Mano a mano con Teresa Parodi: la sabiduría de una eterna aprendiz

15/6/2019 | 06:30 |

Entrevistamos a la artista correntina que llegará a Bahía el 6 de julio para presentarse junto a Ana Prada.

Teresa Parodi llegará junto a Ana Prada a principios de julio a la Biblioteca Rivadavia.

Franco Pignol / fpignol@lanueva.com

 

   Teresa Parodi siempre está aprendiendo. Su experiencia no le quita las ganas de seguir rodeándose de cantautores jóvenes para tender puentes y generar nuevos resultados. 

 

   Junto con Ana Prada se presentarán el próximo sábado 6 de julio en la Biblioteca Rivadavia (Colón 31). Las entradas se pueden conseguir en Ticketbahia.com

 

   “Los jóvenes me abren puertas hermosísimas que a mi me encanta transitar”, aclara Teresa Parodi.

 

   —Siempre se puede aprender algo.

 

   —Hace mucho tuve un aprendizaje muy grande cuando me fui como maestra a Misiones. Abandoné la facultad y me fui al monte porque quería enseñar en lugares donde realmente hiciera falta. Allá fui con alegría y entusiasmo, con un bagaje de conocimientos y formación universitaria. Estaba en una escuelita que tenía niños y niñas con los padres muy marginados. Eran hijos de los trabajadores de la tierra que a veces estaban muy poco tiempo en cada lugar. Por eso se los llamaba mensú. Para mi asombro, yo creía que me iba a enseñar, pero me iba a aprender. Esos niños me enseñaron muchas cosas, desde sus miradas, la vida, el rol del maestro en esos lugares... me cambiaron la cabeza, el corazón y la canción.

 

   —Te marcaron a fuego.

 

   —Desde ahí es que siempre estoy preparada para aprender, porque fue donde tuve mi gran lección en la vida. Uno siempre tiene algo que aprender de los más jóvenes, que son los que ya tomaron la posta y que están en el camino haciendo canciones de los grandes maestros como Ramón Ayala, Cuchi Leguizamón, Manuel Castilla, Jaime Dávalos, Ramírez, Cocomarola, Yupanqui... Se va completando la cadena, la posta. Es hermoso.

 

   —¿Y de los artistas mayores?

   —También aprendo porque en ellos me reflejo, de ellos vengo. Voy a buscar su obra porque siento la necesidad de bucear en ella, porque me ha formado el pensamiento, mis gustos, mi música... me han parado ante una manera de pensar la música. También mis contemporáneos, que son muchos y maravillosos. Hemos compartido escenarios y encuentros casi familiares. Cuando nos vemos nos reconocemos como familia porque andamos por los caminos sosteniendo la misma manera de pensar la música.

 

   —Actualmente hay muchas posibilidades de aprender música popular ¿Cómo era en tus inicios?

 

   —Hoy hay universidades de música popular por todo el país, pero en mi época sólo podías estudiar música clásica. Era buenísimo porque te enseñaban a abordar muy bien el instrumento, pero para aprender sobre la música popular te la tenías que arreglar sola, en la casa del vecino, en la peña del barrio... era un aprendizaje hermoso, una cosa directa. Te pasaban ese sentimiento intransferible que, si te contagiaba, es cuando se producía el milagro.

 

Esas cosas que tiene Liliana

 

   Antes de llegar a Bahía Blanca junto a Ana Prada, cantarán el próximo viernes junto al joven cantautor chileno Nano Stern en Buenos Aires.

 

   “La idea es que dialoguemos, que hagamos puentes con canciones. Me pareció maravillosa la idea. Eso es estar todo el tiempo generando las infinitas posibilidades que tiene la música popular”, aclara Teresa.

 

   —Vos conociste a Ana Prada gracias a la iniciativa de Liliana Herrero. Hace un mes hablamos con Lisandro Aristimuño, quien también concretó un proyecto con Raly Barrionuevo gracias a la inquietud de Liliana.

 

   —Liliana siempre tiene esas cosas. Está atenta porque bucea en la música de los compositores y conoce al dedillo a todos los nuevos. Me parece extraordinario. Al mismo tiempo ella entiende que tiene que haber un vínculo entre autores y compositores, entonces le encanta provocar los encuentros cuando tiene un pálpito artístico. Se pone re contenta cuando pasan estas cosas. Es un poco lo que hacía Mercedes Sosa cuando nos juntaba y armábamos una cena y generaba esas hermosas reuniones.

