En el medio, inevitables síntomas de fin de ciclo...

1/9/2019 | 07:00 |

La columna dominical de Eugenio Paillet, corresponsal de La Nueva. en Casa Rosada.

Archivo La Nueva.

Por
Eugenio Paillet

   Mauricio Macri parece destinado muy a su pesar a solventar el camino de Alberto Fernández hacia su muy probable asunción como nuevo presidente el próximo 10 de diciembre. En buen romance, y con alguna interpretación forzada de los hechos ocurridos esta semana, cabria convenir que el presidente se ha resignado a hacerle el trabajo sucio a quien todos los indicios propios y ajenos descuentan que será su sucesor dentro de cien días.

   Como para abonar ese concepto, solo valdría no perder de vista un pequeño (gran) detalle: el silencio inicial de Fernández en torno a las medidas de reperfilamiento de la deuda local y externa que anunció el ministro Hernán Lacunza, y que la consultora S&P calificó, aunque luego corrigió, como un default selectivo. Una visión a la que habían aportado letra desde el kirchnerismo en medio del tembladeral que rodeaba las palabras del ministro de Hacienda. Y sobre la que Fernández se subió el viernes en declaraciones al Wall Street Journal.

   Aquel mutis de Alberto pareció en línea con una estrategia cantada de quien se sabe casi ganador el 27 de octubre, sino de una actitud que podría suponerse hereje si no fuese que de lo que se trata es de la política, con sus agachadas y sus miserias. "Yo no gobierno, apenas soy un candidato a presidente", machacó sin ninguna inocencia. Pareciera contener en esa frase lo que todos por igual suponen: que si Macri quiere al menos llegar a entregar la banda y el bastón el 10 de diciembre, salvo un verdadero milagro que hoy ningún escenario prevé, apenas en el peñismo y algo más, debe "pagar" el costo de patear hacia adelante los vencimientos de la deuda y reclamar un refinanciamiento al FMI.

   Un reduccionismo de esa mirada permitiría afirmar que Fernández no tendría entre sus pesares en caso de llegar a la Casa Rosada ser un presidente que asumiría justamente con ese elefante en sus espaldas. ¿Por qué querría Alberto que Macri haga ahora lo que de otro modo él se vería obligado a realizar en los primeros meses de su eventual mandato? Justamente porque eso es lo que busca para reafirmar su propio salvavidas: "yo les dije que esto iba a pasar", les facturó a los enviados del Fondo en la reunión de esta semana. La otra suposición es de manual: si llega, ya tendrá argumentos para florearse en el Congreso y hablar de penosa herencia recibida y país fundido al que habrá que pedirle nuevos esfuerzos para salir del desastre que le dejaron.

   Otra vez: Alberto pareciera jugar con cartas marcadas. En el propio gobierno admiten que patear hacia adelante los pagos de la deuda reconoce un altísimo temor de la autoridad monetaria a que en los meses que quedan de aquí a fin de año los dólares que demandarían los tenedores en caso de ataques de pánico no alcancen para todos, y se venga otra suerte de cepo, atenuado, que sería el peor de los peores fantasmas que acechan hoy a Macri y su entorno. No es imaginación: ese escenario lo plantearon Lacunza y Guido Sandleris delante de Macri y María Eugenia Vidal el martes por la tarde en la Casa Rosada.

   Algunos observadores que abonan esa teoría casi conspirativa reparan en dos datos: primero, el pavor que empezaría a generar en los ahorristas argentinos escaldados por tragedias anteriores la instauración de algún tipo de control de cambios que alentó un propia tropa como Julio Cobos. Y segundo, más a tono con aquella teoría, los dichos de la exministra Felisa Miceli, que recomendó como mejor fórmula "tener los dólares con uno". ¿Buscó preanunciar una corrida en medio del desmadre de los mercados? "Vio fuego y le echó nafta", despotricó un macrista puro.

   El propio Macri aportó a la construcción de ese escenario de fin de ciclo que se estaría montando. Primero, y por primera vez desde que todo comenzó a desbarrancarse tras las PASO, reconoció que el año que viene puede encontrarlo en la oposición. Y que en ese caso su partido "apoyará lo que crea que está bien". "Tiramos la toalla", lo cruzaron en el ala política del gabinete. Más acá, durante un acto en Tandanor, recordó lo que falta para las elecciones, dijo que su gobierno "solo no puede", y se esperanzó únicamente en que "todo transcurra de la mejor manera".

   Nada pareciera alcanzar. "Ahora no nos vengan a pedir milagros", lanzó uno de los jefes de los bloques parlamentarios de Cambiemos tras reunirse con Macri y Marcos Peña.

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