La vida del campeón

Carlos Monzón, del bronce a la gayola

21/7/2019 | 06:30 |

La serie sobre el mítico boxeador santafesino revivió la historia del pugilista, entre sus éxitos arriba del ring y una vida tumultuosa luego de su retiro.

José Valle (*) / Especial para "La Nueva."

   Carlos Monzón vuelve a ser noticia debido a la serie sobre su vida emitida por el canal de cable Space.

   Muy buenas actuaciones y un parecido sorprendente de Mauricio Paniagua como el santafesino de joven y Jorge Román que interpreta a Carlos en su adultez. Dejan mucho que desear las personificaciones de Amílcar Brusa y Tito Lectoure.

   El primero era un hombre robusto que superaba el metro noventa de alto y había sido boxeador peso pesado en su juventud. El empresario y promotor de boxeo, por su parte, media 1,85 metros, era elegante y dueño de muy buena oratoria.

   Ambos son interpretados por actores de estatura baja que en nada se parecen a Brusa y Lectoure. Otro dato histórico que se omite: Lectoure, en los combates por título mundial, siempre estaba en el rincón con su boxeador, utilizando por cábala una campera negra, la misma que usó cuando Locche ganó el título internacional en 1968, en Tokio ante Paul Fuji, y que usaría siempre.

   De todos modos, la serie está muy bien filmada y tiene un argumento atractivo, aunque busca destacar la imagen de un Monzón perdido por los vicios (el cigarrillo y la bebida) por sobre la del deportista, alimentado por el hambre de victoria que fue en sus comienzos.

   Otro dato que no coincide con la realidad es la supuesta enemistad con Nicolino Locche; sin ser amigos íntimos, tenían una excelente relación. Con Ringo Bonavena, en cambio, era distinto, no congeniaban para nada.

   He tenido la oportunidad de tratar a Monzón gracias a Don Amilcar Brusa. Lo conocí en el bar La Cuyanita que estaba en H. Irigoyen y Castelli del paquetísimo barrio de Martínez, bodegón propiedad del "gallego" Juan Carlos Iglesias donde el excampeón mundial pasaba largas horas comiendo, bebiendo vino torrontés y jugando a las cartas. Monzón tenía una mirada que helaba la sangre, era un asesino con guantes de boxeo. Sobre el ring parecía imbatible. Abajo del ring, la rula de la vida lo dejó en chancletas.

  En el mes de julio del año 1999 me tocó viajar a Italia encabezando la delegación del boxeador Jorge Rodrigo “la Hiena” Barrios -del cual fui manager- el entrenador era Brusa. La “Hiena” venció por nocaut en el octavo round al italiano Silvano Usini obteniendo el título superpluma de la Unión Mundial de Boxeo (WBU).

   Don Amilcar, mientras compartíamos largas sobremesas en el restaurante del hotel MillePini, con vista a las maravillosas ruinas de Segesta durante los días previos a la pelea, me comentó, hablando de la vida de Monzón y otros boxeadores, “que querés pibe, los boxeadores pasan de la bicicleta al Mercedes Benz sin escalas...”.

   “Carlos fue como un hijo para mi, nunca me tuteó, ni fumó o bebió alcohol delante mio, obedecía todas mis indicaciones, fue un gran profesional... el mejor. Todavía lloro su muerte”.

   Su récord profesional fue de 100 peleas disputadas, con 89 victorias, 7 empates, 3 derrotas y 1 pelea sin decisión. Ganó 61 combates por la vía del cloroformo. Había nacido el 7 de agosto de 1942 en el humilde barrio de “La Flecha” en San Javier, provincia de Santa Fe, con sangre indígena en sus venas; para mayor precisión, sus antepasados eran mocovíes.

   Al poco tiempo, la familia Monzón se mudó a la capital santafesina. Comenzó a boxear muy joven. Su campaña como amateur fue de 73 combates ganados, 8 perdidos y 6 empates. Debuta como profesional el 6 de febrero de 1963, en la hermosa ciudad de Rafaela, en su provincia natal, noqueando en 2 rounds a Ramón Montenegro e hilvana una serie de triunfos hasta que el 28 de agosto del mismo año lo venció por puntos en 10 vueltas el platense Antonio Aguilar.

   También le ganarían el español nacionalizado brasileño Felipe Cambeiro (Brasil, 28 de junio de 1964) y el puntano Alberto “Pirincho” Massi (Córdoba, 9 de octubre del mismo año). De estas tres derrotas se ocupó de desquitarse debidamente; de ahí en más comenzó su serie de 80 combates consecutivos sin conocer la derrota.

   El 3 de septiembre de 1966 le gana por puntos en 12 rounds a Jorge Fernández y obtiene el título Argentino Mediano, en la revancha vuelve a vencer y obtiene el título Sudamericano, 10 de junio de 1967. El 6 de mayo de 1967 empata en terrible combate con Bennie “el malo” Briscoe (un boxeador de buena técnica, fuerte mandíbula y muy buena pegada).

   Después de victorias ante diversos púgiles extranjeros de fuste (Douglas Huntley, Charley Austin, Jhonny Brooks, Harold Richardson, Tom Bethea, Eddie Pace y Candy Rosa), le llega la gran oportunidad de disputar el título del mundo. El 7 de noviembre de 1970, en el “Palazzo dello sports” (Roma) se enfrenta a Nino Benvenutti. Carlos Monzón castigó duramente al campeón hasta ponerlo nocaut con un maravilloso derechazo en el round doce, para convertirse en el monarca de los medianos.

   Lo que siguió fueron tres victorias por nocaut ante Charles Austin, Domingo Guerrero y Roy Lee, antes de darle revancha a Benvenutti, pelea que se realizó en Montecarlo el 8 de mayo de 1971, destruyendo Monzón en tres rounds al excampeón mundial. Sus siguientes defensas: Emilie Griffith (1971); Danny Moyer, Jean Claude Bouttier, Tom Bogs y Bennie Briscoe (1972); Griffith y Bouttier (1973); José Mantequilla Nápoles y Tony Mundine (1974); Tonny Licata y Gratien Tonna (1975) y las dos finales e inolvidables ante el colombiano Rodrigo Valdéz (la última el 30 de julio de 1977).

   Anunció oficialmente su retiro el 29 de agosto de 1977, con 35 años de edad y 14 defensas del título mundial. Para muchos especialistas y aficionados al boxeo Monzón fue el mejor boxeador argentino de la historia, yo no coincido con ellos; a mi criterio Pascual Pérez está un escalón por encima del santafesino.

   La vida de Monzón después de su retiro no fue fácil: malos negocios y peores compañías, bebía mucho y tenía fuertes peleas domésticas con su pareja Alicia Muñiz, quien le había dado un hijo (Maximiliano).

   El 14 de febrero de 1988, cometió el femicidio de su segunda esposa, Muñiz, hecho por el que fue juzgado y condenado a once años de prisión por homicidio simple.

   Tras 7 años en distintos penales y cuando gozaba de salidas transitorias, falleció en un accidente automovilístico el 8 de enero de 1995 en el paraje Los Cerrillos de la Ruta Provincial 1, al noreste de Santa Rosa de Calchines, de su Santa Fe natal, a la edad de 52 años.

 

 

 

El autor es historiador del tango, escritor, productor cultural. Director del Festival Nacional de tango "Carlos Di Sarli", de Bahía Blanca.

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