 

   —¿Te seguís emocionando cuando escuchás alguna zamba?

 

   —La emoción que transmiten algunos intérpretes es conmovedora. En general yo escucho música a solas. Hay momentos en los que no puedo estar sentada. Empiezo a caminar porque me emociono. La música para mi es imprescindible. Siempre fui muy tímida, pero la música fue mi puente hacia los demás, porque me di cuenta que yo la quería dar.

 

   —“Apúrate José” o “Pedro canoero” tienen ese plus conmovedor que vos encontrás en algunos intérpretes.

 

   —Son dos canciones que que significaron mucho en mi carrera. La primera que tuvo un gran éxito fue “Apúrate José”, porque era un tiempo en el que se repetían catastróficamente las inundaciones. Hay épocas de lluvias torrenciales que no hay manera de parar eso. Por otra parte, “Pedro canoero” también comenzó a ser popular. La diferencia es que es un chamamecito y no tiene ninguna palabra en guaraní. En cambio, en “Apúrate José” la que habla es La Jacinta. Entonces yo transcribo eso. Por supuesto que hay una búsqueda del lenguaje, pero es fascinante traducir el sentimiento y llevar el modo de cómo habla la gente de tu lugar en la canción. Es importante el registro de ese modo de hablar.

 

   —El chamamé y el rasguido doble son populares en Corrientes. ¿Qué hay de la chamarrita? 

 

   —La chamarrita se toca mucho en Mercedes, que queda en el centro de la provincia. Después se toca mucho también hacia el sur de Corrientes y, por supuesto, en Entre Ríos.

 

   —El acordeón y el bandoneón están siempre presentes. ¿Es cierto?

 

   —Totalmente. En todas las músicas. Los tres grandes pilares de nuestra música correntina, compositores e instrumentistas fueron los bandoneonistas Isaco Abitbol y Tránsito Cocomarola. También el acordeonista Ernesto Montiel, que tocaba el acordeón a botonera.

 

   —¿Tiene que ver que El Chango Spaziuk sea de Misiones y por esa razón toque el acordeón a piano?

 

   —Claro porque el acordeón a botonera es más de Corrientes. A nuestra provincia llegó más la “italianada” quienes trajeron la famosa verdulera. En cambio el acordeón a piano es más de Misiones.

 

   —¿Por qué le dicen “verdulera” al acordeón a botonera?

 

   —Se lo decimos cariñosamente porque en general los verduleros italianos que andaban por nuestra zona cantaban sus canzonetas con el acordeón a botonera. El pueblo se fusiona. El poeta correntino Don Ovaldo Sosa Cordero me contaba todas estas cosas. Era un hombre muy culto que estuvo en los orígenes de todo esto.

 

   —¿Qué opinás cuando te presentan como chamamecera?

 

   —Ser chamamecero es casi una religión. El chamamecero toca y piensa solamente chamamé. Yo soy autora y compositora de música popular argentina y latinoamericana. Tengo una formación que me permitió hacer eso. A su vez, creía y creo que tenía que hacerle un aporte a la música de mi región desde mi generación, que instaló otro desarrollo de la palabra dentro de esa música.

 

Ana Prada, la alegría y el puente generacional

 

   —Llegan juntas el 6 de julio a Bahía Blanca ¿Cómo conociste a Ana Prada?

 

   —Escuché “Tierra adentro” por primera vez, me encantó y le pregunté por ella a Liliana Herrero. Me habló muy bien de su obra y me dijo que tenía mucho que ver con nosotras porque también era del litoral (Paysandú, Uruguay). Justo cantaba en esos días y la fuimos a ver. Fue muy emocionante su música y su manera de conectarse con la gente. Tiene una alegría y espontaneidad muy lindas. Ana es como si hubiera nacido en el escenario.

 

   “Hubo una época que comenzó a venir a mi casa y, como decimos en Corrientes, ella “se hallaba en mi casa”. Comenzamos a pensar en cantar juntas y cuando ella estaba en Uruguay le mandé una letra por mail para provocarla. Comenzó a darse un puente natural entre dos generaciones.

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