Bahía Blanca | Jueves, 18 de agosto

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Está gestando mellizos pero va a ser papá: “Estar embarazado no va en contra de mi masculinidad”

Ian Alejandro Rubey es licenciado en Ciencias Biológicas y vive en Puerto Madryn. Se encuentra en la semana 33 de gestación y como no se extirpó las mamas su deseo es amamantar a sus hijos.

Ian Alejandri Rubey tiene 31 años y es docente de secundario (Foto: Infobae)

   Ian Alejandro Rubey tiene 31 años y está embarazado de mellizos hace 33 semanas. Es un varón trans, licenciado en Ciencias Biológicas y docente de escuela secundaria.

   Su deseo no es solamente gestar a sus hijos, que nacerán a comienzos de agosto, sino tenerlos por parto vaginal y amamantarlos. En diálogo con el portal Infobae, contó como llegó a comprender que nada de eso atentaba contra su masculinidad.

Hizo la transición hace cuatro años.

   “Cuando vuelvo a las fotos de mi infancia me doy cuenta de que tuve la posibilidad de conectarme mucho con quien yo quería ser. Veo las fotos y digo ‘mirá, ahí estaba ese niño más allá de que lo llamaran con nombre de mujer”, dijo.

   Ian creció en los 90 como una chica. Como siempre había tenido una expresión más bien masculina y le gustaban las mujeres, asumió que no podía ser otra cosa que lesbiana, y así se lo contó a su mamá, en plena adolescencia.

En la infancia.

   “Fue todo un drama”, recordó. Tenía 15 años, era hija única, “y sentí que estaba lastimando a alguien muy importante para mí. Así que a partir de ese momento dejé de lado todo lo que me pasaba e intenté feminizarme lo más que pude”.

   En ese contexto, se suponía que ser una chica implicaba que te gustaran los chicos. “Así que pasé por varias relaciones con varones súper frustradas. Evidentemente no me fue muy bien, fue una época muy fea de mi vida, muy angustiante”, remarcó.

   Cuando comenzó a estudiar su carrera universitaria todavía tenía muchas dudas. Comenzó a participar de agrupaciones feministas, por lo que los cuestionamientos resurgieron. 

Cuando todavía se consideraba lesbiana.

   “Empecé a preguntarme ‘¿y yo qué quiero hacer de mi vida?’” Y explicó que la respuesta se fue develando en etapas. “Primero volví a conectarme con esa expresión de género masculina que había tenido en la infancia. Me gustaban las chicas, siempre me habían gustado, y ahora sí volví a contárselo a mi madre pero ya desde otro lugar. Ya no era una adolescente sino una persona con autonomía que no estaba dependiendo de su madre para sobrevivir”.

   Cuando tenía 25 años inició una relación con una joven, abiertamente lesbiana. “Sin embargo, muchas personas que no me conocían me veían como un varón. Lo loco era que a mí no me molestaba, lo mismo que me había pasado en la infancia”, remarcó.

   En ese momento, una amiga de su círculo de confianza le hizo, amorosamente, las preguntas que necesitaba escuchar: “¿Seguro que te sentís mujer? ¿de verdad estás conforme con este género?”

   En 2016, empezó a plantearse las respuestas a esos interrogantes. El contexto social, además, era favorable. Ya hacía 5 años que un joven llamado Alejandro Iglesias había contado en Gran Hermano que era un varón trans y su deseo era ganar el reality para pagarse la mastectomía (la extirpación de las mamas) y la faloplastia (la creación quirúrgica de un pene). Había, además, activistas, youtubers e influencers trans que habían empezado a hacer visibles sus historias por todo el mundo.

   Ian tenía 27 años cuando entendió que el tema no era su orientación sexual (si le gustaban las mujeres o los hombres) sino su identidad de género (si se percibía mujer o se percibía hombre). Es decir, cuando entendió que no era una chica lesbiana sino una masculinidad trans.

Tiene fecha de parto para los primeros días de agosto.

   La respuesta a todo aquello, sin embargo, llegó muy cerca de la edad que suele aparecer como un tope para la fertilidad. “¿Podía ser varón y gestar un bebé? ¿Cómo, si se supone que el tándem vagina - útero - tetas es lo más maternal y femenino del mundo?", se preguntó.

   “Quería formar mi familia pero no se me ocurría pensar en gestar, precisamente porque lo asociaba con la idea de ser mujer”, desandó. Y contó: “Yo estaba intentando apropiarme de mi identidad masculina y hacerla parte total y absoluta de mi vida, me estaba inyectando testosterona. No me cuadraba ni por casualidad que se podía ser hombre y estar embarazado, al contrario, sentía que iba a ir en desmedro de mi masculinidad”.

