“Me gusta…”

20/1/2019 | 06:30 |

Por
Guillermina Rizzo

   ¡Me gusta!

   Dependiendo de la edad que tengas, ya sabés sobre lo que vamos a pensar…

   Para algunos/as parece imposible, pero descubrimientos y avances en materia de ciencia y tecnología marcan un camino, reformulan estilos de vida, imprimen nuevos ritmos y hasta modifican subjetividades. Dos ejemplos: la píldora anticonceptiva y la tecnología con sus consecuentes redes sociales.

   ¡Me gusta!

   Algunos/as los cuentan, otros/as casi obsesionados/as viven pendientes de ellos; están quienes ni se inmutan y también quienes sitúan sus vidas “alrededor de ellos”. Si estás dentro del gran grupo que usa redes sociales, sabrás que con un “pulgar hacia arriba” o con un “corazoncito”, estás comunicando.

   ¿Enredados/as en las redes? ¿Qué significa un “me gusta”? ¿Determinan una existencia al punto de convertirse en patología?

   La Psicología, desde hace tiempo, puso “manos a la obra” y “los cerebros” también, para poder comprender, interpretar y explicar el fenómeno surgido en las redes sociales. De hecho es un motivo de consulta en las sesiones y no hay edad que escape a ello, pacientes octogenarios se preocupan y cuentan los “me gusta” que reciben.

   Los motivos por los cuales aprobamos publicaciones ajenas son tantos y tan variados como personas hay en el mundo. En líneas generales significan que gustan de la publicación, de la foto, es una forma de acercarse, el contenido es interesante.

   También puede ser “accidental” y hasta “irónico”; los hay ideológicos, para marcar territorio, y solo pueden ser borrados por quien los emite; expertos en Psicología no pueden esgrimir un argumento único respecto de lo que significa un “me gusta”.

   Si bien las intenciones son muy variadas es innegable que “dar un me gusta” significa a simple vista “que me gusta”, no obstante ya se pueden establecer clasificaciones de comportamiento en las redes.

   Así, encontramos actores “activos/as” que suben contenidos e interactúan con otros/as dando me gusta; “pasivos/as” que exponen pocos contenidos e interactúan muy poco y los/as “voyeurs” que ni suben ni se relacionan, solo se limitan a mirar los contenidos de los demás; mi “estadística informal” dice que aquí hay una gran mayoría.

   ¿Y el efecto en quién recibe?

   La clave no solo está en quien emite “un corazoncito o un pulgar” sino también en quien recibe y en la interpretación que realiza. Las publicaciones no son inocentes, máxime si se trata de adultos; nadie publica una foto por azar, y no produce el mismo impacto la foto de una copa de vino que la de una persona o un paisaje.

   Hay seres que viven por y para los “me gusta” experimentando estados de frustración y de decepción; hay quienes reparten “corazones” y luego no pueden entablar una conversación; hay quienes miran y en el vil afán de no dar entidad “amarretean” las aprobaciones.

   Las redes sociales permiten exponernos, a tal punto que si el estado emocional no es óptimo y si la autoestima no está en niveles altos, la ausencia de “me gusta” opera como falta de recompensa y también como falta de sustancia, ya hay estudios sobre esta nueva adicción.

   Algunos/as muestran lo que son, otros/as lo que anhelan ser, algunos/as muestran a todos/as para que uno solo lo vea, otros/as muestran a uno y lo ven todos/as, Freud sostenía que el deseo humano es el deseo de tener un lugar en los deseos del otro, y las redes son un lugar de encuentro para los deseos.

   No vivo pendiente del “me gusta”, pero si valoro “los corazones” incondicionales que desde hace 5 años Daniel, Rosana y Celina le dan a los Temas Vitales. ¡Gracias!

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