Bahía Blanca | Viernes, 19 de abril

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Cae el consumo de medicamentos: ¿la otra epidemia que se viene?

Los costos (que viajan por encima de la inflación) repercuten en el cumplimiento de los tratamientos en tiempo y forma. El fenómeno no es novedoso, pero se acentúa en forma dramática.

Los medicamentos, en el debate actual. / Fotos: Samanta Marco, Rodrigo García y Pablo Presti-La Nueva.

“No es una cuestión política ni económica, sino sanitaria. Y se está llevando puesto al sistema construido en estos últimos años”.

Tal es la descripción de Juan Eduardo Perlotti, presidente del Colegio de Farmacéuticos de Bahía Blanca, acerca de la apreciable caída en la venta de medicamentos, una situación que, más allá de las estadísticas, preocupa por la repercusión que conlleva respecto de la salud pública.

“La problemática tiene varios factores. Uno de los principales es la desregulación de precios que, a nuestro entender, es el primer error”, dijo.

“Cuando uno desregula algo y lo toma como un bien de mercado más, cuando no lo es, no lo manejarán la oferta y la demanda como sucede con otros rubros”, señaló.

“A partir de noviembre del último año no hay ningún tipo de regulación sobre el precio. En este trimestre aumentaron más del 100 %, muy por encima de la inflación”, sostuvo Perlotti, para luego citar como ejemplo a los servicios públicos, que poseen entes que los regulan.

“El medicamento es un bien social y si aumenta (de precio) por encima de la inflación, como sucede ahora con la caída de las ventas, es natural que se abandonen los tratamientos”, añadió.

“Hoy vemos que un paciente consulta cuál es indispensable de los tres, cuatro o cinco medicamentos que le recetan y él mismo determina cuáles son los dos que va a dejar de consumir, porque decidió no comprarlos si no tiene una cobertura del 100 %”, aseguró.

Juan Eduardo Perlotti, presidente del Colegio de Farmacéuticos de Bahía Blanca.

“Cuando uno deja a la gente sin techo, no se puede acceder. Y si no accede no tiene salud”, sostuvo.

“También pasa con las obras sociales que tienen una cobertura del 100 %, como es el caso del PAMI. Si a una persona le indican algo que sale de ese porcentaje, va a esperar a cobrar su sueldo para comprarlo. Y ahí queda una ventana de desprotección del tratamiento de días o semanas”, comentó.

Perlotti también se refirió a otro aspecto de la desregulación del DNU N° 70/2023 del Gobierno que, aclaró, aún no se aprecia en Bahía Blanca, pero sí en otras provincias y en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, que pone al medicamento como una mercancía para la venta libre en cualquier comercio.

“También genera que se abran más bocas de expendio con el error de pensar de que si hay más competencia el precio se regula, pero no es así porque el valor no lo fija el minorista o quien dispensa el medicamento, sino el laboratorio que lo produce. Y al productor no le interesa si tenés 14.000 bocas, que son las farmacias de todo el país, o si las cuadruplicás. Ellos van de vender lo mismo; o más”, explicó.

Perlotti recordó la aplicación de una desregulación semejante, también por decreto, impuesta por Domingo Felipe Cavallo en la década del noventa, que colocó al medicamento de venta libre en diferentes comercios.

“Las ventas aumentaron, pero hubo mayor incidencia de intoxicaciones por el mal uso y consumo. La medida fomenta la automedicación y el uso en situaciones donde no es necesaria su administración”, comentó.

“Hoy, en las farmacias se asesora y, además, muchas veces alguien viene a buscar algo que no es lo que necesita y se lo hace saber. Uno puede controlar esto y evitar contraindicaciones; es decir, todo lo contrario al aumento de las bocas de expendio”, expresó.

“Otro de los temas es que, por múltiples razones, muchas veces se retiran medicamentos del mercado y, como las farmacias están comunicadas con un mecanismo de red de vigilancia, en caso de ser necesario inmediatamente se informa el número de lote y el producto se retira del mercado. Todo tiene, y exige, una trazabilidad, que se perdería si se suman bocas que no están registradas como hoy sí lo estamos nosotros”, describió.

“Ya no tiene sentido ir en contra del mundo, donde se pondera el rol de la farmacia y del farmacéutico”, aseveró el directivo.

También citó el caso de Chile.

“Mucha gente cruza a la Argentina a comprar medicamentos porque allá las pocas cadenas de farmacias manejan el mercado, tienen pocas marcas y sólo las que ellas quieren. No son las más baratas, sino las que dejan mayor rentabilidad que, para el paciente, no es lo más conveniente desde el punto de vista económico. Allá destrozaron su producción nacional, algo que nosotros aún tenemos porque una gran composición de los medicamentos se elaboran en el país”, comentó.

