Increíble pero real: hace diez años, con 100 pesos se podía comprar de todo en Bahía

21/4/2019 | 08:05 |

En el lejano marzo de 2009, con 106,08 pesos se accedía a un completísimo listado de alimentos básicos como yerba, aceite y carne. Hoy,  cuesta casi 1.600 pesos.

Francisco Rinaldi

frinaldi@lanueva.com

   Un kilo de pan, uno de harina, uno de pollo y otro de carne vacuna. Doscientos gramos de manteca y, para cortar la tarde con unos mates, un paquete de medio kilo de yerba. Para la cena, si hacía falta, un paquete de fideos. Todo eso -y mucho más- se podía comprar en aquel lejano mes de marzo de 2009 en nuestra ciudad por apenas poco más de 100 pesos.

   Pero hoy la situación es otra y el bolsillo del bahiense lo sabe. Y mucho: los mismos 100 pesos de hace una década atrás, apenas alcanzan, en la actualidad y en el mejor de los casos, para comprar un par de productos de una completa lista de alimentos básicos que mes a mes relevan desde el Centro Regional de Estudios de Bahía Blanca-Argentina (CREEBBA).

   La lista en cuestión contiene pan (1 kilo), arroz (1 kg.), harina de trigo (1 kg.); harina de maíz (1 kg.); fideos secos (1 kg.); carne vacuna (1 kg.); pollo (1 kg.); papa (1 kg.); tomate (1 kg.); manzana (1 kg.); naranja (1 kg.); leche fresca (1 kg.); leche en polvo (800 gramos); aceite de maíz (1 litro); manteca (200 gramos); azúcar (1 kg.); café (500 gramos); yerba (500 gramos); té (50 saquitos) y agua mineral (1,5 litros).

   Todo eso se compraba por 106,08 pesos en la Bahía Blanca de hace diez años atrás. Comprar lo mismo hoy en la ciudad no sale menos de 1.569,92 pesos, casi un 1.380 % más.

   Por sólo citar apenas algunos de los productos de la extensa lista, allá por el tercer mes de 2009, comprar un kilo de pan en Bahía costaba -en promedio- 5,38 pesos, casi 93 % menos con relación a a la actualidad ($ 73,65).

   Ni que hablar de los $ 3,75 necesarios para el paquete de yerba (hoy $ 82,39), los 8,50 para la botella de litro de aceite de maíz (a $ 120 el mes pasado).

   La leche fresca, un producto indispensable para todas las familias, hoy no se consigue en las góndolas por menos de 45 pesos (precio promedio). Hace una década, se ofrecía a $ 2,70.

   De acuerdo con el IPC-CREEBBA que elabora todos los meses el Centro de Estudios local, el capítulo Alimentos y Bebidas (AyB) el de mayor importancia dentro de la estructura del indicador, se incrementó a razón del 1.570 % entre marzo de 2009 e igual mes de 2019.

   Entre febrero y marzo del corriente, AyB aumentó 4,3 %, posicionándose como uno de los capítulos del IPC-CREEBBA que le ganó a la inflación local. Siempre de acuerdo con el Centro, acumuló un alza de casi el 11 % en lo que va de este año.

El acuerdo...¿y van?

   Motivado por el incesante aumento de los alimentos básicos y por una inflación que no da tregua, el Gobierno nacional anunció la semana pasada un acuerdo de precios para 64 productos básicos, que se mantendrá por seis meses. Se pueden encontrar arroz, aceites, harinas, conservas, yerba y mermelada entre otros productos.

   Aunque hay dudas con respecto a su efectividad, la medida ha sido implementada en varias oportunidades a lo largo de la historia.

   “En el caso argentino, tuvimos dos casos emblemáticos de planes económicos que utilizaron acuerdos de precios. Uno fue el de Ber Gelbard (José, ministro de Economía en la tercer presidencia de Juan Domingo Perón), que terminó en el Rodrigazo (un violento sinceramiento de precios durante la presidencia de Isabel Martínez), que no se puede analizar desagregadamente de lo que hizo el ministro anterior”.

   “Y el otro fue el Plan Austral (el plan antiinflacionario liderado por el ministro Juan Vital Sourrouille). En este caso, el acuerdo de precios fue sólo una parte más del mismo, pero falló porque no pudo cumplir con la consolidación de las cuentas fiscales, el principal elemento para derrotar a la inflación, como lo demuestra el caso de Israel”, explicó el economista Ariel Coremberg.

   Para Coremberg, toda política que pretenda ser exitosa en términos de bajar la inflación debe contar con cuatro patas: credibilidad, reputación, independencia del BCRA del poder político de turno y sorpresa.

   “El actual de precios actual no es generalizado y no es sorpresivo. Entonces hubo remarcación preventiva, con lo que se pierde mucha ventaja, ya que acordás precios a niveles altos, no bajos, corriendo el riesgo de que se acelere demasiado la inflación en los días previos al acuerdo”, alertó.

El caso de Israel

   Igual que en nuestro caso, la economía de Israel tuvo que lidiar con el monstruo de la híper allá por los 80.

   A diferencia de Argentina, el país de medio oriente pudo domar a la bestia, acudiendo a un enorme acuerdo político que involucró a sindicatos, Gobierno y partidos opositores.

   A través de dicho arreglo, se decidió congelar precios y salarios en 1985.

   Como dato de color, para evitar la formación de mercados negros, los policías y funcionarios públicos empezaron recibir sueldo doble para evitar hacer la vista gorda frente a situaciones irregulares. También se emprendieron fuertes campañas públicas de concientización.

   El resultado no podría haber sido más auspicioso: en sólo un año, la inflación bajó del 420 % al 20 %.

   Pero no sólo de congelamientos dependía el plan.

   “El congelamiento fue parte de un acuerdo político que involucró a sindicatos, empresarios y al Gobierno. El Estado se comprometía fuertemente con la reducción del déficit fiscal, es decir, crearon instituciones cuyo único fin era adecuar el gasto a los ingresos tributarios. Así, se atacó el origen del problema inflacionario, que es la falta de consolidación fiscal”, aclaró Coremberg.

Otros tiempos

   Marzo fue un mes para el olvido en material de inflación. Mientras el IPC nacional, que difundió el INDEC, arrojó el registro más elevado del año, en Bahía Blanca, el que elaboró el CREEBBA, con idéntica metodología, cerró en el segundo más alto de este año y en el tercer registro más elevado para un tercer mes desde 2009.

   Sin embargo, no siempre se vivió lo mismo y el viejo material de archivo es un vivo testimonio de la cambiante volatilidad de nuestra economía.

   Es que en marzo, pero de 1999, la variación del IPC-CREEBBA en nuestra ciudad no pasaba del 0,66 %. Y la cifra, aunque hoy parezca mentira, no surgía de la comparación intermensual (marzo contra febrero), sino ¡con respecto a marzo de 1998! Por poco que se sepa de números, la diferencia es abismal con relación al actual 49 % que se anotó la ciudad entre el tercer mes de 2019 e igual lapso de 2018.

   Claro está que en economía no hay nada gratis, y el vaso medio vacío de aquella bajísima inflación  de los 90 era un nivel de desempleo que promedió los dos dígitos toda la década, y que llegó a registrar una tasa de desocupación del 20,5% a mediados de la década en Bahía.

   Pero eso es historia y la inflación otra vez vuelve a ser parte de nuestra cotidianidad.

   Una rareza mundial, solo  posible en un país que sólo sabe zigzageos y poco de circular por las avenidas del medio.

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