Paula Sanhueza: "Los sueños se cumplen cuando uno trabaja y se capacita"

20/9/2020 | 06:30 |

De raíces humildes y trabajadoras, pudo salir adelante gracias a su propio esfuerzo. Hoy es pastelera, panadera y repostera, sacó un libro y tiene alumnos de todo el país.

Fotos: Pablo Presti - La Nueva.

Laura Gregorietti

lgregorietti@lanueva.com

 

  Resiliente. Así es Paula Sanhueza.

   A pesar de tener un pasado de carencias y plagado de esfuerzos, creyó de manera positiva en sus habilidades, le encontró un sentido y un propósito a su vida, le dijo "sí" al cambio y cumplió, con esfuerzo y dedicación, todas sus metas.

   Y va por más.

   "Pau" tiene 41 años, está casada desde los 21, es mamá de Milagros de 20 y sus días pasan entre tortas, ollas y cosas ricas.

   "Siempre digo que soy pastelera y panadera multifunción, hice muchos cursos y capacitaciones, mi fuerte es la pastelería y tengo un emprendimiento llamado Tortas Pau, donde hago mesas dulces para eventos, tortas infantiles y doy clases para emprendedoras. Mi hija estudia Organización Industrial en la UTN y vivimos de mi trabajo", cuenta orgullosa.

   Acostumbrada a vivir el día a día desde niña, Paula describe su infancia como "difícil".

   "Soy la séptima hija de 9 hermanos, fue complicado al ser tantos porque mi mamá se quedó sola con 4 hijos cuando mi papá nos abandonó. Mis tres hermanas mayores ya se había casado, pero quedamos con mi mamá mi hermana de 13, yo de 11 y una bebé de 8 meses".

Paula, su marido y su hija Milagros

   Sentarse a llorar y lamentarse de su mala suerte nunca fue una opción para ella ni para su madre, que para darles de comer trabajaba casi todo el día limpiando casas.

   "Nosotras nos criamos entre el colegio y el Centro Complementario de calle Piccioli. Por un lado nos sentíamos contenidas y además, en ese entonces, ir a esos lugares significaba tener un plato de comida asegurado".

   Si bien eran chicas, Paula y su hermana tuvieron que hacerse cargo de responsabilidades grandes,  como organizar la casa y preparar la comida.

   "La responsable de la casa era mi hermana de 13 y el momento de cocinar era un problema porque había que resolverlo con lo que había en el momento y siempre digo que ahí fue mi primer contacto con la cocina, experimentando con lo que tenía a mano".

   Terminada la escuela primaria, la mamá de Paula creyó que con esa educación básica era "suficiente" para salir a enfrentarse a la vida.

   "Yo creo que mi mamá hizo lo que pudo, con los recursos que tenía y pensaba que con la primaria era más que suficiente. Pero yo quería estudiar y a los 16 me anoté en el secundario vespertino. Y como no tenía para pagarme el boleto de colectivo ni el material de estudio, me puse a vender rosquitas en el barrio. Yo cuento eso como mi primer emprendimiento", agrega entre risas.

   La venta de rosquitas se prolongó durante dos años hasta que apareció una oportunidad que Paula no dejó pasar.

   "Gracias a Dios comencé con mi primer trabajo en blanco. Era de maestranza en una casa de electrodomésticos donde cobraba un sueldo fijo que me permitió terminar el colegio secundario".

   Detrás del ansiado título, llegarían el matrimonio y su hija Milagros.

   "Me casé joven, cuando terminé el secundario, y a los 22 tuve a mi única hija. Seguía trabajando, limpiando casas y de hecho decidimos tener una sola hija porque no teníamos los recursos para criar más chicos. Queríamos que tuviera las oportunidades que nosotros no tuvimos, porque mi marido trabajaba de seguridad y albañilería por lo que la economía no era muy buena como para proyectar agrandar la familia".

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   Desgastada y cansada por el hecho de limpiar 5 casas por día, en cada tiempo extra que encontraba Paula le daba "rienda suelta" a sus sueños reposteros.

   "Entre trabajo y trabajo hacía una torta para alguien del barrio. Lo tomaba como un dinerito extra, pero nunca lo había pensado como para vivir de eso, decía que era un hobby rentado. En las casas en las que limpiaba además cocinaba y cuando había algún evento o cumpleaños, hacía las mesas dulces y las tortas. De a poco me fui capacitando y día tras día recibía más elogios y preguntas como 'por qué no te dedicás a eso", frases que yo tomaba como cumplidos".

   El Centro de Formación Profesional N°402 de calle Necochea 1015 le brindó las herramientas que Paula necesitaba para terminar de convencerse de que sus capacidades y esfuerzos en breve comenzarían a dar sus frutos.

