Iparraguirre, el veterinario del barrio la Falda
Llegó a la ciudad hace 30 años con un bolsito cargado de ilusiones. Lo acompañaban su esposa Margot y su pequeña hijita Micaela.
Sin más conocimientos que su título profesional de veterinario recibido en La Plata se instaló en la cuadra de calle Sarmiento al 1200 y hasta el día de hoy sigue ejerciendo labores en el mismo lugar.
"Fue un 27 de noviembre cuando inauguramos la veterinaria en calle Sarmiento. Por entonces la ciudad se extendía una cuadra más allá, por lo que era un sitio de poco movimiento. Al principio, junto a mi esposa, que también es veterinaria, atendíamos a todo tipo de animales, pero a los dos o tres años de estar en la ciudad nos empezamos a abocar a las mascotas", recordó el veterinario Ernesto Iparraguirre.
--Bahía los cobijó para poder ejercer la profesión.
--Pudimos vivir de nuestra profesión y estamos orgullosos de haber venido a esta ciudad.
--¿Recuerda quién fue el primer cliente que pisó la veterinaria?
--Se trató de una enfermera de nombre Paulina, quien tenía una perrita viejita. Al principio atendíamos a caballos y grandes animales del sector de Aldea Romana, pero luego nos dedicamos a perros y gatos. El comienzo fue un poco duro, aunque el boca a boca y nuestra dedicación nos ayudó a crecer.
"Tuvimos la suerte de elegir una profesión donde la gran mayoría de la gente es muy especial, muy sensible. En estos 30 años he podido comprobar que el argentino, además de ser muy apegado a la familia, tiene un gran sentimiento por las mascotas. En comparación con países europeos, nosotros tenemos un gran apego para con los pequeños animales, sin importar el nivel social".
--¿Por qué la inclinación por los perros y gatos?
--Porque mi infancia transcurrió en el campo y siempre estuve en contacto con la naturaleza y los animales.
--¿Existen horarios para atender a una mascota?
--Durante 25 años mantuvimos una guardia constante para atender todas las necesidades. Ultimamente existen guardias permanentes para las atenciones nocturnas en dos clínicas que funcionan en la ciudad. Es muy difícil tener una guardia permanente los 365 días del año, pese a que a uno le cuesta mucho delegar un trabajo. Acá estamos todos los días de 9 a 21.
--¿Qué diferencias va notando con el transcurrir de los años?
--La gente, años atrás, era más paciente y disponíamos de tiempo. Hoy el ciudadano es mucho más exigente y está bien informado. Todos los días nos están tomando un examen. Durante doce años recibíamos a alumnos de la Universidad de Tandil para brindarles la primera experiencia práctica mediante una pasantía de un mes. La Facultad te brinda todas las herramientas, pero la práctica te aporta la seguridad de hacer todo como corresponde.
--¿Cómo está compuesta hoy su familia?
--Tengo dos hijas más (Camila y Lucía) y dos nietos (Julián, de 8 años, y Magdalena, de 3). Puedo decir que soy un abuelo feliz trabajando en lo que más me gusta.
--Si tuviera que hacer una recomendación sobre una determinada raza de mascotas, ¿Qué consejos le daría a quienes están en la búsqueda de un determinado perfil?
--Aconsejaría consultar a un veterinario antes de adoptar una mascota. Una charla con el profesional le puede ser muy útil, especialmente si uno vive en un lugar cerrado o con patio o si en la familia hay chicos. No existe la mascota ideal, pero a través de la experiencia uno puede ayudar a brindar un consejo.