Santiago Ríos da un toque a la locura
Santiago Ríos se da el lujo de exhibir una regia trayectoria en todos los planos que su profesión le habilita.
Cine, teatro, televisión, en cada uno ha hecho lo que sea y para casi todos los gustos, aquí y en el exterior.
Lo hizo y hace sin salir -adrede- de ese plano secundario que adopta casi como un mecanismo de defensa, más allá de que sus roles sean de reparto o protagónicos.
Eso explica que, a muchos, su nombre les resuene; y a otros no tanto, pero que resulte inequívoco el reconocimiento cuando lo ven y lo sitúan junto con Tato Bores en Good Show o Alfredo Casero en Cha cha cha; en Tumberos, Graduados, Los Únicos o en Los exitosos Pells y su derivado mexicano; como en teatro en Extraña pareja en teatro, la producción musical Los locos Adams, como el Tío Lucas, entre una ristra de títulos más.
"Soy un agradecido de conquien y dónde he trabajado. Todo me ha dejado una experiencia y un aprendizaje: lo bueno y lo malo", asegura el hombre que mañana, a las 20.30, en El Tablado de Chiclana 453, presentará Diario de un loco.
"Es una creación mía, sí; basada en el relato de Nikolái Gógol y en paralelismos de sus vidas, tan lejanas y tan parecidas en varios puntos a la vez", cuenta sobre este material que le dirigieron Pompeyo Audivert y Pablo Cordonet donde es acompañado por Viviana Invernizzi.
En Bahía, con "Diario de un loco"
"Hace rato que teníamos ganas de venir a Bahía Blanca con Diario de un loco -revisa Santiago Ríos-. Anduvimos por varias plazas y no pasamos por acá hasta ahora. Me puse en contacto con Sebastián Sáez (actor, mimo, productor) que se puso la obra al hombro y acá estamos", cuenta en “La Nueva.”, a donde llegó con tiempo, "para hacer las cosas bien".
Se ríe y fabula cuando dice que, hasta aquí, lo persiguieron "los locos".
"Hice Los locos Adams; Marat Sade, en el Teatro San Martín, con Villanueva Cosse, y fui el loco en Rey Lear, dirigido por Jorge Lavelli".
- Son locos diferentes...
- Sí... A Lucas lo conocemos todos. El de Rey Lear es un asesino desquiciado a quien llamarlo `loco´ es amenguarle la gravedad de la patología; y el de Marat Sade es Roux, el loco que subleva al loquero. A este se parece un poco más el protagonista de Diario...
- ¿Cómo lo pensaste?
- Llegué a él por estudio de los poetas malditos, entre ellos Gogol, y de Jacobo Fijman, ambos judíos que quisieron ser curas católicos, y que en algún momento de su vida tomaron consciencia de su locura.
"Fijman creció en Uribelarrea, una localidad entre Cañuelas y Lobos que se formó cuando el manicomio del lugar fue cerrado; los pacientes quearon libres y formaron el pueblo. Gogol se suicidó a los 42 años, preso de su locura, mientras que Fijman sintió que se estaba volviendo loco, fue al Hospital Borda para internarse, no lo aceptaron y dos días después cayó allí y allí murió.
"Axenti, el personaje de este Diario... tiene, como ellos y muchos, problemas con ser quien es ¿Y quién, alguna vez, no quiso ser otro?".
- ¿Vos lo querés?
- ¡Todas las mañanas! Pero soy el que soy (risas).
- Si pudieras ¿qué cambiarías?
- Para cambiar el que soy tendría que viajar al pasado y no tendría sentido. Me quedo con quien soy, y disfruto de transformarme en otro cuando actúo y de ponerle de mí al personaje.
- Dijiste, por ahí, que no te interesa "llegar". ¿Pensás el futuro?
- Cerrar círculos emocionales permite seguir creciendo. Pero ¿círculos de caminos? Daría vueltas a la plaza a bordo de una Ferrari y yo quiero ir a velocidad por la ruta, al menos en la profesión. Y el futuro no me ocupa. Las mejores oportunidades me surgieron casi sin buscarlas.
- ¿A qué le temés?
- Temo a estancarme; a ser "Santiago Ríos el que hace de...". Mauricio Kartún lo dice: "hay actores que se montan en su nombre y sólo hacen de ellos".
- Y esos locos que actuás ¿te sanan?
- Totalmente. Como dice Axenti, "yo sé que sé que estoy loco, pero hago de cuenta que no sé, para que el otro no se de cuenta de que yo sé".