Bahía Blanca | Martes, 06 de diciembre

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Julián Mansilla, un músico tan bahiense como el arroyo Napostá

Estudió saxo y se recibió, pero hoy toca bandoneón y piano. Da clases en el Conservatorio y este jueves festeja los diez años de su cuarteto, una banda de lujo.

Julián Mansilla.

Por Franco Pignol

   La pared pintada con sintético brillante nos sostenía a la mañana durante el recreo del ex Colegio Nacional. Teníamos alrededor de 16 años e íbamos a distintos cursos.

  “¿Cómo anda usted?”, abría la conversación Julián Mansilla. En aquella época me contaba que estaba estudiando saxo y entre una cosa y la otra siempre me quedaba la sensación de estar hablando con una persona comprensiva, sabia y con un sentido del humor exquisito.

   Es el día de hoy, más de 23 temporadas después, que sigue sin tutearme. Ni a mi ni a nadie. Y sigue haciendo sonreír con sus ocurrencias igual que en la adolescencia (si es que él adolecía de algo).

   El pibe que estudiaba saxo se recibió en el Conservatorio de Música y ahora es profesor. Pero, en público siempre lo veo tocar otros instrumentos: bandoneón y piano. Entre otros proyectos tiene a Napostá, donde además de homenajear a grandes como Saluzzi, Fattoruso, Pascoal y Piazzolla descarga todas sus composiciones de identidad bien bahiense.

   No está sólo, lo acompañan Eva Baronio (bajo y guitarra), Guillermo García (saxos y flauta) y Gustavo Fernández (batería y percusión). Este jueves festejarán los 10 años en el Teatro Municipal, desde las 20.30, a puro jazz, folklore, tango, candombe y ritmos del Brasil. Habrá un invitado especial: Pedro Giorlandini.

   “En este grupo puedo plasmar composiciones, proponerlas y tener compañeros que hacen magia para convertir esas ideas en algo especial”, adelanta Mansilla.

   —Coincido con muchos de tus colegas en que tenés un humor especial.

   —Trato de tomarme la vida con sentido del humor, aún las cosas que son serias. Me ha ayudado como la antigua olla a presión en donde el vapor salía por la válvula de escape y hacía que no explote todo. Estamos en una situación social en la que generalmente está todo al borde de explotar. En mi caso trato de tomarme las cosas de otra manera. Tengo una predisposición a tomar las cosas con humor.

Una de las necesidades más importantes que hoy tienen las escuelas de arte es la infraestructura edilicia, necesitamos tener algo acorde al potencial"

   —En los shows somos muchos los que esperamos tus palabras entre un tema y otro.

   —En un tiempo me dejaban hablar en la Orquesta Típica en Conserva, pero ya me han ido acotando, a veces con justa razón. Me ha pasado que tuve que entretener a la gente cuando a alguien se le cortaba alguna cuerda o tenía algún inconveniente con su instrumento.

Diez años del debut en el Comedor de la UNS

   Hace una década el cuarteto Napostá debutaba en el marco del ciclo “Por una vez que nos juntamos”, en el comedor de la Universidad Nacional del Sur. En aquella época el bajista era Lucas Sellan y el percusionista Rodrigo Bernier.

   “Me siento un privilegiado por los músicos que me acompañaron y los que hoy siguen adelante”, cuenta.

   —¿Qué podés decir de las composiciones propias que desarrollás en Napostá?

   —Me pasa que en general las composiciones que me salen no están asociadas a tango, más allá de tocar el bandoneón. Por supuesto que habrá algo de tango, en homenaje a Piazzolla, pero en realidad la mayoría de las composiciones no lo son. Me pasa que le tengo mucho respeto al tango y no me sale. Quizás a las otras músicas no les tengo tanto respeto y el bandoneón aparece ahí con un sonido que se fusiona con el saxo. Por otro lado el bandoneón tiene la virtud de hacer armonías como un piano, así que un poco están esos dos mundos de lo melódico y lo armónico”.

Redescubrió el bandoneón para Bahía Blanca

   Junto con los 10 años de Napostá se cumplen 10 años de que comenzó a dictarse la cátedra de bandoneón en el Conservatorio de Música, cuando parecía que ya no quedaban bandoneonistas activos.

   “Existe ese espacio para que muchos estudien. Tengo la alegría de tener alumnos que ya están avanzados que están haciendo proyectos musicales en la ciudad y la zona con el bandoneón. Es una alegría que alguna vez tan sólo fue un sueño. Se me dio la oportunidad de enseñar casi antes de terminar de aprender este instrumento que creo que lleva toda la vida”, cuenta Mansilla.

   —Entiendo que entre distintos profesores y directivos del Conser y escuelas de arte hay un proyecto para conseguir habitar un nuevo edificio en conjunto.

   —Hay desafíos. El Conservatorio es una escuela pública muy importante para la ciudad como las demás escuelas de arte. Una de las necesidades más importantes que hoy tenemos es la infraestructura edilicia, necesitamos tener algo acorde al potencial que tienen nuestras escuelas sabiendo que ya tienen casi 70 años de historia en la ciudad y que han brindado el acceso a la música y a la enseñanza a un montón de generaciones, no sólo a la ciudad, si no también a la región. Gran parte de la producción musical de la ciudad es gracias a la fuente del Conservatorio de Música.

   "Por eso, uno de los desafíos que tratamos de lograr con las escuelas es de que haya un apoyo a nivel municipal provincial de tener un terreno y un espacio edilicio en conjunto para potenciarnos. Hoy, lamentablemente los edificios y la infraestructura en la educación en general están con grandes dificultades y en las escuelas de arte eso es más notorio todavía”.