Informe especial

#SaludMental: en el Penna, esperan una sala con 30 camas para pacientes psiquiátricos

18/10/2016 | 07:00 | Algunos no los quieren en la guardia. Los profesionales hablan de prejuicio.

Fotos: Emmanuel Briane-La Nueva. Gráficos: Mauro Decker Díaz-La Nueva.

Belén Uriarte / buriarte@lanueva.com
Matías Mugione / mmugione@lanueva.com
Maximiliano Buss / mbuss@lanueva.com

   Se acerca caminando y frena. Mira y sonríe. Vuelve a caminar, llega al final del pasillo y regresa. Otra vez mira. Y al final dice “hola”. Le devuelven el saludo y enseguida continúa: “ Está lindo afuera, ¿no?”.

   Él es uno de los tantos pacientes que se atiende en el Hospital Penna por padecimiento mental. Él es uno de los tantos que cada día recorre el pasillo 3 en busca de una mirada cómplice. Él es uno de los tantos que saluda y espera una respuesta.

   Desde que entró en vigencia la Ley Nacional de Salud Mental (2010), los pacientes psiquiátricos tienen que atenderse en hospitales generales, permanecer el tiempo necesario y luego integrarse en la comunidad. Parece sencillo, pero no lo es.

   Los profesionales del Penna —tiene guardia psiquiátrica los 365 días del año— ya venían trabajando con estas prácticas y la reglamentación llegó para traerles “alivio”. Sí, alivio. Esa fue la palabra que usó la jefa del servicio de Salud Mental, Rosa De Fino, y su equipo al momento de hablar de la ley.

   —Alivio en los tiempos de internación. Antes todo era avalado por el poder judicial y había que pedir autorización para las salidas; los tiempos se hacían muy largos. Ahora el tribunal solo decide en caso de delito —dice Marcela Marini, jefa de Internación de Corto Plazo.

   —Alivio porque cuando nosotros permitíamos que un paciente que estaba bajo nuestro cuidado saliera, lo hacíamos bajo nuestra responsabilidad y cortábamos clavos hasta que volvía y veíamos que estaba bien. Hoy la Ley dice que cuando es posible el paciente tiene que volver a su casa —explica Adriana Stacci, jefa de la Unidad de Psicología.

   El equipo de Salud Mental del Penna es numeroso y trabaja de manera interdisciplinaria. Cuenta con 7 médicos de guardia, jefas de internación, psicología, alcoholismo y Hospital de Día; una estructura de residentes y un equipo de enfermería.

   También hay una psicóloga en el Hospital de Día, residentes de psiquiatría y psicología y hay dos médicos que están en un sistema formativo.

   Pese a ello, el personal resulta insuficiente: —Recién este año pudimos completar un médico de guardia por cada día de la semana —cuenta De Fino.

Internación

   En el exneuropsiquiátrico llegó a haber 30 enfermos agudos (otros 50 estaban en la sala de crónicos del Penna). Desde su cierre en 2011 se comenzó a trabajar en la externación y hoy hay solo 12 camas en lo que era la sala de neonatología: “La única razón para que el paciente esté internado es que esté en un momento agudo de la enfermedad”, asegura De Fino.

   Aunque las internaciones son más cortas, la demanda es grande y el espacio, por lo tanto, escaso: en promedio, el 40 % de las camas de guardia están ocupadas por personas con padecimiento mental y también hay pacientes en la sala de cuidados mínimos.

   —Estamos a la espera de una sala de por lo menos 30 camas donde 20 sean destinadas para pacientes con alguna patología aguda y un margen de 10 camas para los que están en proceso de externación —explica Marcela Marini.

   —Hay gente que se queja porque los pacientes de Salud Mental están en la guardia...

   —Eso tiene que ver con la educación. Es como si yo me quejara porque hay gente que tiene sida. Es difícil que la sociedad se adapte y acepte que cualquiera está expuesto a ingresar acá con una problemática mental. Pareciera que a nadie le toca. Pero en algún momento de la vida a cualquiera le toca, a un vecino, a un familiar. Hasta que no irrumpe eso y queda bien cerquita, no entienden de qué se trata y por qué hay que darle el mismo trato que a cualquier persona.

   —¿Y hay violencia?

   —Puede haber hechos violentos, pero no necesariamente por un paciente mental. No es que el paciente con una enfermedad mental va a ser violento y va a salir con un cuchillo a matar a todos. La violencia se da pocas veces y solo en algunos casos. Yo me siento más segura en la sala de Salud Mental que caminando por la calle.

   La jefa de Internación de Corto Plazo hace hincapié en que el paciente no es peligroso todo el tiempo, sino en el momento agudo de la enfermedad.

