Bahía Blanca | Viernes, 23 de febrero

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Opinión: No hay tiempo para aventuras de desencuentros, ni de odio

Hace cuatro décadas, Raúl Alfonsín asumía la presidencia luego de siete años de gobierno militar y de varias décadas de institucionalidad interrumpida.

Raúl Alfonsín

Por Pablo Daguerre (*)

Hace 40 años, Raúl Alfonsín en el día internacional de los Derechos Humanos, asumía la Presidencia de la democracia recuperada, tras la peor dictadura que asoló el país en su historia como nación independiente. El país no solo estaba condicionado por la necesidad de revisar y juzgar su afrentoso pasado, sino endeudado y aislado internacionalmente.

Raúl Alfonsín juró como Presidente con el objetivo de construir un país mejor, con un nuevo futuro y sin olvido. Un país con respeto irrestricto a los Derechos Humanos, sin censura de ningún tipo y con plena vida política recuperada. La ciudanía reasumió plenamente sus derechos políticos, iniciándose así un largo periodo de gobiernos democráticos, en el marco de la Constitución Nacional, las leyes, y las instituciones de la República.

A través de la ley 26.323, el Congreso de la Nación sancionó el Día de la Restauración de la Democracia en el año 2007, rememorando la asunción del presidente Raúl Alfonsín luego de la larga noche de la dictadura militar. La fecha, además, coincide con el Día Internacional de los Derechos Humanos, conmemoración que guarda en su espíritu el cuidado y velación por las garantías y derechos más elementales e inalienables de cada persona que habita este mundo.

Este año se cumplen cuatro décadas desde que los argentinos recuperamos la libertad de elegir a nuestros representantes, un hito que vale la pena celebrar, teniendo en cuenta las dificultades que superamos al dejar atrás un pasado violento e injusto. Desde ese momento dimos paso a un período de paz, democracia, derechos y respeto a los valores republicanos y a la independencia de poderes como consagra la Constitución Nacional, que se sostiene hasta hoy.

Nuestro país se convirtió en un faro para la región y para el mundo entero, pionero en la defensa de los derechos humanos y las libertades civiles. Si bien nos quedan grandes desafíos por delante y deudas por saldar, la fuerza que tenemos nos ayuda a alcanzar nuestros objetivos. La democracia es el legado más importante que debemos cuidar. Es la protección de las libertades y la certeza de que los gobernantes tienen que responder ante la gente con compromiso y responsabilidad. Es la posibilidad de construir con nuestras ideas, nuestro trabajo y nuestra esperanza, un país mejor. Jamás renunciaremos a los ideales consagrados en aquel 10 de diciembre de 1983 porque sólo cuando la libertad se conjugue con la concreción de los mismos, habremos alcanzado la democracia plena que queremos.

Hoy Argentina vive tiempos complejos. Eso sí, cualquier adjetivo que se escoja al momento de reflexionar respecto al presente de nuestro país, puede transformarse en un riesgo; y ese riesgo, en una irresponsabilidad.

Los argentinos, por estos días, hemos sido testigos de muchas contradicciones. El caso paradigmático son aquellos ensayos de abordar discursos políticos en rechazo de la violencia verbal, desde la mismísima violencia. En muchos casos, ha quedado evidenciado que no se puede salir de una grieta y de enfrentamientos sin sentido, profundizando las divisiones y los fanatismos.

Construir responsabilidad colectiva. En política, hablar de construcción colectiva implica, necesariamente, un ejercicio de horizontalidad y de escucha. Se trata de construir, deconstruir y reconstruir desde el conjunto; aceptando nuestras diferencias y entendiendo que lo que nos separa no puede ser mayor que la responsabilidad de avanzar hacia los cambios que Argentina necesita

Construir paz social. De la mano de este concepto está la prudencia, y entendiendo que hay democracia cuando hay libertad e igualdad. No podemos permitirnos, como país, continuar en la senda de los enfrentamientos verbales y hasta físicos. Argentina ya vivió tiempos de violencia institucional extrema que nos costaron demasiado sufrimiento. Sin lugar a dudas, la democracia sólo funciona si nos apegamos al estado de derecho, a las normas y entendiendo que nadie puede estar por encima de la Ley. Construir paz social tiene que ver con la tan mentada empatía; con ponernos en el lugar del otro; con decidirnos a aportar nuestro granito de arena para que el país inicie una etapa de encuentro. 

Fue la sociedad argentina quien abrió una nueva etapa. Para no fracasar en el intento se requieren políticas públicas a largo plazo llevadas adelante con mucho equilibrio, templanza y serenidad. Nuestra democracia tiene un enorme desafío por delante, y el violencia. En muchos casos, ha quedado evidenciado que no se puede salir de una grieta y de enfrentamientos sin sentido, profundizando las divisiones y los fanatismos.

