La necesidad de la biografía

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La necesidad de la biografía

16/1/2016 | 00:22 | por Sebastián Sánchez    por Sebastián Sánchez

La necesidad de la biografía

La necesidad de la biografía. Notas y comentarios. La Nueva. Bahía Blanca

Durante mucho tiempo la historiografía académica argentina vivió bajo el imperio de la llamada Escuela de los Annales, corriente francesa que subraya las cuestiones sociales y económicas y despacha al ostracismo a la historia fáctica o eventual. Lo que al principio fue reacción al positivismo trastrocó en los Annales en “larga duración”, análisis estructural, el sólo estudio de los procesos materiales desatados por las masas. Paradojalmente el acontecer del hombre real -no el de esa abstracción que llaman El Hombre- se diluyó como objeto de estudio en la historiografía. Porque -seamos honestos- una historia de los precios en una ciudad medieval, o una tesis sobre variaciones infinitesimales en la población de una determinada región lusitana, o un libro sobre las prácticas eutanásicas de caninos en el Chicago de los años ’20, nada dicen acerca del hombre, de los hombres.

En semejante contexto, adquiere cierta lógica que el género biográfico haya sido anatematizado en los círculos historiográficos dominantes pues para éstos la biografía ha sido cosa antigua, perimida y petrificada en el modelo “moral” de Plutarco o en la exaltación de una heroicidad caduca a lo Carlyle. Creían estos historiadores –y aún lo ven así muchos de ellos- que la biografía se aleja de lo científico para aposentarse en la literatura y, aún más, en la novelística.

Sin embargo la historia es una disciplina que, a través de fuentes variadas, tiene por objetivo primero el establecer noticias fehacientes acerca de actividades humanas que surcan ese inmenso laberinto que es el suceder pasado. De modo que, para decirlo taxativamente, sólo son históricos los hechos que tienen al hombre por protagonista. La biografía adquiere así carácter de necesidad absoluta como método historiográfico. Elegir la biografía entre los caminos posibles para investigar historia implica volver la atención al hombre, situarlo en su tiempo, conocer sus valores y opiniones, las creencias y las ideas que orientan su conducta. Así puede lograrse una cabal explicación histórica. En ese marco adquiere sentido la tan citada frase orteguiana, “yo y mis circunstancias”, en tanto cada hombre es hacedor de su propia biografía pero en el marco de su época, su entorno social…su patria.

En nuestro país la biografía ha encontrado notables cultores como Sarmiento y su “Facundo” o Manuel Gálvez que biografió con maestría al propio Sarmiento, a Rosas, a Irigoyen, a Ceferino Namuncurá e incluso al presidente tradicionalista del Ecuador, García Moreno. En los últimos años el género biográfico viene mejorando su fortuna pues incluso en el Instituto Ravignani (UBA), núcleo de la historiografía dominante, se ha lanzado una serie de biografías que incluye a personajes como Monseñor D’Andrea, Castelli o Monteagudo. Es una buena señal para un género relegado a la sombras durante la hegemonía de la historiografía cuantificadora.

A la hora de entender la biografía, siempre nos inclinamos por Eugeni d’Ors, quien en su peculiar tratado sobre los ángeles expuso una teoría biográfica empezando por decir que ésta es “a la historia lo que el retrato a la pintura”. Cuando el retratista pinta cumple un proceso de abstracción que implica seleccionar y tipificar y tales son las tareas propias de la inteligencia aplicada al estudio de lo biográfico. Es así como, liberado de la exigencia por el detalle, el retratista –y también el biógrafo- encuentra un significado. El biografiado no será ya, simplemente, una persona (con su vida) sino un personaje (con su vida graficada, con su biografía). Podrá objetarse que el mencionado proceso carece de “rigurosidad científica” y se objetará mal pues el género biográfico no sólo conlleva un método científico sino que propicia además un doble conocimiento: el de la historia propiamente dicha y el del hombre. Cada biografía es una introducción antropológica.

Vale entonces la pena ensayar desde este espacio sucintas grageas biográficas que nos den noticia acerca de vida y obra de personajes históricos que pertenecen a nuestro pasado, que habitaron esta tierra, bajo estos mismos cielos.

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