Comenzó la era Fernández

Análisis económico: el desafío de evitar el síndrome del “veranito eterno”

10/12/2019 | 19:23 |

Martín Guzmán y Matías Kulfas serán claves en el plan económico del nuevo gobierno.

Francisco Rinaldi / frinaldi@lanueva.com


   Era un secreto a voces, hoy una realidad. Los dos nuevos hombres fuertes de Alberto Fernández en economía se llaman Martín Guzmán y Matías Kulfas.

   El primero, platense y con un currículum académico envidiable, tiene como principal desafío evitarle a la Argentina un nuevo default, “pateando” pagos futuros de capital e intereses para adelante por más de 63.000 millones de dólares, tan sólo durante este año.

   Consciente de que ningún acreedor aceptaría renegociar sin que se le ofrezca nada a cambio, Guzmán advierte que la consolidación de los superávit gemelos (fiscal y externo) son indispensables para que acepten.

   A su lado, Kulfas, porteño y con un perfil mucho más alto, tiene que orientar su gestión hacia el crecimiento económico, de la mano de créditos blandos para pymes y economías regionales, hoy en clara emergencia financiera tras años de tasas altas, inflación por las nubes y ventas por el piso.

   Los une a ambos su escepticismo con relación a la eficacia de las políticas de austeridad, por lo que no extraña que el primer esbozo de baterías de política económica vaya en el sentido de aumentar el consumo interno (que es más del 70% del PBI) para expandir la actividad económica y, por esta vía, la recaudación fiscal. También se  incluye la revisión de algunas rebajas tributarias decididas por el macrismo, acuerdos de precios, aumentos salariales, créditos de emergencia y la ya descontada suba de retenciones al agro.  

    Pero hagamos profesión de fe. Imaginemos, por  un momento, que ambos tienen éxito en sus difíciles empresas. ¿Qué nos dice la agitada experiencia argentina? Que imaginar “veranitos” eternos puede terminar en auténticos desastres.

   Le pasó a José Ber Gelbard, con su “inflación cero” a inicios de los 70 y a Juan Vital Sourrouille en los 80, por citar apenas unos pocos ejemplos. ¿Y qué falló? Lo de siempre: los gobiernos de turno, temerosos de perder peso político, echan mano de todo cuanto tienen con tal de expandir el boom del consumo, de la mano del dólar barato, más empleos públicos y tarifas a precio de ganga, olvidando que mantener una macro sana, con inflación baja y cuentas públicas equilibradas, no es de derecha ni de izquierda. Es necesario.

    ¿Será este el fin de nuestra decadencia? Una transición política ordenada, aunque insuficiente, es un buen primer inicio -Macri es el primer presidente no peronista que termina su mandato-, toda vez que el desarrollo económico necesita, como demuestran Daron Acemoglu y James Robinson, de instituciones fuertes y estables.

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