Recuerdo del constructor olvidado
Italiano de nacimiento, su visión inmobiliaria dio impulso al desarrollo de un sector que alguna vez fue visto con menosprecio.
Mario Minervino
"La Nueva Provincia"
Mélide Cantarelli tenía un objetivo: recuperar para los bahienses la biografía de su abuelo, "el nono", según lo nombraba, a quien admiraba con devoción y sobre cuya vida realizaba una prolija tarea de investigación.
Esta nota contiene parte de ese trabajo que rescata el quehacer de un hombre que, con sus ideas y realizaciones, mejoró la estructura urbana de un sector entonces postergado de la ciudad. También es un reconocimiento a esa mujer que, plena de entusiasmo y fortaleza, abandonó inesperadamente este mundo en enero de 2011.
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En 1923, a sus 44 años, Marzio Cantarelli concretó una importante inversión inmobiliaria al adquirir una particular manzana que por entonces pocos veían como atractiva. Delimitada por las calles Belgrano y Las Heras, entre Corrientes y Dorrego, el lugar se ubicaba "detrás del Teatro Municipal", demasiado lejos para muchos, surcado por profundos zanjones y amenazado por los desbordes del arroyo Napostá, en el denominado "barrio de las ranas".
Cantarelli propuso al municipio un plan de urbanización del lugar, abriendo dos calles --de 14 y 12 metros de ancho, actuales Zeballos y Amundsen-- en esa irregular manzana y donarlas a la comuna a cambio de no pagar derechos de construcción en las obras que concretase en el lugar.
"La comuna se beneficiará al aumentar la edificación y contribuir al embellecimiento y el progreso de la ciudad", explicó el municipio a los concejales, alentando la aprobación del pedido.
Unos meses después Cantarelli obtuvo el visto bueno y comenzó la construcción del barrio que llevó su nombre.
"Me propuse transformar esa manzana y dedicarla a casas de familia, incorporándola al damero urbano", explicó en 1925.
Mediante un crédito hipotecario, Cantarelli construyó 70 viviendas con un diseño "novedoso y moderno", distinto a las tradicionales "casa chorizo" que se reproducían en todos los barrios. Las casas disponían de un jardín al frente, un vestíbulo al que daban las habitaciones, dos baños, cocina, lavadero, habitación de servicio y patio trasero.
Con la idea de destinarlas a la "gente trabajadora y de escasos recursos" también proyectó departamentos con frente a dos singulares pasajes peatonales, los cuales corren entre calles Dorrego y Zeballos, y Las Heras y Amundsen.
En 1934, este diario daba cuenta del desarrollo del barrio, al que se calificó de "modernísimo" y que "venía a embellecer uno de los sectores céntricos", con "alegres casitas" y calles con pavimento de hormigón armado, todo un adelanto para la época.
"Cantarelli ha sabido armonizar sus propios intereses con el progreso", se comentó.
No es simple, por estos días, reconocer con precisión las casonas originales del barrio Cantarelli. Sin embargo algunas de ellas aparecen en la geografía urbana del lugar, así como los dos caminos peatonales que le dan al lugar una fisonomía totalmente distintiva.
Perfil
Marzio Cantarelli nació en 1879 en Boretto, a orillas del río Po, en la región Emilia Romagna, de Italia. Tenía 9 años cuando llegó a la Argentina y luego de vivir algunos años en Cañada Rosquín (Santa Fe) se mudó a Bahía Blanca. Asociado con su hermano Décimo compró terrenos en Villa Mitre, en los cuales levantó viviendas para "la gente obrera". En 1914 adquirió tierras recostadas sobre calles Brandsen y Corrientes, construyendo cinco galpones industriales, con sus respectivos desvíos ferroviarios. Cantarelli murió el 8 de abril de 1958, a los 77 años. Fue velado en su vivienda de la avenida Alem 26, despedido por el cariño de sus hijos, nietos y bisnietos.