Respecto de otra derivación del tema, Perlotti recordó que la Confederación Farmacéutica Argentina (COFA) hizo una presentación ante la Justicia, a fin de lograr amparos a nivel nacional por el DNU.

“También estamos pidiendo, desde diciembre, una audiencia con el ministro de Salud de la Nación (NdR: Mario Antonio Russo, cardiólogo) para asesorarlo respecto de este conflicto pero, hasta el momento, no tuvimos éxito. Dicen que hay que esperar por cuestiones de agenda”, afirmó.

“¿Por dónde se sale? Sentando a la mesa a las personas que saben; esto es, a los dirigentes farmacéuticos de todos los sectores del país con los representantes de las instituciones que deberían tener un control o regulación sobre los medicamentos”, respondió.

“No se puede hacer algo sin saber del tema; eso es lo que ha pasado acá. Los puntos están y se sabe por dónde no hay que ir. Es decir, escuchar al sector, que ya pasó crisis semejantes y es quien está detrás del mostrador”, concluyó el titular del Colegio de Farmacéuticos bahiense.

Privado a público

“En neurología vemos que hay cada vez menos personas que acceden a una cobertura social y, por lo tanto, muchas comienzan a hacerse cargo del tratamiento en forma particular”.

Lo dijo el Dr. Juan José Rayer (MP 2452), especialista jerarquizado en neurología.

También señaló que la diferencia del costo de los medicamentos cuando se hace de forma particular respecto de una cobertura de obra social es marcadamente diferente.

“Por ejemplo, PAMI cubre al 70 % y otras prestaciones lo hacen al 40 %. Pero, en el caso de neurología, algunos de los medicamentos son de muy alto costo”, aseguró.

“Para la epilepsia algunos tienen un valor de 130.000 pesos al mes y, en el supuesto de que el paciente cuente con obra social, pagaría $ 20.000 o $ 30.000, que es carísimo igual, pero si no es inabordable”, detalló.

“¿Qué hacemos? Cuando nos encontramos con un paciente que no tiene cobertura lo primero es ver si realmente hay que realizar estudios complementarios, y si son estrictamente necesarios o podemos iniciar un tratamiento de todas maneras”, sostuvo el Dr. Rayer.

Dr. Juan José Rayer, especialista jerarquizado en neurología.

“En el caso de que haya más de un tratamiento disponible para una misma patología, elegimos el que representa el menor costo”, añadió.

“Cuando, a pesar de todo esto, se requieren estudios complementarios, ya sean análisis, tomografías o resonancias, y/o medicamentos que son de alto costo, sí o sí debemos derivarlos al sistema público que, a veces, puede costear esos estudios y medicamentos, y a veces no”, explicó.

“Por ejemplo, hacer hoy una resonancia en el sistema público roza la imposible. Y ciertos medicamentos tampoco aparecen, con lo cual se complica el tratamiento adecuado para, ya que no está la droga de primera elección ni los estudios en tiempo y forma”, indicó.

También dijo el profesional que un tumor detectado en tiempo tardío dará menos chances de sobrevida al paciente.

“Por una cuestión generacional, ya que tengo 46 años, no he vivido grandes crisis y no me he tenido que enfrentar a resolver estas cuestiones. Generalmente hacíamos medicina sin pensar en la economía, por decirlo a grandes rasgos, pero hoy es una prioridad”.

“¿Si se veía antes? Sí en los últimos tiempos, pero nunca una situación tan compleja como la actual desde lo económico”, sostuvo.

“Hay que tener en cuenta que en estos meses de enero y febrero las prepagas aumentaron el 60 %. Uno tenía una obra social que venía aguantando como podía en diciembre, pero ahora todo se precipitó”, amplió.

El Dr. Rayer también se refirió a las consecuencias a futuro.

“Tengo pacientes, de una patología neurológica por ejemplo, que dejaron el tratamiento de la diabetes y de la hipertensión. Y acá no se trata de elegir entre A o B, sino que se debe hacer A, B y C en caso de estar en tratamiento”, contó.

“Muchos pacientes están fijando prioridades sin saber los riesgos que se generan al abandonar los tratamientos. Esto es, si no toman la pastilla contra el colesterol pueden terminar infartándose”, relató Rayer.

“En muchos casos los derivo al sistema público, para ver si en las salitas, por ejemplo, les pueden entregar la medicación a quienes ya no tienen cobertura. Muchas veces se logra, aunque hay que tener paciencia porque los tiempos no son los mismos que antes”, admitió.