   —Cuando está con alucinaciones y se siente perseguido, se va a defender. No ataca porque quiere matar a alguien, porque odia o porque disfruta de eso. De hecho cuando empieza el tratamiento, a veces ni recuerda lo que hizo ni dónde estaba por la desorganización que produce el cuadro.

   Trastornos del ánimo y psicosis son las enfermedades que más se ven en esta área del Penna y la mayoría de las internaciones son involuntarias. Por eso hay intervención de Defensoría y de la Justicia: la decisión de que el paciente ingrese ya no la toma un juez, pero sí está al tanto del ingreso y de la evolución.

Seguridad

   En el Penna los pacientes con padecimiento mental no están encerrados. Muchos circulan por los pasillos y algunos están en la guardia general, con personas que padecen otras enfermedades. A algunas de ellas les da lo mismo, pero otras no quieren que estén ahí y hasta se preguntan si la convivencia es posible.

   —Las personas en algunas circunstancias, cuando tenemos afectada la salud, podemos ser de algún riesgo para nosotros mismos y para los otros. Pero no solo la salud mental. Si yo tengo una enfermedad infectocontagiosa puedo contagiar a otro —explica De Fino.

   Existe el riesgo para terceros, pero también para uno mismo. Si bien los profesionales del Penna no recuerdan suicidios dentro del hospital —sí hubo en el exneuropsiquiátrico— cuentan que hubo pacientes que en el intento de huir —por una ventana, por ejemplo— se lastimaron.

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   Pero hay medidas de seguridad para evitar un mal mayor. Estructura ignífuga, policías en el pasillo central y custodia para pacientes internados con orden judicial, son algunas de ellas.

   —El paciente lo que más necesita es recuperar los espacios de la vida diaria —dice De Fino.

   A lo que Sandra Marini, jefa de la Unidad de Alcoholismo, agrega: "No tenemos cerramiento de llaves ni candados y de hecho está prohibido".

Unidades

   La mayor parte de los trabajos que se hacen en el Penna son ambulatorios y las consultas por adicciones son las más frecuentes: el año pasado hubo 1.173.

   Están las unidades de Psicología y Alcoholismo, el Hospital de Día y el Programa de Rehabilitación y Externación Asistida (PREA).

Datos proporcionados por la directora del Penna, Marta Bertín

   —En la unidad de Alcoholismo atendemos adultos, los psiquiatras infanto-juveniles están en pediatría. Y la atención se trata de descentralizar: tanto el médico como el psicólogo ven dónde vive el paciente y dónde tiene un dispositivo de atención más cercano —cuenta la jefa de este servicio.

   En la unidad de psicología, en tanto, trabajan de manera conjunta psicólogos y psiquiatras. Hay distintos consultorios: como el de Aspectos Legales, donde se evalúan las causas judiciales que llegan de los fueros, y el Preocupacional, donde se hacen las evaluaciones psicológicas de las personas que están por ingresar a un empleo público.

   —Con respecto a las causas judiciales, ¿hay muchos casos de enfermos mentales que cometieron delitos?

   —Hay que desestructurar la idea de que el que comete un delito es un enfermo mental. Creo que ahí la sociedad tiene un grave error cuando dice ‘violó y mató, es un loco’. No, el que violó y mató es una mala persona. Es bajísimo el número de enfermos mentales que cometen delitos: el que comete delito sabe lo que hace, el enfermo mental está lejos de eso —dice Sandra Marini.

   Y su compañera Mariana Villar —trabaja en residencia de Psicología— añade: “Hay que revertir el estigma que han tenido los pacientes mentales. Muchas veces está en el propio equipo médico, que lo primero que trata de hacer es que el paciente esté lejos. Loco no es signo igual a peligroso”.

Datos proporcionados por la directora del Penna, Marta Bertín

Necesidades

   Los profesionales del Penna defienden el espíritu de la ley, pero aseguran que faltan recursos. Recursos económicos y humanos.

   Se necesitan más camas en las salas de internación, más subsidios para las externaciones y más centros de salud que apoyen la implementación de la ley: "Falta hacer un trabajo con las obras sociales porque estamos dando asistencia a gente que está pagando una prepaga que no le da cobertura por patología mental", cuenta Marcela Marini.

   —Sin plata no se pueden hacer algunas cosas, y con plata y sin voluntad o sin permeabilidad en las comunidades y sin conocimiento, tampoco. Muchas veces en el intento de hacer se improvisan cosas y tampoco es bueno: las cosas hay que planificarlas —asegura De Fino.

   Y el tema más complicado es el laboral.

   —Hay empresas que por ley tendrían que tomar a una persona con discapacidad y el Estado hacerse cargo de las cargas sociales, pero hay una resistencia a tomar a alguien con padecimiento mental —explica De Fino.

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