútil para quienes viven en el sudoeste bonaerense y tienen que esperar a que sus trámites sean resueltos en La Plata. Cualquier precio que hoy se paga en impuestos es caro si las respuestas nunca llegan o lo hacen demasiado tarde.

   A eso se puede añadir que muchos de quienes se oponen a esta reforma, bajo el argumento de no aumentar el gasto público, viven en la región más subsidiada de Argentina: el AMBA. Y hay otros que habitan en provincias que reciben por coparticipación mucho más recursos de los que aportan. Son beneficiarios del desequilibrio.

   Habría que hacer bien las cuentas, pero quizás alcance con redistribuir algunos recursos para reacomodar toda la estructura.

   En términos de pensar nuevas configuraciones más allá de las autoridades políticas, la Justicia o la Policía no serían tanto el problema porque ya existen organismos regionales que funcionarían como base. Lo mismo en el plano de la educación y la salud.

   Un dato clave de cualquier proyecto de división de la PBA es la coparticipación nacional. La Provincia es la que más contribuye a esa torta pero proporcionalmente una de las que menos recibe. Recuperando apenas algunos puntos se podría resolver el rearmado.

   En caso de darse la división, las nuevas provincias pasarían a manejar fondos de manera directa para aplicarlos con criterios regionales.

   En la Buenos Aires del Sur sería virtuoso potenciar el agro y el complejo portuario, así como promover a las empresas de base tecnológica y a las pymes en general. También estimular el sistema de zonas francas y otorgar mayor visibilidad a los corredores turísticos.

   Incluso, las medidas sanitarias en una pandemia se podrían discutir con otros razonamientos, que no tienen por qué ser iguales para Cabildo y Mayor Buratovich que para Ramos Mejía o San Andrés de Giles.

   También sería fundamental la representación que ganaría cada una de las nuevas provincias en el Congreso Nacional, donde se define el reparto presupuestario y se puede pulsear por más y mejores obras.

   Buenos Aires del Sur tendría 1,3 millones de habitantes y estaría entre las jurisdicciones más pobladas de Argentina. Es más, hoy la Sexta Sección, que comprende 22 distritos y es de menor escala que la provincia propuesta por Bullrich, cuenta con más de 700 mil habitantes. Este número es superior a la cantidad de gente que vive en 12 de 24 provincias argentinas.

   Sin embargo, Bahía y zona casi no tienen representación en la Cámara de Diputados de la Nación. Sobre un total de 70 escaños bonaerenses, actualmente solo posee una banca la radical Karina Banfi, nacida en Bahía pero que no construyó su carrera aquí. Y en el Senado es un milagro que llegue alguien de estas tierras. En toda la historia institucional argentina, apenas pudo lograrlo Jaime Linares en 2011, gracias al segundo puesto en las elecciones presidenciales de ese año de Hermes Binner, a quien acompañaba en la boleta.

   Si fuéramos provincia nueva, tendríamos tres senadores nacionales al igual que cualquier otra, además de un proporcional ajustado por población en los diputados, cuerpo que no sería necesario agrandar, sino que bastaría con redistribuir las bancas actuales. El nivel de sub-representación regional en el Congreso es intolerable. Y, de nuevo, ahí se juega buena parte de la distribución de los recursos.

   Otra comparación: los partidos de Bahía Blanca y Coronel Rosales, casi un aglomerado urbano, tienen similar o mayor cantidad de habitantes (alrededor de 400 mil) que las provincias de Catamarca, La Rioja, Santa Cruz, Tierra del Fuego y La Pampa, todas con un peso legislativo mucho más sensible en función de su potencial demográfico.

   Para que estos proyectos de provincias nuevas prosperen, primero se requiere la aprobación de ambas cámaras de la Legislatura bonaerense y luego el expediente se debe girar al Congreso de la Nación donde lo tienen que refrendar los representantes del resto de las provincias en el Senado y Diputados.

   Las chances reales de que todo esto avance parecen bajas, pero sería imperdonable que no se intente empujar el tema desde aquí. El sudoeste provincial difícilmente encuentre destino si sigue atado a los designios de una administración bonaerense cada vez más aporteñada. Basta decir que los últimos tres gobernadores, por no ir más lejos, son dirigentes porteños: Daniel Scioli, María Eugenia Vidal y Axel Kicillof. Se les nota mucho esa distancia. Aun cuando pongan voluntad, no conocen la idiosincrasia del "interior" y, en consecuencia, no están en capacidad de mensurarla.

   Cuando alguien nativo de cualquier rincón de Córdoba va a otro lugar se lo identifica genéricamente como cordobés y a nadie le hace ruido, tampoco al aludido. Lo mismo con un santiagueño, tucumano, correntino, mendocino o chaqueño. En cambio, los bonaerenses no tenemos una identidad común. A nadie que viva en esta provincia y se le pregunte de dónde es responderá "bonaerense" sino que referirá a su pueblo o distrito.

   De hecho, si bien se lo mira, esa es una de las debilidades del proyecto. Una nueva provincia con eje en Bahía Blanca deberá ser lo suficientemente atractiva para los distritos vecinos, que deben sentir la misma inclinación a defender la iniciativa que los futuros "capitalinos". No es un proyecto para los bahienses sino la oportunidad real de propiciar una mayor integración entre municipios con un perfil común. Los bahienses, montehermoseños y tornquistenses, por solo citar a algunos, tenemos una historia de unión y relaciones muy concreta.

   Somos del sur. Ni porteños ni del Conurbano. Otros rasgos, otra concepción, otro ADN. Buenos Aires del Sur.