¿Qué significado tiene un regalo?

9/9/2018 | 12:44 |

Por
Guillermina Rizzo

   Pensado, elaborado, exótico, original, único, “del montón”, también está “el olvidado”.

   Estamos pasando el invierno, pero para la gran mayoría continuarán “las épocas de vacas flacas”, seguramente el tema de hoy no se considere vital; sin embrago lea hasta el final y se sorprenderá.

   Soy consciente mis querido/a lector/a que tal vez Usted no está para pensar en regalos, pero a veces la imposibilidad de fantasear con obsequios es propicia para “regalarnos” un tiempo para pensar en aquello de lo que por momentos se carece.

   ¿Le gusta hacer regalos? ¿Disfruta al recibirlos? ¿Qué significado tienen? ¿Reflejan nuestra personalidad?

   Un regalo es un objeto entregado a otro (también a uno mismo) con el fin de homenajear, agradecer, “cumplir”, reconocer un logro, por parte de quien lo recibe. Con envoltorios más o menos esmerados y hasta con las cada vez más extinguidas tarjetas, tienden a mejorar los vínculos.

  Regalar se remonta a la antigüedad, y aunque usted no lo crea, la Psicología dedica “varios capítulos” al tema, pues ya sea quien lo elige y la forma de hacerlo, como así también quien lo recibe, experimentan una serie de estados y sensaciones dignos de ser estudiados.

   Un obsequio pone de manifiesto varios factores. Quien se dispone a hacer un regalo es esperable que dedique un tiempo, que se interese por los gustos del destinatario, detalles necesarios que parecieran estar ausentes en quien lo compra “a las disparadas”; capítulo especial merece quien siempre olvida los regalos.

   Estudios revelan datos curiosos: las mujeres realizan mayor cantidad de regalos que los hombres, piensan mucho en el significado afectivo mientras que los varones tienden a centrarse más en el costo. A su vez, un regalo estimula la socialización, conecta emocionalmente, y es una vía para “dar placer” al otro; en ocasiones reemplazan a las palabras.

   ¡Neuronas y reciprocidad!

  Según las Neurociencias al entregar un regalo se activa el hemisferio derecho, zona asociada a la generosidad; no en vano hay quienes disfrutan siendo “regalones”. No todo queda allí, quien recibe experimenta “una especie de contagio” que se ve estimulado a obsequiar. Le confieso que algunos son inmunes.

   Más allá de las endorfinas, la personalidad también se pone de manifiesto. El histriónico se inclina por objetos innovadores, exóticos, provenientes de otras culturas. Quien es perfeccionista pensará no solo en el obsequio sino en el envoltorio, la dedicatoria, procurando que llegué en prefecto estado y hasta perfumado.

   Personalidades “más simples” se inclinan por regalos sencillos, fabricados con sus propias manos pero colmados de afecto. Contrariamente “el exclusivo” es quien opta por regalos inolvidables y costosos, el fin es llamar la atención, hacer sentir especial y que el regalo no caiga en el olvido. El previsor compra con antelación y el aventurero se inclina por regalar experiencias en lugar de objetos.

   El “olvidadizo”, que en caso de que recuerde entregar un regalo, seguramente lo hará hasta sin envoltorio; dentro de este grupo está quien suele buscar entre sus pertenencias algo sin uso para regalar.

  Un regalo trasciende su valor monetario; un presente implica “tener presente” al destinatario, dedicarle un tiempo pensando en sus necesidades, imaginando el goce en el rostro al recibirlo. Involucra también originalidad y creatividad, astucia y sutileza para encontrar el momento oportuno para entregarlo.

   Un regalo a veces marca y debiera dejar huellas. Días pasados recibí por primera un regalo especial: un chocolate, jamás olvidaré ese momento.

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