   "Nunca me daban los horarios para anotarme porque en ese entonces eran cursos de un año, donde se estudiaba pastelería, cocinera de comedor escolar y repostería artesanal pero, una de mis patronas de entonces, me dio la oportunidad de hacerlo, ella es Valeria Moral y la quiero nombrar porque nunca terminaré de agradecerle lo que hizo. Fue un año muy difícil, pero lo hice aunque después el título quedó archivado por un tiempo".

   Con la llegada del año 2015 y en pleno boom de las redes sociales, Milagros instó a su madre a armarse una página de Facebook.

   "Sé que no es muy marketinero pero el nombre que me salió en ese momento luego de tanta insistencia de mi hija fue 'Tortas Pau'. Subí fotos de mis tortas y de a poco me empezaron a pedir cosas y con mucho temor, comencé a renunciar a los distintos trabajos que tenía de limpieza. Temor porque no sabía si eso me iba a dar de comer de manera regular, por lo que estaba viviendo una mezcla de ansiedad, alegría y angustia juntas que ni yo entendía. Fue un año crítico, de cambios y muy movilizante, donde me tuve que replantear cómo seguir con mi vida ya que tenía 36 años y había comenzado a sentir que tenía como 30 más".

   Con el llamado de una importante casa de eventos de Bahía la confianza de Paula en sus trabajos comenzó a cambiar.

   "Tenía tanta ilusión en conseguir ese trabajo, me pidieron que llevara un postre para degustar. Y ahí estaba yo, parada con un plato dulce cargado de expectativas y sueños, el mejor packaging y una emoción imposible de describir cuando me dieron la bienvenida al equipo de trabajo".

   Al hecho de sumar experiencia se sumó la seguridad y la confianza de lo que Paula buscaba proyectar.

   "Comencé a dar clases de panadería, el año pasado en el comedor A Puro Corazón, y ahora de manera virtual cada 15 días, para los referentes de los comedores municipales que el Sindicato de los Molinos se encarga de transmitir a otros sindicatos, mientras que los martes es el turno de las clases en vivo online en el Club de Tortas Pau. Me formé un equipo de cosas como una batidora de calidad, un freezer para guardar una mayor cantidad de insumos y salí a capacitarme. Nunca me quedaba quieta, conforme con lo que sabía, siempre buscaba perfeccionarme, viajaba a Buenos Aires a la Expotorta, trataba de tener lo mejor y saber lo último en las tendencias de decoración".

   Con el tiempo llegó la apertura de "Pau Eventos", catering para fiestas y cumpleaños, eventos y exposiciones y la posibilidad de traer a la ciudad a profesionales del país para sus capacitaciones.

   Y con la llegada de la pandemia,  Tortas Pau se tuvo que reconvertir.

   "Me entré a desesperar porque pasaban los meses y no había trabajo, por lo que había que darle un giro a este emprendimiento sí o sí. Y ahí nació 'Pau Party Box', una caja de dulces y pastelería para compartir con la familia en casa".

   Pero Paula cuenta que no está sola, que tiene dos personas que la ayudan a hacer de este trabajo un "equipo".

Ariel Acevedo, fotógrafo

Fabrizio Colantonio, redes y marketing

   "Fabrizio Colantonio hace redes, marketing y lleva El Club de Pau y Ariel Acevedo, el fotógrafo, hacen que mi trabajo se luzca. Estoy súper orgullosa de ellos porque yo puedo hacer una torta hermosa, pero yo solo cocino. Tiro una idea y ahí están ellos para desarrollarla de una manera fantástica. Ellos son parte elemental de libro de cocina que presentaremos el 21 de octubre en el Hotel Austral".

   Dar, para recibir

   Paula cuenta que en sus clases, se enfoca mucho en el emprendedor, en dar consejos y herramientas para que solos, puedan salir adelante.

   "Yo como profesora, doy todo. No me guardo secretos, tips ni consejos. Acá toma clases un pequeño porcentaje de gente que quiere aprender repostería como hobby y otra gran mayoría que necesita trabajar y que las cosas les salgan bien. Trato de que entiendan que si uno quiere vivir de lo que ama tiene que trabajar, estudiar y capacitarse. Animarse a ir más allá a conquistar sus sueños no a sentarse a esperar que se concreten solos".

   El desafío crece cuando a Paula le dicen que "ya hay muchas pasteleras en la ciudad".

   "Eso me lo dicen seguido y yo contesto que la única competencia que tienen que tener es uno mismo. Nunca perder de vista que el objetivo es hacer las cosas cada día mejor y dando lo mejor. Yo quiero que entiendan que nadie les va a regalar nada, que ellas son las únicas que pueden cambiar su realidad, pero trabajando, no gratis".

   El libro "Pausteleando mi vida", con recetas de bajo costo para quienes comiencen con su emprendimiento pastelero, tiene una preventa por internet en la web www.tortaspau.com.

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