Construir responsabilidad colectiva. En política, hablar de construcción colectiva implica, necesariamente, un ejercicio de horizontalidad y de escucha. Se trata de construir, deconstruir y reconstruir desde el conjunto; aceptando nuestras diferencias y entendiendo que lo que nos separa no puede ser mayor que la responsabilidad de avanzar hacia los cambios que Argentina necesita

Construir paz social. De la mano de este concepto está la prudencia, y entendiendo que hay democracia cuando hay libertad e igualdad. No podemos permitirnos, como país, continuar en la senda de los enfrentamientos verbales y hasta físicos. Argentina ya vivió tiempos de violencia institucional extrema que nos costaron demasiado sufrimiento. Sin lugar a dudas, la democracia sólo funciona si nos apegamos al estado de derecho, a las normas y entendiendo que nadie puede estar por encima de la Ley. Construir paz social tiene que ver con la tan mentada empatía; con ponernos en el lugar del otro; con decidirnos a aportar nuestro granito de arena para que el país inicie una etapa de encuentro. 

Fue la sociedad Argentina quien abrió una nueva etapa. Para no fracasar en el intento se requieren políticas públicas a largo plazo llevadas adelante con mucho equilibrio, templanza y serenidad. Nuestra democracia tiene un enorme desafío por delante, y el respeto por las instituciones deben ser los cimientos para evitar profundizar el deterioro social, político y económico que vivimos.

Las reformas y los cambios que se llevarán adelante requieren de un amplio consenso, y allí el Congreso Nacional va a cumplir un rol esencial. En ese sentido, para el radicalismo, que es un fiel defensor de las instituciones de la república a lo largo de su historia, el Parlamento Nacional tiene un rol sumamente importante. Es ahí, con la representación de la ciudadanía y de las provincias, donde la Democracia deja de ser discurso y se convierte en acción.

Un discurso de Raúl Alfonsín, el referente más importante de nuestra democracia, que planteó hace 40 años al momento de su asunción presidencial, nos indica el camino y ese entramado entre la responsabilidad, la paz social y el programa de gobierno. Decía el Presidente Alfonsín: “Nosotros vamos a trabajar para el futuro. La democracia trabaja para el futuro, pero para un futuro tangible. Si se trabaja para un futuro tangible se establece una correlación positiva entre el fin y los medios. Ni se puede gobernar sin memoria, ni se puede gobernar sin la capacidad de prever, pero prever para un tiempo comprensible y no para un futuro indeterminado”.

Para Alfonsín, la diferencia no era un defecto ni un déficit democrático, sino que constituía la naturaleza misma de la democracia. No hay nada más ajeno al espíritu democrático que la voluntad de homogeneización en el ejercicio del poder. El pluralismo como base de la cultura política de un país es lo que nos indica el grado de convencimiento democrático real de una nación y de su clase dirigente.

En el recordado discurso de la Rural en 1988, Raúl Alfonsín expresaba por aquel entonces…"Sigamos el diálogo, sigamos encontrándonos, yo los invito para seguir discutiendo. No vamos a cambiar nuestras posiciones, pero estoy seguro que pueden ser perfeccionadas, que pueden ser enriquecidas, pongámonos a discutir entre todos la manera en que podemos construir mejor la Argentina... Sumemos racionalidad a nuestra acción"

Alfonsín apostó por una forma del diálogo político que está íntimamente asociada a la comprensión y al ejercicio del juicio, al ejercicio del discernimiento. ¿Sobre qué? Sobre aquello que nos trasciende a todos: nuestra común condición de argentinos. Es por las necesidades del país, por los senderos de los problemas que tenemos como comunidad nacional que podemos lograr una posición que no implique traicionar lo que pensamos, pero que nos permita a su vez superar la inacción y el retraso.

En aquello común que nos trasciende y que nos define como argentinas y argentinos, es donde finalmente encontraremos esa suma de racionalidad que nos permitirá por fin ver la salida. La inteligencia colectiva inspirada en la solidaridad de nuestro destino común es la mejor herramienta de conocimiento social que poseen las sociedades contemporáneas: ahí está toda la extensión de la apuesta alfonsinista y de su forma de comprender la democracia como un asunto cotidiano de la vida de todos los argentinos.

En el aniversario de las cuatro décadas de democracia en Argentina, renovamos nuestro compromiso con la protección de las libertades, la defensa de los derechos humanos, la lucha en defensa de la república, del federalismo y de la Democracia.

Para la Argentina que viene, No hay tiempo para aventuras de desencuentros, ni de odio.

(*) Concejal y presidente de la UCR Bahía Blanca