Bahía Blanca | Domingo, 04 de diciembre

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“Bajar un cambio” de velocidad política

La columna semanal de nuestro corresponsal en la capital de la provincia.

Ya buscando dejar atrás el temblor político que conmocionó a todos en vivo y en directo, luego del atentando contra la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner, el gobernador Axel Kicillof sigue concentrado en la gestión y su plan a seis años en la provincia de Buenos Aires, en el mejor de los casos, con reelección incluida. 
Esta semana, Kicillof cortó la cinta de inauguración número 100 en concepto de infraestructura escolar durante su actual mandato. Más allá de lo estrictamente discursivo, se diferenció de la exgobernadora María Eugenia Vidal y reivindicó a los gremios docentes. 
Después, ambos intentaron protagonizar una suerte de competencia virtual, vía redes sociales, para determinar quién construyó más edificios escolares. También, legisladores bonaerenses de Juntos salieron a quejarse por un supuesto adoctrinamiento escolar y un uso “partidario” del atentado contra la vice. 
En rigor, si todos los gobernadores (más allá de su extracción partidaria) hacen lo que les corresponde y ponen su granito de arena es posible transformar la realidad educativa bonaerense. Es lo que corresponde a una gestión de gobierno, ni más ni menos. 

Difícil borrar de la agenda los coletazos de la inflación, inseguridad ciudadana y obra pública para reactivar el empleo en medio de la crisis económica y la frágil situación social. 
Justamente, a partir de la aceleración imprevista de la inflación y su impacto en el poder adquisitivo, el gobernador anunció una suba salarial en septiembre para alcanzar, en promedio, 25 puntos porcentuales de aumento para todos los empleados de la administración pública, a la vez que reabrirá la paritaria en octubre, según se comprometió ante sindicalistas docentes y del ámbito estatal, junto al ministro de Hacienda y Finanzas, Pablo López y su par de Trabajo, Walter Correa. 
“Es un botón de muestra más del compromiso del oficialismo con la recomposición salarial, traducida en decisiones políticas concretas. Tenemos la vocación, la voluntad y el objetivo de recomponer el poder adquisitivo de los trabajadores de la provincia”, señalan en calle 6. 
Días atrás, durante las sesiones especiales introducidas en la vida parlamentaria para repudiar el atentado a Cristina, legisladores del FdT formularon el planteo de “restituir la Ley de Medios” o avanzar en algún tipo de “legislación que limite los discursos de odio” que circulan mediáticamente, como mensaje directo al presidente Alberto Fernández. 
Claramente hay sectores del arco opositor donde prevalece un marcado anti peronismo como lenguaje básico. También es real que dentro del universo K creen que hay que borrar de la faz de la tierra al macrismo.  
El atentado contra CFK también marcó una diferente toma de posición dentro de la alianza opositora, donde el radicalismo volvió a tomar distancia de sus socios amarillos del PRO, y donde incluso desde la Coalición Cívica se despegaron de las posiciones más extremas enarboladas por Patricia Bullrich. 
Presionado quizás por una doble llave de fuerza, por un lado interna –Bullrich-, y otra externa –Javier Milei-, el jefe de gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta comenzó a correrse de su histórico discurso moderado y dialoguista, para endurecer sus declaraciones públicas. Por ahora es una novedad y no parece quedarle naturalmente cómodo ese saco. 
Y lo más importante aún, por ahora algunos socios de la UCR y la CC que lo vienen acompañando, y que conforman el grupo de las llamadas ‘palomas’, no parecen estar dispuestos a seguirlo en esa mutación. No están dispuestos a cambiar sus plumas de palomas por las de halcones. 
Facundo Manes aprovechó la coyuntura, y en una charla abierta con vecinos platenses y militantes radicales, declaró directamente que Juntos por el Cambio “no puede ofrecer como única propuesta para 2023 el antikirchnerismo”. Un claro mensaje hacia adentro de la coalición. 
A propósito, quedan flotando las diferentes declaraciones de la dirigencia política en general tras el ataque armado a CFK, desde expresiones de apoyo, de indignación, perplejidad, desconfianza, de todo un poco. 

En rigor, cuando todo se empezó a calmar y aclarar, terminaron de decantar los odios de un lado y del otro cayendo, otra vez, por el precipicio de la grieta. Una grieta feroz que ya se parece a un abismo, y que como un agujero negro se traga todo lo que aparece en su horizonte. 
Según algunos especialistas del campo de la psicología en las diagonales, odiar al otro por pensar distinto, es en realidad no aceptar las diferencias con uno mismo. Es como mirarse al espejo y no querer aceptar eso que vemos. Y esa diferencia, en este caso una concepción ideológica, puede ser de cualquier tipo. Pero, agregan y esto es interesante, odiar al otro también significa reconocerlo, darle una entidad social. 
La gravedad, indican, es cuando ese odio se transforma en acto, y se pasa a la violencia física o simbólica, porque eso supone la anulación, cancelación, o directamente la aniquilación del otro. Allí no hay reconocimiento posible. En el primer caso estamos en condiciones de entablar un diálogo, en este último eso ya no es posible. 
Quizás no esté aún todo perdido, y estemos en un momento bisagra, donde la dirigencia política pueda apelar a una instancia de diálogo que pueda bajar la tensión que escaló en los días previos al atentado, y “bajar un cambio” antes de mantener apretando el acelerador.