OTRAS VOCES

Estado de la política y políticas del Estado

23/9/2015 | 00:21 | Escribe Tomás Loewy

Estado de la política y políticas del Estado. Notas y comentarios. La Nueva. Bahía Blanca

Desde la recuperación de la democracia en 1983 pensamos, ingenuamente quizás, que pronto podríamos devolverle al país una condición promisoria en el concierto mundial, luego de la dura experiencia. Pero el impacto de la globalización neoliberal pegó más fuerte en los países menos desarrollados y la Argentina tenía una mochila adicional: la pervivencia de un populismo acendrado, desde hace más de 70 años. Ese síndrome fue como un dragón de mil cabezas que aún muy pocos analizan. Esto fue distintivo de nuestro país frente a muchos países de la región, y por eso retrocedimos desde una posición relativamente elevada.

Este año 2015, elecciones nacionales incluidas, luce como una tormenta perfecta del drama social y económico, debilidad de la política y caricatura de una democracia que aún no hace pie en la ley y en la justicia, es decir, en el apego a las normas y en el estado de derecho. Hay una tendencia corporativa e incorporada de centrar todos los problemas y las soluciones en la economía. Desde fines del siglo XIX la economía política fue reemplazada por la economía a secas. Así, la visión social de esta ciencia se fue sustituyendo por un enfoque matemático, axiomático y no valorativo. Cien años después, el poder se separó de la política, decisivamente, disciplinándola a sus fines.

Esta situación devino en una acumulación de problemas nacionales y globales, en interacción cada vez más estrecha, exhibiendo la inviabilidad de un modelo basado en producción y consumo, ahora con preeminencia de los beneficios financieros sobre los de acumulación. En ese paradigma se desconocieron los límites y los costos sociales o ambientales. Nada es casualidad, determinismo o libre albedrío. Estamos consintiendo que un grupo humano, encubierto en organismos mundiales y megaempresas, decida este rumbo temerario para la humanidad. Cada vez resulta más inocultable la necesidad de una gobernanza global fundada en un cosmopolitismo de los estados. Esto es, gestionar una sociedad-mundo, compleja pero con alguna esperanza de futuro para nuestros hijos y nietos.

Solo en ese marco es conducente abordar los problemas nacionales, con menos “patria” y “tecnópolis”, asumiendo que la Argentina no se salva sola. Más aún, puede y debe ser parte significativa de una gran transición involucrada en mitigar el cambio climático, promoviendo otra relación individuo, sociedad y naturaleza. Es válido, en ese contexto, reflexionar acerca del perfil de nuestra campaña electoral, en términos de diagnóstico y prospectiva. Recientemente, el sociólogo Alejandro Katz se preguntaba por “el silencio de los candidatos” sobre, al menos, tres problemas que aparecen como insoslayables en esta coyuntura. Yo creo que ese silencio oculta muchas cosas más, dentro de una agenda que no piense solo lo urgente.

La pobreza, inseguridad y decadencia de los partidos políticos lucen más como síntomas que se retroalimentan si no se abordan las causas. Otro silencio estruendoso de los candidatos es el referido al caso Nisman que resume e ilustra -emblemáticamente-todas las insolvencias del sistema. A este paso nuestra democracia ya no califica siquiera como delegativa o de baja intensidad. Frente a este tenor de problemas uno se siente tentado a centrar todo el esfuerzo en refundar la república y el federalismo. La descomposición nacional y global, empero, no nos otorga el tiempo de postergar otras cuestiones. A lo urgente se impone agregar lo importante, para generar un círculo virtuoso.

Hablar de Políticas de Estado, sobre temas estructurales y multiescalares, puede sonar a ciencia ficción. Asumo este riesgo y doblo la apuesta con un insumo necesario como es el de delinear un Proyecto de País convocante y movilizante. Los diez silencios ocultos, no excluyentes, que trato de desarticular, solo pretenden ser un disparador para elevar la puntería y el espectro de los debates. Los títulos, sin orden jerárquico, son los siguientes:

1.- Ordenamiento Territorial; 2.- Desarrollo rural sustentable; 3.- Sistema impositivo progresivo; 4.- Seguridad alimentaria y ambiental; 5.- Calidad educativa con perfil ambiental; 6.- Promoción de energías limpias y renovables; 7.- Protección de bienes comunes y servicios ecosistémicos; 8.- Lucha antinarcotráfico, nacional y global; 9.- Descentralización demográfica, económica, política y cultural; 10.- Políticas activas contra el cambio climático, nacional y global.

Visibilizar esta agenda y ampliarla importa rescatar nuestra autonomía, individual y social, frente al poder económico: ni más ni menos que recuperar la política.

Mustang Cloud - CMS para portales de noticias