   Que otros varones contaran y mostraran sus historias como padres gestantes fue, para él, la puerta de entrada a lo que es: un papá que gesta, un papá que va a dar la teta.

Para buscar el embarazo dejó de inyectarse testosterona.

   Ian, entonces, empezó a seguir en las redes sociales a dos hombres trans españoles que estaban embarazados “y vi que por más que tuvieran una panza de 8 meses su identidad no cambiaba. Eran ellos, seguían siendo ellos”, resaltó.

   Ya hacía tiempo que Ian había iniciado su transición y que se inyectaba testosterona cada tres meses. Así había logrado, entre otras cosas, engrosar su tono de voz, que le creciera la barba y poner en pausa la menstruación. Sabía sin embargo, que para buscar un embarazo a través de un método de reproducción asistida iba a tener que dejar la testosterona para recuperar el ciclo menstrual.

   “No fue un problema porque mi identidad de género masculina ya estaba muy arraigada”, explicó, y se refirió a que, a esa altura, su identidad no dependía de una barba, del timbre de voz o del impacto emocional que pudiera provocarle tener que volver a usar “toallitas femeninas”.

   Pero había más: no tenía pareja y no sabía si podría ser padre solo. “Yo no tenía pareja cuando empecé a pensar en ser padre, tampoco quería vincularme con alguien así, o sea, buscar a alguien solo para poder tener un hijo”, contó.

   Tener un título universitario y dos trabajos (porque además de ser docente de Biología y Matemáticas, trabaja en la Secretaría de Educación, Cultura y Deportes de la municipalidad de Puerto Madryn) le aportaron la idea de autosuficiencia que necesitaba.

   Para eso, y no únicamente para llegar a fin de mes, se habla de la importancia de que las personas trans tengan acceso a trabajos registrados. “En mi caso, el trabajo me permitió proyectar qué quería para mi vida”.

"Varón trans gestante" dice el cartel.

   En 2021, Ian decidió suspender las inyecciones de testosterona. Cuatro meses después recuperó su ciclo menstrual. En ese momento, su médica la recomendó intentar con un tratamiento de baja complejidad con esperma donado.

   A partir de esto, surgieron nuevos problemas. En primer lugar, el clásico “pero” de su obra social. "Me pidieron un estudio psicológico completo. No sé bien por qué fue, si porque era un varón el que estaba buscando embarazarse o porque yo era una persona sola. Hasta ese momento mi obra social no admitía que personas que no estuvieran en pareja y que no tuvieran un problema de fertilidad accedieran a los tratamientos", contó.

   Ian sabía que eso iba en contra de la Ley de fertilidad y de la Ley de Identidad de Género así que contó en la Defensoría Pública local lo que le estaba pasando. “Siempre jugando con esto de que vos no sepas y dejes tu deseo de lado”, opinó. Intervinieron las abogadas y al mes lo llamaron para decirle que estaba todo aprobado.

   Le hicieron la estimulación ovárica “que es todo al revés de lo que venía haciendo, porque me inyectaron hormonas femeninas”, dijo, y en la fecha indicada, le hicieron la inseminación. “Es raro pero unas horas más tarde yo sentí que ya estaba sucediendo”.

   Pocos días después su doctora le confirmó su embarazado: “Con estos resultados quiero decirte que estás embarazado”.

La mamá de Ian viajará pronto a Puerto Madryn para acompañarlo durante el primer mes de los bebés.

   Dos semanas después fue con una amiga a hacerse la primera ecografía. "Yo veía que había como dos partes, y en mi mente dije ‘bueno, lo de abajo debe ser el diafragma’”, exclamó. Sin embargo, no era el diafragma, sino Manuel y Yanay Almendra, los mellizos que estaban a días de nacer.

   "Estar embarazado no va en contra de mi masculinidad, ni siquiera con esta panza de 8 meses", sostuvo. A diferencia de otros hombres trans, Ian no se hizo la doble mastectomía, por lo que tiene pensado amamantarlos “al menos por un tiempo, hasta que necesite volver a recuperar mi cuerpo”.

   En los dos trabajos tendrá una licencia extendida por gestación múltiple “aunque lamentablemente todavía se llama licencia por maternidad, cuando está claro que yo no voy a ser la madre sino el padre, que le estoy poniendo el cuerpo a la paternidad”, explicó.

   Ya embarazado, Ian se puso en pareja con Patricia, una joven de Buenos Aires que decidió mudarse a Puerto Madryn para acompañarlo en la crianza. “Como que nos encontramos dos personas que estábamos deseando lo mismo en el mismo momento, ¿no?”, concluyó. (Infobae)