Oportunismo

13/5/2018 | 08:14 |

   No caben dudas de que el proceso de designación del gerente general del Puerto fue tenso y con posturas muy encontradas. 

   Es cierto también que la votación se dividió entre quienes privilegian una visión regionalista del destino de nuestra terminal y quienes están más volcados a seguir la visión de las grandes compañías con legítimos intereses económicos propios. Es innegable que el actual titular del Puerto, Miguel Donadío, impulsaba esta última idea. 

   Como se sabe, a la hora de la votación ganó la postura “multinacional” gracias a que obtuvo los dos tercios necesarios, seis votos sobre nueve, dos de ellos emitidos por los directores con representación sindical, que al levantar la mano optaron por acompañar a las megacompañías multinacionales, y a Donadío. 

   En resumen, fue un proceso tenso pero democrático y el próximo gerente general será alguien sobre quien nadie ha dicho algo malo, excepto que carece de arraigo local o regional, contrariamente a su principal competidor en el concurso.

   Ahora bien, afirmar, como hizo ayer Donadío, que las personas que opinaron por respetar las trayectorias internas del Consorcio del Puerto y las visiones regionalistas son parte de una “operación de apriete y amenazas berretas” o de un proceso de “corrupción” es inadmisible. 

   Tal afirmación involucra, por ejemplo, tanto a los intendentes de Bahía Blanca y Coronel Rosales como a quienes conforman el Consejo Consultivo Portuario, prácticamente todas las entidades con representación genuina.

   Lo cierto es que la postura en favor de un candidato surgido del propio puerto como garantía de regionalismo tuvo un apoyo muy amplio, aunque luego haya sido derrotada en el restringido seno del directorio del Consorcio de Gestión. Desde esta óptica, como mínimo, la acusación de Donadío parece meramente política y pecó de desmesurada y oportunista.

   Dijo también Donadío que llegó de la mano del presidente de la Nación y de la gobernadora para “traer honradez y transparencia al puerto de Bahía Blanca”. 

   Más allá de que ni el presidente ni la gobernadora han dicho nunca nada al respecto, se trata de otra afirmación temeraria que debería explicarse con datos. ¿Qué hechos poco transparentes o deshonrados vino a eliminar? 

   Excepto, por supuesto, que cada una de estas realidades solo existan en la díscola, casi indomable imaginación de este autoproclamado maestro de dirigentes.

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