¿Quién no pasó alguna vez por las manos del “Chuli”, el masajista de Villa Rosas?
Lleva 30 años masajeando a jugadores en los vestuarios liguistas. Hincha del milrayitas y muy querido en el fútbol. “Visité lugares impensados, estuve con grandes figuras y en estadios mundialistas. Soy feliz y agradecido a la vida”, afirmó.
Subjefe de la Sección Deportes con especialización en temas deportivos. Más de 30 años comentando fútbol y otro tipo de actividades; además de haber realizado coberturas en todo el país con la incursión de los elencos bahienses en la elite del fútbol nacional. También coberturas del seleccionado Argentino en acontecimientos como Copa América y amistosos internacionales.
Para todos es el Chuli de Villa Rosas. Así se simple…
El encuentro con él para la charla fue en el club Libertad, lugar donde atesora los mejores recuerdos porque se trata de su barrio, su gente.
Allí, y en tantos otros clubes de la Liga del Sur, por las prodigiosas manos de Martín Peralta pasaron miles de jugadores. Hoy tiene 74 años, dice sentirse un poco cansado, aunque la palabra renuncia todavía se resiste, porque perduran en su mente los bellos recuerdos de un oficio que le brindó la posibilidad de recorrer y conocer gran parte del país.
“Mis trabajos son a domicilio y sigo ligado a Libertad. Esto lo hice y lo hago porque tengo pasión, aunque a veces me detengo a pensar en mi familia y me pregunto: ¿cuánto más podés aguantar, Chuli?”, afirma sonriente.
--¿Cómo se te pegó esa locura por el fútbol?
--A los 6 años. Libertad gana el primer y único campeonato de Primera en 1956 y el barrio estaba convulsionado. El aprecio a esos jugadores, como Ricardo Volpi, con quien mantuve charlas memorables, Torices, Miñiú, los hermanos Bradal, Iñigo…
“En el ’68 empecé a corretear por los pasillos de la institución y mi inicio como masajista fue en 1983. Tuve un gran maestro como Angelito Rodríguez”, afirmó Peralta, quien también recordó a otros como Miguel Aparicio y Roberto Aldacour.
--Tenés el privilegio de ser parte de un vestuario. ¿Cómo se vive de adentro?
--El masajista es un gran complemento del cuerpo técnico. Uno está presente en cada detalle, en la charla con el jugador que está cargado de adrenalina, nervioso. Se produce un lindo vínculo.
--¿Tus inicios fueron en Primera?
--No. En las infantiles de Libertad, pero no soy preciso con el año jajaja. Un gran técnico como Darío Bonjour, que luego me dio la chance de trabajar con el plantel superior, me decía que soy flojo de memoria (risas). Cuando Darío llegó me aconsejó y me trató como uno más de su grupo.
“El primer técnico fue Enrique Sepúlveda, épocas donde el viejo botiquín de madera se cuidaba como oro, porque costaba llenarlo. Alcohol, gasas, curitas y un preparado especial para el masaje”, contó.
--¿Cómo era la fórmula del preparado que utilizaba?
--Se mezcalaba alcohol, alcanfor, que le da un aroma penetrante, aceite verde o de esmeralda y gotitas de fluido Espinel, aunque ahora se usa vaselina líquida. A todo eso se lo conoce como linimento, que además de relajar el músculo sirve para los días de mucho frío porque ayuda a entrar en calor.
“El aceite de esmeralda le dio sentido a la frase: ‘hay olor a vestuario’. Jamás me pasó de un jugador acalambrado en una cancha. He tenido muchas situaciones adversas, pero nunca una queja por calambre.
--¿De qué situaciones habla?
--Fracturas, huesos desacomodados. Con el “Negrito” Germán, ya fallecido, el “Pepo” Balbuena. He aprendido de los profesionales, grandes médicos, en el momento que pasan estas cosas.
--¿Tu marca registrada son los caramelos para los jugadores?
--Jajaja. Sí. Están siempre arriba de la mesa, son especiales porque contienen algún producto especial. No busco nada, sólo fue una ocurrencia porque la diabetes me los prohíbe a mí.
“Veo la sonrisa en el rostro de cada jugador, incluyendo al contrario, o los periodistas. Me gasto mi monedita, pero no la siento, lo hago con alegría”, reveló.
--¿Es una especie de cábala?
--Es así. Soy un gran cabulero, dejo 18 caramelos en la mesa y si alguno agarra más de uno le doy un sopapo. Siempre está el atrevido. Ahora pongo 22 o 23 porque se malacostumbró el cuerpo técnico (risas).
“También la ruda, para que no pase nada raro. Una vez Luis Pekel venía sin poder convertir goles, le di un consejo y cuando anotó salió disparado y me llamó: ‘Mirá lo que tengo…’. Era una hoja de ruda en la canillera".
--¿Cómo es su relación con el plantel?
--Excelente. La mesa de masaje me sirve para hacer de psicólogo, le hablo a los jugadores y me cuentan cuando tienen problemas o andan con poco trabajo; cosas que quedan en nosotros. Eso lo tengo que callar, pero si es algo futbolístico jamás traicionar al cuerpo técnico, le hago sentir al jugador la importancia que tienen para un plantel.
