La indecisión llama a las puertas de la política
La columna semanal del corresponsal de La Nueva. en la capital de la provincia.
La coyuntura política nacional y la división de aguas entre el kirchnerismo duro, personificado por La Cámpora, y y el kicillofismo, enrolado dentro del Movimiento Derecho al Futuro, sigue repercutiendo en todos los ámbitos institucionales: la Legislatura bonaerense no es la excepción, tras la primera semana hábil de febrero.
Así puede advertirse desde los amplios ventanales parlamentarios que dan al playón de estacionamiento por calle 8 entre 51 y 53, transformados desde hace un tiempo en refugio de las palomas que sobrevuelan y anidan en el palacio compartido por senadores y diputados bonaerenses, la habitual caja de resonancia política de leyes para la provincia.
La disputa doméstica por el sello de goma y la caja de la presidencia del PJ bonaerense de marzo próximo vuelve a demostrar el clima de tensión que atraviesa el oficialismo provincial frente a un año clave para su reconstrucción frente al avasallante modelo político, económico y social del Gobierno libertario de Javier Milei.
El peronismo necesita alcanzar cierto nivel de entendimiento porque una división partidaria terminaría siendo funcional a los intereses electorales del Jefe de Estado en su doble objetivo: lograr la reelección presidencial y arrebatarle al kirchnerismo el control del tablero gubernamental de la PBA en 2027.
Ante ese escenario cargado de suspenso e intereses futuros, la agenda legislativa se comienza a desperezar después de un tiempo de receso veraniego.
Para salir del letargo estival, las especulaciones políticas, los trascendidos y rumores se amontonan, por momentos imprudentemente, en medio de una temporada de vacaciones con bolsillos ajustados y consumo en descenso como consecuencia del ajuste económico generalizado.
En ese contexto, el proceso electoral interno del PJ bonaerense, en la búsqueda de una nueva conducción que reemplace a Máximo Kirchner, viene pasando distintas turbulencias mediáticas.
Se presume que en el amplio paquete de negociaciones en busca de alcanzar una presunta lista de unidad forzada podría abrocharse después de algún tipo de acuerdo de paz entre el cristinismo y los funcionarios, intendentes y legisladores que responden a la mesa política de la Gobernación de calle 6.
La máxima pretensión de Axel Kicillof es poder contar con una conducción partidaria renovada que respalde sin fisuras la agenda política de su gestión.
Como se sabe, el mandatario provincial tiene amplia formación universitaria en economía, pero poca cultura doctrinaria peronista, como la mayoría de su gabinete técnico de ministros.
Por eso aquel gesto informal para que el propio Kicillof sea la cabeza visible del partido a nivel distrital admite la observación sobre los costos y beneficios de aceptar una oferta que surge del núcleo duro que responde a la expresidenta Cristina Kirchner y a su hijo.
“Un acuerdo cerrado entre ambos sectores tambalea porque están negociando todo”, explican conocedores del laberinto pejotista.
La posibilidad de que se activen internas en varios municipios dependerá, en buena medida, de las negociaciones por el poder territorial de los intendentes, justo en momentos donde se multiplican las tensiones comunales con los sectores camporistas.
Además, muchos consideran que es altamente probable que la disputa que se expanda indefectiblemente al ámbito del Senado, donde todavía resta oficializar la vicepresidencia primera, un lugar clave en la línea sucesoria, y definir quién quedará a cargo de la jefatura del bloque de Fuerza Patria. Nada menos.
En líneas generales, la política contemporánea -aferrada desde hace algunos años a la lógica del marketing y las redes sociales- fue perdiendo conexión con la realidad social. En medio del vértigo de posteos, tuits y likes, el mensaje discursivo ya ni siquiera busca seducir electoralmente al militante propio, lo que termina dejando como resultado muchas cuestiones esenciales sin profundizar.
“La población bonaerense necesita más gestión y menos especulación electoral”, cuestionan en tanto desde el arco político opositor, y agregan que algunas reformas en debate deben ser parte de una discusión de fondo y no meramente una cuestión coyuntural con vistas al efectismo a corto plazo.
No quedan dudas de que, en los próximos meses, la dinámica legislativa tendrá que enfrentar -entre otras cuestiones internas- tanto la presión de sectores que piden flexibilizar los límites por la reelección de intendentes como el abierto rechazo de otros espacios que sostienen que estos cambios deben discutirse en profundidad y como parte de un debate constitucional más amplio sobre calidad institucional para fomentar la alternancia en cargos públicos.
Inclusive, con mayor sensatez, plantean que la discusión debe darse en el marco de una reforma constitucional bonaerense, con eje en la autonomía municipal.
En rigor, y no es la primera vez que ocurre, algunos debates parlamentarios parecen cortinas de humo que sólo buscan distraer la agenda social de verdaderos problemas estructurales, como la crisis de inseguridad en el AMBA o el preocupante estado de las rutas nacionales que atraviesan trayectos bonaerenses con una evidente falta de obras e inversión por parte del Gobierno nacional.