Asimismo, el neurólogo habló de prioridades cuando señaló que, a quien tiene obra social y posee una discapacidad, se le debe hacer el correspondiente certificado para acceder a una cobertura del 100 % de los medicamentos.

“¿Una solución? Se trata de políticas de gestión pública; desconozco cómo se podría resolver. Si hubiera un sistema público fuerte, no importa mucho porque el privado se va al público y así se resuelve, pero ahora el sistema público está destrozado y, hoy, en Bahía Blanca hay hospitales privados que casi no tienen capacidad de cobertura”, concluyó el Dr. Rayer.

Guimaraenz : “El impacto será importante a futuro”

“No es que se cae la venta de medicamentos; eso ya lo he advertido desde hace un tiempo”.

El Dr. Marcelo L. Guimaraenz, especialista en cardiología y en terapia intensiva y jefe de la Unidad de Emergencia Cardiovascular del Hospital Privado del Sur, pone blanco sobre negro respecto de la cuestión.

“¿Lo más grave? Las consecuencias de los tratamientos crónicos futuros”, agregó.

De acuerdo con los informes de la Confederación Farmacéutica Argentina (FOCA), desde diciembre de 2022, al mismo mes de 2023, la venta de medicamentos cayó el 4,6 %.

Dr. Marcelo L. Guimaraenz, especialista en cardiología y en terapia intensiva y jefe de la UEC del Hospital Privado del Sur.

“Si tomamos enero de este año el consumo de determinadas medicaciones ha caído alrededor del 40 %”, sostuvo.

“Los tratamientos crónicos, sobre todo en enfermedades como la hipertensión, el asma y la diabetes están a la cabeza con una disminución del 14 %. Luego aparece el sistema neurológico, con el 7 %. Y esto lo podemos traducir a casi todas las especialidades”, afirmó.

—Dr. Guimaraenz, ¿se trata de un paso hacia atrás en la medicina?

—A ver. Daré un ejemplo de mi especialidad. Tengo 58 años y cuando hacía la primera residencia de tratamiento médico para insuficiencia cardíaca contábamos con 3 drogas. Hoy tenemos 10, de las cuales si uno lo traduce al costo actual para la gente se hace imposible alcanzar un tratamiento adecuado, a pesar de que uno lo receta por la obra social y que las guías médicas indican que hay que tomar determinado medicamento.

“Pero hoy se encuentra todo en revisión. Y por eso está en la mente del médico empezar a ajustar un poco la medicación y ver qué se le da (realmente) al paciente y no todo (exactamente) lo que necesita”.

—¿El fenómeno se acentuó entonces?

—Lo más paradójico es que las medicaciones que indican las guías médicas, es decir, lo que hay que dar, cuando uno las presenta ante las auditorías de las obras sociales no son aceptadas. Y la gente va y viene en trámites; se le hace imposible”.

—¿Cuáles serán las consecuencias?

—Voy con otro ejemplo: Hay mucho mito sobre la vacunación contra el COVID-19: sirve, no sirve; te da un efecto adverso, no te da un efecto adverso.

“Recién ahora hay evidencia médica de que es mayor el beneficio que el perjuicio. Y con esto va a suceder lo mismo. La única posibilidad de saber de qué manera impactará en el futuro es, justamente, que pasen los años. Es lamentable, pero es así. Ahora, se cae de maduro que si necesitás un tratamiento crónico con 4 medicaciones y tomás 2, no te irá de la misma manera. El impacto será negativo, influirá en la movilidad y en la mortalidad. Aclaro: esta es una opinión personal”.

—¿Hay algunos tratamientos más importantes que otros?

—Los pacientes que tienen patologías crónicas, como son hipertensos severos, cardiopatía isquémica con un infarto previo o insuficiencia cardíaca crónica son de alto nivel de medicación y con una sobrevida muchísima más alta que hace 25 años. 

—¿Cuál es la salida?

—Una es a partir de la medicina: tratar de optar, desde el arsenal terapéutico, por drogas que sí o sí no pueden dejar de tomarse.

“Está claro que quien no tenga una cobertura del 100 % no tendrá un tratamiento adecuado. Incluso, hay gente que cuenta con una prepaga que está complicada porque no posee una total cobertura de medicamentos”.

—¿Cuál es el costo de un tratamiento?

—Sólo en medicamentos, estamos hablando de unos 100.000 pesos por mes.

—En este contexto, ¿cuál es la misión desde el punto de vista médico?

—Explicarle a la gente que, si no toma determinada medicación, igual la patología la puede llevar adelante.

“Diferente es en otras especialidades, como la oncología, donde la medicación se necesita sí o sí. Y aquí estamos ante un problema importante pero, como no es mi especialidad, no tengo respuesta respecto de una eventual solución”.