“He tenido jugadores como Pablo Cassola, que toda la vida fue suplente con Darío Bonjour. Jamás reclamó nada, lo que habla de su calidad humana. Y hace poquito, Mariano Orsi perdió a su papá y todavía está muy dolido. Para nosotros el padre de Mariano era una presencia importante, porque venía todos los domingos a la cancha", aseguró.
--¿Cómo se ganó el respeto?
--El respeto te lo ganás con amor y buenas palabras, la sabiduría que te dan los años. También he aprendido mucho de los silencios.
--¿Se siente integrado al cuerpo técnico?
--Sí. Soy auxiliar. Ya no se firma planilla como antes, pero estoy integrado. Hago mis rituales, creo en Dios por sobre todas las cosas y en cada palabra que le brindo a un jugador le digo que tiene esos valores porque Dios se lo concedió.
“Hoy estoy masajeando a la tercera generación de jugadores de apellidos como Luis Pekel y su nieto Cristian Daniel. Recuerdo a Carlos, quien cantaba en el vestuario como lo hago yo. Los jugadores son los verdaderos protagonistas, quienes sienten el amor por la camiseta”, subrayó.
--¿Cómo le reciben en canchas ajenas?
--Con cariño, no recibo agresión de las hinchadas rivales. Respeto mucho a los simpatizantes, los admiro. En mi casa hay bombos y banderas del club Libertad, porque mi hijo, el ‘curita’ (Ramiro, quien tiene una marca blanca en la cara), es parte de la hinchada, como todos los Peralta.
--¿Alguna vez se corrió de su lugar para dar indicaciones en una cancha?
--Jajaja. Una vez, en una final me levanté y le dije e Darío (Bonjour) que tenía que cerrar el partido. Me mandó a sentarme: ‘estoy por meter el tercero y vos querés cerrar’ . Despúes perdimos 3 a 2, pero murió con la de él; nos hemos puteado, pero siempre me dijo que me quiere como un padre. Y tiene una memoria de elfante: cuando ganamos en Tucumán (2 a 1 a San Martín) con goles de Juan Abaca, Tiro salió aplaudido.
"Darío tiene esa virtud de armar lindos grupos. Y ese mérito lo han tenido muchos técnicos con los que pude trabajar", apuntó.
--¿Alguna vez lo expulsaron?
--Una vez. En cancha de Huracán de Ingeniero White. Tenía un muñquito en la mano, regalo que le habían hecho a mi hijo en un cumpleaños, y empecé a hacer piruetas. En eso los hermanos Iglesias, entre ellos Víctor Hugo, empezaron a gritarle al árbitro: ‘El viejo es un macumbero'. Se acercó, y me sacó la roja.
"Me enfrenté cara a cara con uno de loos Iglesias, pero no pasó a mayores. Nunca me pegaron ni le pegué a nadie", contó.
--¿El jugador más fácil y más difícil de masajear?
--El más fácil y eterno en la sala de masajes era Pablo Cerra, hoy integrante del plantel senior de Libertad. El más complicado era Pablo Olivera Sánchez. El "Gancho" era tan quisquilloso que no lo podía tocar con los dedos. Le gustaba ser masajeado, pero se reía, era arisco. Lo sostenía Gerardo Boletta, único arquero que tenía resortes en los brazos; se levantaba del piso pegando un salto de medio metro. Era puro nervio.
--¿Por cuántos clubes pasó?
--Fui consejero, durante17 años, de Libertad; y también vicepresidente y masajista. Pasé por Sporting, con Bonjour; luego Tiro con Luis Díaz, Tato Zapata, Echaniz y Messina, además del Pocho Ortiz; en Olimpo con Horacio Kaddour y luego vinieron Julio Román y Comino en el club de mi vida.
“En Tiro me adoptaron. Irme de ese club fue un drama. Estaba el "Pocho" Ortiz, le pedí que me quería despedir de los chicos. Sentía el llamado de Libertad, porque lo enfrentábamos y veía a mi familia en la tribuna opuesta; a mis hijos y nietos. Hoy siento que hice lo correcto", contó.
"Con Pablo Recalde en Tiro. Luego él siguió su camino y un día me llamó para decirme que tenía un problema de salud y necesitaba un desfibrilador. La Obra Social de la UOCRA, gracias a la gestión de Carlos De Boer, secretario general, se puso a disposición y se le pudo solucionar el problema a Pablo, que fue operado y hoy trabaja con normalidad. Todos los clubes afiliados a la AFA deberían tener uno para sus respectivas categorías, porque salva vidas", subrayó.
“Volví a Libertad de la mano de Julio Román, una gran persona y amigo. Les dije a Leguizamón y a Pablo Palacios, hinchas fanáticos, que venía gratis, pero no lo aceptaron. Julio me abrió las puertas y me dijo “vos sos el masajista, te quiero porque tenés muy buenos antecedentes”.
--¿Alguna anécdota de viaje?
