De White a Bella Vista: “Quito” Mastrota, el campeón que dejó el fútbol a los 27 años
Nacido en White, recorrió todas las categorías de Bella Vista hasta integrar el plantel campeón de la Liga del Sur de 1957.
Subjefe de la Sección Deportes con especialización en temas deportivos. Más de 30 años comentando fútbol y otro tipo de actividades; además de haber realizado coberturas en todo el país con la incursión de los elencos bahienses en la elite del fútbol nacional. También coberturas del seleccionado Argentino en acontecimientos como Copa América y amistosos internacionales.
Antonio “Quito” Mastrota habla y, detrás de cada recuerdo, aparece una época. La de los barrios, el trabajo desde muy joven, los clubes como punto de encuentro y el fútbol como una pasión capaz de atravesar generaciones.
Su historia es una de las que rescata Raúl Papalardo en “Pinta tu aldea”, una obra audiovisual que recupera las vivencias de tres protagonistas de la historia deportiva bahiense: Héctor “Pato” Persevalli, Jorge Seitz y el propio Mastrota.
“Nací en Ingeniero White, en el bulevard. Mi padre había llegado desde Potenza, Italia, junto a un hermano y un primo. Al desembarcar en estas tierras empezó a trabajar cargando bolsas en el puerto y luego se dedicó a la albañilería. Mi madre, en tanto, era oriunda de Algarrobo”, afirmó Mastrota.
Cuando tenía seis años, la familia se trasladó al barrio Bella Vista. Allí comenzó a construirse una relación con el club que terminaría marcando buena parte de su vida.
“A los 16 años también tuve que comenzar a trabajar en una fábrica de mosaicos ubicada sobre Parchappe y, con el paso del tiempo, llegué a convertirme en encargado, con 20 empleados a mi cargo. Estuve allí hasta después de los 60 años”, relató.
Mientras construía su vida laboral, el fútbol ocupaba un lugar central.
Mastrota hizo todo el recorrido en Bella Vista. Pasó por sexta, quinta, cuarta y reserva hasta llegar a Primera.
“Recuerdo un amistoso frente a Lanús, que tenía un equipazo, en la cancha de Olimpo, ante un estadio colmado. Nos pudimos imponer (4-2) ante un rival que llegaba como campeón. Me queda en el recuerdo que la gente nos aplaudía y que tuve un reconocimiento especial para conmigo después de varias recuperaciones de pelota, porque yo le metía con todo, me quería mostrar (risas)”, puntualizó.
Pero el momento más importante llegó en 1957, cuando el primer equipo de Bella Vista se consagró campeón de la Liga del Sur y Mastrota quedó para siempre en la fotografía de uno de los planteles más recordados de la institución.
La celebración tuvo como escenario el salón del club. Eran tiempos de entrenamientos obligatorios los martes y viernes, de grandes festejos y de una relación entre los jugadores, el club y el barrio que trascendía ampliamente lo deportivo.
“Fue una fiesta, una algría inmensa de todos los jugadores y las familias”, remarcó.
La fotografía de aquel plantel campeón permanece como uno de los grandes tesoros de esa época.
Una lesión cambió todo
La carrera de Quito, sin embargo, terminó demasiado pronto.
“Durante un torneo nocturno disputado en la cancha de Olimpo pisé un pozo y sufrí una grave lesión en la rodilla. Tenía apenas 27 años y ya no me pude recuperar”, señaló.
“En aquellos tiempos, las posibilidades de quedar bien mediante una operación no ofrecía las garantías que hay hoy en día. No pude volver a jugar y tuve que retirarme”, agregó.
La decisión no fue sencilla. Dejar el fútbol prácticamente de un día para el otro fue, según reconoce, una de las experiencias más difíciles que le tocó vivir.
“Me quedan los mejores recuerdos de haber jugado en las inferiores y de haber sido campeón en Primera con compañeros que eran muy buenos jugando. Bella Vista era una fiesta en cada partido, la gente nos acompañó y fue un año hermoso ese del ‘57”, aseguró.
Según datos de Eduardo López, Mastrota jugó al fútbol en la Primera de Bella Vista entre 1951 y 1958.
La vida de Mastrota también quedó atravesada por otro episodio de enorme intensidad, como fue su paso por el servicio militar.
Cumplió 14 meses y llegó a desempeñarse como cabo dragoniante. En 1955, durante los enfrentamientos entre sectores de la Marina y el Ejército, su regimiento fue bombardeado por la aviación.
“Una bomba cayó cerca de nuestra posición y nos afectó, hasta hubo dos muertes. Yo estaba descompensado y me internaron en la Base Naval de Punta Alta, pero pude salir adelante”, contó.
El episodio forma parte de una memoria personal que excede largamente al fútbol y que permite reconstruir, a través de su testimonio, distintos momentos de la historia argentina y bahiense.
“Es como volver a nacer. En mi vida hice de todo, trabajé en distintos rubros y tuve la suerte de jugar al fútbol, que es lo más lindo que le puede pasar a una persona cuando siente esa pasión por la pelota”, sintetizó.
En la voz de Antonio “Quito” Mastrota sobreviven los partidos jugados, los entrenamientos, las fiestas, el campeonato y también el dolor de abandonar aquello que había sido una parte fundamental de su vida.