El paradigma que viene

Argentina: sólo se repone el 30 % de los nutrientes que se exportan con cada cosecha

18/8/2019 | 06:30 |

Es uno de los países con balance más deficitario. La salud del suelo, y de la sustentabilidad, dependen de la fertilización. 

El suelo, un tema cada vez más sensible. / Fotos: Pool de Periodistas y Archivo La Nueva.

Guillermo D. Rueda
grueda@lanueva.com

   —¿Qué pasa con el agricultor que no cumple con las normas respecto de la reposición de nutrientes en Alemania?

   —... No lo sé. (Risas de los interlocutores).

   La respuesta de Joachim Lammel, germano, líder de Investigación y Desarrollo de la semillera noruega Yara, quien también sonrió, se presumía. Difícilmente allí exista un productor que tenga previsto hacer algo diferente respecto de las reglas establecidas.

Joachim Lammel, líder de I+D de Yara.

   Lo cierto es que, hoy, los países productores de alimentos están en un momento de inflexión. A la luz de las cifras, se observa que en la Argentina, uno de los principales proveedores del mundo, algo debe empezar a modificarse.

   “Hay pocos países en el mundo donde los niveles de reposición están lejos del ideal. En la Argentina, el balance de nutrientes es negativo, ya que solo el 30% de los que se exportan con la cosecha son devueltos vía fertilización. Esta es una amenaza para el sistema y para la sustentabilidad, porque pone en juego la salud del suelo y su productividad”, explicó.

   “En Alemania, por ejemplo, de lo que se extrae, se repone eso y el 40 % más. Es decir, pasan los años y el suelo se hace cada vez más fértil”, agregó.

   “La consecuencia, a través del tiempo, es la disminución del carbono orgánico del suelo”, comentó Lammel, en diálogo con Pool de Periodistas, en Rosario, durante la última edición del congreso de Aapresid.

No regresa

   De acuerdo con un mapeo de la Asociación Civil Fertilizar, donde se compara la región pampeana argentina en el período 2008-2018, la disminución que se ha producido respecto de la materia orgánica es muy evidente.

   El experto dijo que, de alguna manera, lo que se está haciendo es extraer del suelo los minerales que los organismos ponen a disposición de los cultivos y no reponerlos.

   Pero bien vale un repaso, o un regreso, a las fuentes para comprender la problemática.

   “Por definición, el suelo es un organismo vivo y dinámico que contribuye al crecimiento de las plantas y de la vida animal. Es esencial para la existencia humana como fuente de alimento y de materias primas. Como tal, es un individuo y tiene vida propia”, dijo Lammel.

  Como el suelo es un organismo vivo es importante analizar cómo es la cadena de nutrición dentro de ese sistema.

   “Todo comienza con los residuos vegetales que, al final, se terminarán descomponiendo en diferentes elementos minerales, que irán a alimentar organismos más complejos, como protozoos y, más allá, insectos y gusanos”, agregó.

   “La cantidad de carbono orgánico y de organismos viviendo en el suelo en una hectárea va a depender del uso de la tierra y de la geografía, pero se estima que hay entre 5 y 25 de toneladas de organismos vivos por hectárea”, sostuvo.

El aporte orgánico

   “Esta gran cantidad de seres vivos necesita ser alimentada, por lo que el aporte de residuos orgánicos, en el caso de la tierra agrícola, es fundamental en la medida de que hay un agotamiento de este residuo y que, por la falta de reciclaje, los organismos empiezan a desaparecer”, añadió —por su parte— Margarita González, directora de Agronomía de Yara.

   “De esta manera, en la medida que dejamos de aportar material orgánico necesario, aparecerá una deficiencia”, sostuvo.

Margarita González, directora de Agronomía de Yara.

   El rol que tienen los microorganismos es clave, ya que irán descomponiendo el aporte orgánico que traen los cultivos.

   Para la agricultura esto es clave, porque los organismos son los responsables de transformar los residuos orgánicos en sus elementos principales que, en definitiva, son diferentes minerales para que las plantas puedan nutrirse.

   Este ciclo es el que hace posible la nutrición de las plantas y, de esta descomposición, se desprende carbono orgánico.

   Está claro que existe una extracción importante de nutrientes con cada cosecha.

   Las plantas consumen los restos del suelo que provienen de este reciclaje que hacen los microorganismos y, con cada campaña, se renuevan nutrientes que, al final, terminan en los alimentos para el consumo humano y para las fuentes de energía.

   “Por eso es muy importante, para el ecosistema agrícola, que esos nutrientes que se llevan las cosechas sean repuestos al suelo para cumplir con el nuevo ciclo agrícola y dar crecimiento a los cultivos que vengan en forma sucesiva”, admitió.

A largo plazo

   —Dr. Lammel, ¿cómo se acuerdan los alquileres para los campos de producción en Alemania?

   —Son contratos a largo plazo; por lo menos a 10 años. Previamente se hacen análisis de suelos y se precisa la cantidad de nutrientes, ya que quien alquila lo debe devolver en las mismas condiciones. O mejor. Por este motivo, el productor aplica algo más de lo que el cultivo va a remover para asegurarse el incremento de la salud del suelo.

   “Es un contrato entre privados, ya que el Gobierno aquí no se mete. De todos modos, como la tierra está mayormente en manos de la iglesia y de la aristocracia, ellos tienen fuertes intereses para que no se degrade el recurso.

   “Asimismo, hay una consolidación del área agrícola: menos productores que manejan mayor cantidad de tierras; es decir, más concentración”. 

   —¿En qué instancia participa el Estado?

   —Lo que regula es la cantidad extra de nitrógeno que se puede aplicar. Se mide cuánto consume el cultivo, cuánto se exporta y cuánto aplica el productor.

   “Hoy son más de 60 kilos extra (NdR: de nitrógeno por hectárea) de lo que se removió con la cosecha, cuando antes era de 80 kilos. Ha sido también en respuesta a la presión ambiental, ya que existe una externalidad cuando las dosis son excesivas. Esta es una mala práctica.

   “Otro control es que no se pueden aplicar más de 170 kilos de nitrógeno por año (por hectárea) como residuo orgánico, como en el caso del guano, porque es muy difícil predecir cuándo estará disponible el nitrógeno de esa fuente de fertilizante.

   “Hay una regulación clara para que haya agua potable en contenidos bajos de nitrógeno”.

   —¿Qué hay que hacer en la Argentina?

   —Un llamado a los dueños de la tierra para que comiencen a tomar medidas para cuidar el suelo. Son costosos los nutrientes, es cierto, pero los beneficios en el mediano y largo plazo, además de utilizar prácticas que promueven la conservación del suelo, son superiores.

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