--En Formosa. Nos llevaron a un camping de recreo para entrenar, pero muy cerca teníamos animales: monos -aullador carayá-, vacas, caballos y toros. Estábamos cerca del río, donde había pirañas. Marcelo Katz armó un circuito cercano a los animales, aunque en un sector había un toro medio macaco que nos observaba. Los chicos corrían y el toro se perfilaba para encarar. Algunos empezaron a esquivarlo y metían un pie en el agua, a orillas del río.
"Son uno cagones, no tienen huevos...", les gritaba. Me mataba de la risa, pero ellos miraban de reojo al toro, jajaja. Y cada vez que los cruzo los vuelvo locos.
--¿Se banca las cargadas?
--Sí. Preguntale al atorrante de Rodrigo Martínez, un cabulero que le gusta leer la biblia y nos mojaba con agua bendita. Una vez el árbitro Fernando Márquez paró un partido para que yo pudiera entrar a atender a un jugador que estaba en el piso. La pelota la tenía Martínez porque era saque de arco y el cabezón me vio salir y le dio de lleno a la pelota. Fue mi primera caída en una cancha; rodé por el piso, me levanté rápido y por instinto lo primero que hice fue manotear la gorra.
"El tipo se reía, hasta que me vio enojado (risas). Seguro que cuando vea esta nota se va a reír mucho, pero sabe que me debe una, jajaja", aseguró.
--¿Una vez lo insultaste a Altuna?
--Ufff... Y ahora lo masajeo al hijo, Facundo. En la final ante Tiro Federal, los 100 años del club. No robó un partido porque no cobró un penal en una jugada donde Fernando Cafasso le pega con las dos manos a la pelota. Lo empecé a putear, me levanté del banco. Me miraba y los jugadores me sujetaban.
"Después perdimos feo, pero esa jugada pudo haber camibado todo. Hasta los jugadores de Tiro venían al banco a pedirme perdón. 'Viejo, disculpá por esa jugada..', me decían. Igual a Gustavo lo aprecio porque fue un buen árbitro", reveló.
La familia
"En primer lugar quiero agradecer a mi familia, mi señora es Alicia Elena y mis hijos Gustavo David, Mariela Elisabet, Ricardo Omar y Ramiro Martín. Mis siete nietos y una nita, además de mi bisnieto Blas. Llevo 43 años de casado y mi esposa me acompañó siempre, porque tuve que viajar y gracias al fútbol conocí muchos lugares y gente destacada en el deporte, como Carlos Salvador Bilardo (foto). Hoy siento que estoy cerca del retiro, me pongo un poco nostálgico", se emocionó Peralta.
"Agradecer a la UOCRA, donde pasé lindos momentos en la época en la que fui candidato a secretario general y también nacional", agregó.
El fútbol femenino
"Soy el masajista del plantel femenino, con la aprobación de todo el grupo y de los padres de las chicas. Hay que tener cuidados, no se puede masajear igual a un hombre que a una mujer. Soy muy respetuoso en mi trabajo, tengo una trayectoria y lo hago con respeto y cariño", dijo
"El Chuli es un referente del club, soy amiga de la familia los quiero un montón. Tenemos un cuerpo técnico conformado por Máximo, el DT; Federico, ayudante, y Javier, el profe. Peralta nos brinda protección, es como un padre para todas las chicas", señaló Antonella, coordinadora y subdelegada de Libertad en la Liga del Sur.
Bonjour, el mentor
"Cuando en 1988 fui a Libertad, el club en ese momento era varias familias dentro de una familia grande. Y los Peralta, con todos sus chicos eran colaboradores. En la primera reunión con los dirigentes les pedí 25 pelotas y todos se miraban, no lo podían entender. A los dos o tres días llegaron las pelotas y también aparece Peralta ofreciéndose para hacer algo, quería colaborar. Le dije que teníamos utilero, pero no masajista. Entonces me dice: 'Pero de eso no se nada...'. Y le contesté: 'Pero Chuli, esto es fácil, vas a la farmacia de la avenida y le decís al faramacéutico que te prepare una mezcla para hacer masajes y luego venís y lo aplicás'. Me miraba sorprendido", contó Bonjour.
"Ahí le expliqué la forma de masajear el gemelo, el posterior del muslo, el cuadricpes y el resto. Al jugador le gusta salir a la cancha con las piernas brillosas, usted lo puede hacer. Empezó a trabajar, se fue perfeccionando, porque era un viejito curioso, y terminó siendo un profesional. Además se formó una gran amistad y compañerismo porque es un buen consejero, algo que al técnico le sirve mucho. El Chuli le da estímulo al jugador, le habla. Por eso lo llevamos a tantos clubes y se hizo conocido", remarcó Bonjour.
"Y tenía su parte de cómico, el grupo lo quería y le daba cabida. El Chuli siempre tiene buena cara, es una persona que se hace querer. El absorbía todos los probelmas de los jugadores, era el padre de ellos; y a hasta el padre de nosotros mismos. Un tipo con calle, sencillo y derecho. Lástima que no lo pude traer para Cipolletti, aunque siempre me agradece que lo haya llevado a conocer el país", puntualizó