Bahía Blanca | Lunes, 22 de abril

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La increíble historia de la placa de mármol que une a los generales Aramburu y Valle

Un testimonio que logró sobrevivir a tiempos de violencia y desatino e involucra a dos militares de trágico final.

Mayo de 1955, el país estaba al borde del precipicio. Juan Domingo Perón había sido elegido por amplia mayoría presidente de la Nación en 1952 pero las fuerzas armadas y varios partidos políticos elaboraban una oscura conjura para terminar con su gobierno.

Prueba de esa actitud es que apenas un mes después se registró el aberrante bombardeo a la Plaza de Mayo, un ataque aéreo de la marina de guerra que dejó 308 personas fallecidas. Faltaban apenas cuatro meses para que la autodenominada Revolución Libertadora diera el golpe de estado.

Ese mayo de 1955 llegó a nuestra ciudad una nutrida comitiva del ejército con una misión muy especial: inaugurar oficialmente el Hospital Militar, construido en calle Florida al 1500.

Hospital Militar, vista actual

La obra había comenzado en 1947 y el hospital comenzó a funcionar en 1952, primero con consultorios externos y a medida que se iba equipando, el resto de las salas y prestaciones.

Sin embargo siempre quedaba pendiente la inauguración oficial, ese acto mínimo que establece una fecha de nacimiento del lugar.

Eso ocurrió aquella fecha y como parte del acto se agrega una placa de mármol conmemorativa, testimonio que al poco tiempo pasaría a la clandestinidad.

Los nombres

La delegación militar que llegó a Bahía Blanca estuvo presidida por el Ministro de Ejército de la Nación, teniente general Franklin Lucero, a quien acompañaron varios militares y los dos protagonistas de esta historia, el general de ingenieros, Juan José Valle, y el director de sanidad general de división, Pedro Eugenio Aramburu.

Valle estaba alineado con el gobierno de Juan Domingo Perón, mientras que Aramburu era parte del ala opositora. Eran las dos grandes líneas, los leales y los opositores, que comenzaban a diferenciarse dentro de la institución militar.

De acuerdo al programa oficial para la inauguración del hospital, habría tres discursos, el primero de ellos a cargo de Valle, el segundo de Aramburu.

“Se materializa en este hospital el concepto sustentado por Perón en política sanitaria, “la comunidad vela por el hombre”, ese ser que tiene un destino social y el derecho a la preservación de su salud”, dijo. Para luego agregar: “Es una obra concebida, proyectada y ejecutada en armonía total con la doctrina del presidente de la Nación”.

Al momento de tener que hablar Aramburu, se excusó de hacerlo.

En segunda fila caminan juntos Valle y Aramburu, mayo de 1955

Se procedió entonces a descubrir una atractiva placa de mármol, con la leyenda: “El ejército materializa en esta obra su inquebrantable fe en la doctrina de la Nueva Argentina” y grabados los nombres de Juan Domingo Perón, Franklin Lucero, José Molina, Oscar Uriondo, Juan José Valle y Pedro Eugenio Aramburu.

Terminado el acto, la comitiva recorrió las instalaciones, compartió un vino de honor, luego hubo un almuerzo en el casino de oficiales y, a media tarde, todos abordaron un vuelo en el aeropuerto de Villa Harding Green, de regreso a Buenos Aires.

La comitiva recorre las instalaciones, 1955

Entrega fatal

Un mes después de esta visita, Valle estaba al frente de la represión contra el alzamiento de junio de 1955, con el cruento bombardeo. En septiembre de 1955 se daba el golpe final al gobierno de Perón y dos meses después Aramburu asumía la presidencia. En ese marco político, los militares leales a Perón fueron encarcelados, entre ellos Valle, derivado al buque-prisión Washington. En ese lugar Valle comenzó a delinear un contragolpe de estado.

Lo llevó adelante el 9 de junio de 1956, casi un año después de haber estado junto a Aramburu en el hospital militar local. La insurrección fue rápidamente controlada y Aramburu, en una decisión inusual para el siglo XX, ordenó el fusilamiento de todos los sublevados, 27 en total. Valle no había sido detenido todavía, pero decidió entregarse. Para eso negoció con el capitán Francisco Manrique, quien le garantizó que se le respetaría la vida. Detenido, Aramburu ordenó su ejecución. El 12 de junio de 1955, a las 10 de la noche, en el patio de la penitenciaría Nacional de Buenos Aires, Juan José Valle, de 51 años, moría de cinco balazos.

La placa herida

Con la Revolución Libertadora en el gobierno el peronismo fue prohibido. En ese contexto la placa de mármol del hospital militar –con nombres de varios leales a Perón— fue retirada y enviada a un depósito. Con el tiempo sufrió roturas, golpes y fue quedando en fragmentos. Sin embargo, que en la misma figurara Aramburu quizá evitó su destrucción total.

En 1973, regreso de la democracia, retorno de Perón al país, presidente por tercera vez, con un trabajo artesanal la placa volvió a armarse, a pegarse cada parte, como un rompecabezas. Es posible todavía advertir las fisuras y el arreglo. Sin embargo, la demora en recolocarla hizo que esa acción quedara olvidada. Con el golpe militar de 1976 pasó nuevamente al ostracismo.

La placa de mármol, colocada en 1955

Pero inesperadamente tuvo un uso: alguien la colocó boca abajo sobre unos caballetes para utilizarla como mesada en una cocina, en un local del hospital. En esa posición y con esa función fue encontrada y rescatada hace un par de años para finalmente, con la voluntad de las nuevas autoridades de recuperar la historia del establecimiento, ser colocada en el hall de entrada del edificio, a la vista de todos, dando cuenta de aquella jornada inaugural de hace 69 años.

Detalle de las fisuras

Con la particular circunstancia de tener grabado los nombres de dos militares que en ese momento fueron parte de un hecho tan grato como es inaugurar un hospital y que muy lejos estarían de imaginar que un año después uno de ellos fusilaría al otro.

La suerte

Conocida su sentencia a muerte, Valle le escribió una carta a Aramburu.

”Entre mi suerte y la de ustedes me quedo con la mía. Mi esposa y mi hija, a través de sus lágrimas verán en mí un idealista sacrificado por la causa del pueblo. Las mujeres de ustedes verán asomárseles por los ojos sus almas de asesinos. Aunque vivan cien años sus víctimas les seguirán a cualquier rincón del mundo donde pretendan esconderse. Vivirán ustedes, sus mujeres y sus hijos, bajo el terror constante de ser asesinados. Porque ningún derecho, ni natural ni divino, justificará jamás tantas ejecuciones”.

Juan José Valle y Pedro Eugenio Aramburu

El 29 de mayo de 1970, un grupo de jóvenes agrupados con el nombre de Montoneros secuestró a Aramburu en su departamento de Capital Federal. Trasladado a una chacra en la localidad de Timote fue sometido a lo que sus secuestradores llamaron dos “juicios revolucionarios” por los fusilamientos de junio de 1956 y la desaparición del cadáver de Eva Perón.

La madrugada del 2 de junio, Fernando Abal Medina le comunicó que había sido “sentenciado a muerte”. Fue ejecutado de un balazo en el pecho y dos tiros de gracia. Su cadáver fue encontrado 45 días después.