La pradera seca

17/12/2018 | 06:30 |

Por
Miguel Angel Asad

   Se la estudia en sociología como síntoma de un país en aptitud para que un incendio lo arrase y lo deje yermo. Con 48% de niños argentinos que comen solo una vez por día en el colegio, incluidos los sábados. Con un presidente que llora en el Colón, pero no llora por la bofetada de casi 6 millones de niños privilegiados (ley particular) por el hambre. 

   Un país que entra a conversar con Inglaterra usurpadora cuando aún el estado de beligerancia subsiste. 

   Cuando se esconde que la barra brava de la “12” era del riñón suyo en la presidencia de Boca. Cuando la “Copa Libertadores” -por la emancipación de España en 1810- se vaya a jugar en la cancha del Reino Godo.

   Cuando se decreta duelo -forzado- por los 44 héroes del ARA San Juan para irse a festejar bachata en Mendoza esa misma noche. 

   Cuando batimos el parche porque organizamos el G.20 -con una ciudad sitiada y previamente controlada- por miles y miles integrantes  de servicios de inteligencia extranjeros. 

   Cuando el fútbol -como sensación térmica en acto- se encargó de poner en evidencia el bochorno de una ministra de inseguridad etílica.

   Cuando aún no han comprendido los políticos oficialistas y de la oposicion (concordancia camandulera) que la contradicción vigente -Marx dixit- no es en Argentina “orden vs caos”. Que es mucho más profunda la cosa, boyamos en una falsa libertad fomentada por el liberalismo. Este, parido por Rousseau: un loco mentiroso, o sea un miedo ambulante de que lo encierren. Inventó la teoría del “dejarme en paz” y la teoría de la bondad esencial del hombre. 

   De ahí vino el libre mercado y la innecesariedad de los controles. Libertad de comercio para el Gran Dinero, o sea el actual capitalismo (por eso la marcha dice “combatiendo al capital” este; no el de las pymes, ignorante).

   Para eso querían gobiernos débiles o parlamentarios oponiéndose al ideario nacional acuñado en la formula de América latina toda: “Libertad para todo y para todos,menos para el mal y los criminales”. 

   Como toda política es la realización practica de una teología, hela allí monda y lironda la bondad del hombre del protestantismo redimido por los méritos de Cristo. 

   Devino sin más la demagogia y el democratismo como parodia de la democracia; el filosofismo a la filosofía; la sofistica a la sofía; porque la libertad fomentada por el liberalismo es peor que ignorancia, es peor que mentira, es confusión (esencia del caos: división en profundidad). 

   ¿Cómo llegamos a este “estado de cosas”? Pablo Papini ya nos lo había advertido -citando a “Historia Oculta” de Marcelo Grushov- de la condición  predisponente de la “subordinación cultural”. 
Que igualmente calificara Hernandez Arregui: la”necesaria baja autoestima social” como “eficaz ingrediente que invadió y destruyó la cultura del ser nacional: pariendo un estado nacional de indefensión y descontrol social” (ideología de la desestructuración). 

   Hoy en día, pensadores como el inspirador por excelencia del Presidente Putin -como Alexander Duguin- revelan que aquella primera visión liberal de posguerra de superar al fascismo, al nazismo, etc, le ha sucedido un liberalismo transhumanista que de la mano de Soros y otros muchos más, lo que pretenden es considerar al individuo como centro de un totalitarismo que suple las identidades culturales colectivas nacionales por un futuro de aniquilación de la persona humana,vg, con la inteligencia artificial.

   Respecto de la dominación británica en el mundo sin necesidad de grandes fuerzas militares: “Antes de 1914, unos pocos miles de militares bastaban para controlar alrededor de 7 millones de Km. cuadrados y mas de 400 millones de personas no británicas”. 

   O la propuesta del inefable Mariano Grondona de adscribir a la Argentina a EEUU como Puerto Rico. Marcelo Gullo afirma al respecto: “La única forma de liberar a un pueblo de las potencias hegemónicas comienza por “una insubordinación ideológica” como primera etapa de todo proceso emancipatorio, “que cuando se plasma en una política de Estado se troca en “insubordinación fundante”.

   Yendo a la Argentina concreta y actual, Argentina anda en desintegración. ¿Qué es políticamente? ¿Monárquica, aristocrática, democrática, demagógica, dictatorial, caudillista, oligárquica, timocrática, anárquica, liberal, reaccionaria, revolucionaria, comunitaria o qué? Estamos poseídos por el espíritu maligno de la perplejidad. Esa que le inspiro a Clemenceau: “Buenos Aires es la capital de un imperio que no fue”. Perón se atrevió a proclamar la Argentina potencia y los hermanos tres puntos en 1955 lo voltearon (ver su obra La fuerza el derecho de las bestias). En 1976 pasó lo mismo y ahora, calcamos el programa de la dictadura militar. Ya se comenzó incipientemente a reiterar el “plan Cóndor” de los EE.UU. en los 70 con Galimberti (cuñadito de la reciclada exmontonera ministra Patricia Bullrich). Con empresarios disfrazados de arrepentidos que comieron la zanahoria cuyo patrullero el juez habrá de enviar inexorablemente a Olivos. La Argentina debe rehacerse nación o terminará siendo “pradera seca” donde se espectaculan y pasquinizan los crímenes y se ocultan vergonzantes los castigos. 

   Una injusticia que no es reparada es una cosa inmoral e inmortal. 

   La Justicia hoy, es un blocao. Cuando un supremo tribunal se vuelve opereta, siempre hay baile. A veces escarmiento. 

   Porque la gente buena, cuando se cansa,se enoja. Y Dios nos libre de la gente buena y mansa enojada.

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